Yo lo sé: el dueño del canto de mi sangre tiene nombre y hasta un rostro. Yo lo sé, lo sé por los árboles, esos árboles como monolitos fantásticos, como columnas que sostienen el cielo o quizá la tierra. Desde las raices hasta el follaje, hasta la última gota de savia dulzona todo dice la poesía de la certeza estridente de lo indecible. Es la única fuente que conozco del Conocimiento Absoluto, de todos los fines y de dos o tres de las causas. Allí en ese bosque (que a veces se llama silencio) yo habito; allí sueño sueños animales, allí persigo mi sombra llamada vida y allí mi juego favorito es el olvido. Jugándolo he adquirido la consistencia de lo real. Pero entonces camino y las puertas están y me llaman desde sus distintos y equívocos nombres. Veo y hablo la noche y el delirio. Hablo el delirio que me sobreviene y me envuelve en sus manos de terciopelo lila y me llama por mi verdadero nombre. Entonces cruzo y otra vez y en cada reino planto las semillas de su destrucción, cosechadas en el corazón y en los ojos del otro. Yo lo sé: he traicionado todos los códigos que existen y existirán, pues he hablado de lo que no ha de ser dicho, he traido las certezas del reino del silencio al corazón de la palabra. Por eso mi exilio. Exilio doble o doblemente exilio del que no ha de descansar jamás bajo sombra alguna, pues yo soy el caminante, y nunca estoy, y nunca soy. Yo soy el caminante, y mis bordes son por siempre difusos. Es por eso que conozco el dueño del canto de mi sangre, y es por eso que hablo de él. Por eso el rictus idiota en mi rostro al ver inscripto en su existencia el sentido último de la mía. Por eso acuno en mi delirio su nombre y su rostro y el exquisito dolor de su mirada. Pero mi consistencia es casi la de lo real -y no me atrevo ni a desearlo.
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1 interrupcion/es:
al leer ese tipo de escritos me meto en un intestino, pegajoso, bien pegado a mi cuerpo, donde lo único que me queda es seguir adelante, en algún momento voy a llegar hasta el final, pero faltan muchas vueltas, la luz es medio rosa, fea, pero calida, quizás nunca llegue al final, pero me da mucha curiosidad. ésa es la imagen, sí.
(y un aplauso, para tí)
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