¿Dónde lo verdaderamente oscuro? ¿Dónde la noche?

"Acaso el ritmo que sospechosamente permanece, o la todavía
/ cálida ausencia
de tus ojos falsamente oscuros
o la sabiduría impertinente en la mirada de un perro negro
/ sentado en la vereda
(una, dos, tres veces)
sean la prueba irrefutable de que el tiempo no existe."

.

Una llamarada irrumpe en la oscuridad; el humo acaricia
dulcemente
aquello que no ha de ser dicho.
"La muerte sabe bien" piensa mientras disfruta
la última bocanada.

Una, dos, tres veces.
Oh, muñequita de trapo.
Oh, mi dulce.
Lo real es algo que alguien alguna vez te susurró al oído entre medio de un ataque de risa.
Pero las veas o no son tus costuras las que evitan que te desangres.
Son tus costuras las que evitan que respires.
Que te desgarres,
y que dejes mancillar con luz la sagrada oscuridad de tus entrañas.
Yo lo sé: el dueño del canto de mi sangre tiene nombre y hasta un rostro. Yo lo sé, lo sé por los árboles, esos árboles como monolitos fantásticos, como columnas que sostienen el cielo o quizá la tierra. Desde las raices hasta el follaje, hasta la última gota de savia dulzona todo dice la poesía de la certeza estridente de lo indecible. Es la única fuente que conozco del Conocimiento Absoluto, de todos los fines y de dos o tres de las causas. Allí en ese bosque (que a veces se llama silencio) yo habito; allí sueño sueños animales, allí persigo mi sombra llamada vida y allí mi juego favorito es el olvido. Jugándolo he adquirido la consistencia de lo real. Pero entonces camino y las puertas están y me llaman desde sus distintos y equívocos nombres. Veo y hablo la noche y el delirio. Hablo el delirio que me sobreviene y me envuelve en sus manos de terciopelo lila y me llama por mi verdadero nombre. Entonces cruzo y otra vez y en cada reino planto las semillas de su destrucción, cosechadas en el corazón y en los ojos del otro. Yo lo sé: he traicionado todos los códigos que existen y existirán, pues he hablado de lo que no ha de ser dicho, he traido las certezas del reino del silencio al corazón de la palabra. Por eso mi exilio. Exilio doble o doblemente exilio del que no ha de descansar jamás bajo sombra alguna, pues yo soy el caminante, y nunca estoy, y nunca soy. Yo soy el caminante, y mis bordes son por siempre difusos. Es por eso que conozco el dueño del canto de mi sangre, y es por eso que hablo de él. Por eso el rictus idiota en mi rostro al ver inscripto en su existencia el sentido último de la mía. Por eso acuno en mi delirio su nombre y su rostro y el exquisito dolor de su mirada. Pero mi consistencia es casi la de lo real -y no me atrevo ni a desearlo.
La ficción como una dama opulenta, si. Quizás me abra sus piernas. Nunca lo supe del todo, pero algo en ella me abrió a la presencia ausente de lo que nunca debió haber sido dicho. Entonces suspiró y nada de lo que había en su mirada tenía sentido alguno. Una horda de pensamientos confusos me invadió como los bárbaros a Roma y entonces creí haber trascendido, pero no. No, por supuesto que no. Más bien era inevitabilidad rancia pudriéndose sobre la mesa y diciendo: vana creación en un mundo vanamente repleto de significado. Tenía sobre mi una suerte de poder casi místico y ciertamente tenebroso. Ciertamente poderoso. Ciertamente vano y goloso y tendiente al cáos y la agonía. Pude habérselo demostrado; pude haber gritado y/o callado todas las cosas que importaban. Que yo creía que importaban. Que yo decía que creía que importaban. Pero no, por supuesto que no. Nada de eso importa realmente. Ella simplemente es y con eso me basta.
resultará entonces que la prometedoramente estética diferencia de unos segundos entre sonido e imagen es nada más que eso.
azar. mundo. torniquete de piel envuelto en esperanzas vanas de sentido.
y la ya familiar brisa de algo que huele a rancio y a veces se llama sabiduría.
El mundo no es el mundo si existen otros

Nochecita de parejas o erotismo de patio de atrás bajo las estrellas
que logren escapar al fulgor urbano.
Eco de caricias (pasadas; presentes; futuras)
cobijado en la confortable soledad de los ojos del otro.
Hay allí un balance tan admirablemente improbable
que depende de la ignorancia de todo excepto de si.

Para el alien que camina otro paisaje ocurre.
Los murmullos no solo son ajenos sino que no son únicos
y se repiten a manera de una fórmula.
Él lo sabe, su presencia misma
encarna la fragilidad del equilibrio.

Un sendero de árboles mutilados; una ciudad que duerme enfundada en nieve. Invocaciones; remolinos de luz oscura y tan bella. El murmullo de la voz que quiere gritarse a si misma y devenir en la narración grave y sabia que precede a todas nuestras acciones.

Entonces la vuelta. El ánimo mortal y la sonrisa atronadora. Imágenes, imágenes más crueles que el clima o un destino de árboles sin cabellera y más reales que el real ahora mismo. Son filamentos de cristal opaco en un diseño transparente y calmo. Son bocanadas de un frío desgarrador que  solidifica al instante lo que toca. Son el deseo brevísimo-y-quizá-por-eso-tan-intenso de que el mundo se rehaga a mi voluntad. Son tan solo una despedida más.

Es así: nos encontramos por la calle (diría Fito, casualidad), intercambiamos sonrisas, saludos cordiales, una luz que se filtra por la periferia de los ojos, y entre medio de palabras vacías se me escapa un te amo, luego existo, el amor sos vos, vos también alguna vez dijiste siempre, etc. De alguna forma terminamos enredados desordenada pero deliciosamente una vez más en la estación más cercana destino Desastre. Otras veces logro mantener la sana mediocridad y presurosos, escapamos; silenciosos, y sin mirar atrás.

Por suerte le tengo miedo al infinito, y siempre me despierto antes de volver a soñarte.

Código

"El sol no sabe donde vas; el sol no dice yo te amo."
El flaco Spinetta

Y es entonces esa piña en el alma. Código de otras tierras en otras épocas que llega hasta mi como un ángel impiadoso.


Una noche como cualquier otra de mi vida. Mi vida como cualquier otra en la noche. Heridas de cuchillo o de papel que me drenan la sombra de todo lo que existe y vos ahí mirándome mirar y saber que debajo de la piel hay un vacío grande y rojo que sirve de molde para lo que quieras. Cómo decirte, entonces, cómo explicarte sin que ya lo sepas: la luz chillona y cálida que se derrite en tu boca, que te acaricia los párpados y envuelve tus mejillas hasta colapsar estrepitosamente en el centro de tus ojos abiertos no dice yo te amo.

En eso soy como Pessoa: yo veo; yo entiendo; yo muy raramente hago. Y todo lo que no hago pero entiendo se concentra en pequeños volúmenes de alta densidad de significado que durante la noche se abren como capullos fantásticos en los que me sumerjo sin pensarlo, sin quererlo, sin siquiera preguntármelo. De vez en cuando durante el día les abro un agujero y los vierto en moldes de variadas formas y brillantes colores que recolecté de la calle un domingo cualquiera o que tomé sin siquiera notarlo de otros ilusos con el alma grande y haraposa y el rostro abierto vuelto de lleno hacia el mundo.

Y entonces el gris ese que discurre, y de tanto en tanto los colores, de tanto en tanto las angustias. Monstruosidades y flores tenues conviviendo en un mismo encuadre y copulando furiosa o dulcemente en todas las camas, en todos los puertos, en todas las ventanas abiertas o semiabiertas o con ganas de abrirse. Y yo mirando, yo esperando, yo que me siento y veo clarísimo a todos los cómos, todos los porqués. ¿Qué mirás?, me dice un cómo. Ahí me doy cuenta pero entonces todo que tiembla y se cae y la putísima madre que seré pelotudo che. Comienzo a pronunciar su nombre pero tampoco es que haya videocámaras asi que no hago tiempo y se termina el mundo.
Que nada es lo que debería ya lo sabía cuando era petiso y la noche se me colaba por los ojos. Aún así prefiero el viento y sus maldades; lo mezquino que arremete y hace suyo lo ajeno, lo que tanto nos costó conseguir; y dolor y desesperación y muerte y dolor, y dolor. Porque hay algo en juntar aliento y correr hacia la Nada con el rostro liso y los ojos abiertos que no ven que me provoca la sonrisa. Que casi hace que todo valga la pena.
El alma condena. Ráfagas de roja humanidad me penetran y habrán de distraerme hasta de mi Destino. ¿Cómo sortear la manada infernal, el hambre de rabiosos perros concentrados en mil veces un único recuerdo? La noche me llama y he de responder. La noche me llama y he de pretender; he de perderme entre sus vagas formas, acunado por los oscuros brazos de negros ángeles que portan mi rostro y hablan con mi voz. Ellos me susurran al oído la belleza del mundo y jamás se detienen.

Si tan solo él entrara por la puerta ahora mismo, si tan solo tuviera un rostro para destrozar o para amar podríamos establecer un límite, podríamos separar lo negro de lo blanco y acabarlo todo. Pero aunque se esconda y cierre los ojos y patalee como un niño yo sé que puede verla, agazapada en algún lugar entre la Nada, contemplándonos. No sé si somos su padre, su hijo o su juguete preferido, pero en el fondo de su mirada he visto el reflejo de un dios vestido de hombre y solo como una flor abierta en el desierto de la noche; como el Hombre entre la Naturaleza; como todos los errores de la Creación.
Poesía de hombres, de pájaros, del viento.
Poesía de café por la mañana o por la tarde.
Poesía de tus labios y del cigarrillo entre tus labios.
Poesía de tus labios y del silencio entre tus labios.
Poesía amarga y equívoca.
Poesía.

Esta noche busqué allende el amor
y bajo la sombra de sus cadáveres
encontré poesía.


A ti, la cercenadora.
A ti, la de las profundidades
que no han de ser dichas, vistas u oidas:

gracias.
Gracias por todo.

Gracias y hasta nunca.

(Fue un bello abril este, después de todo...)
Insensato

Quizá sea insensato
pero hay algo en ojos contemplando el centro mismo
/ de la negra noche del lenguaje
y en pies danzando a su alrededor
que me recuerda mucho a la vida.
Las cosas discurren como agua sobre fría roca;
pulso el río que son y ya no se
si hube de soñar o soñar elegí.
Las cosas discurren y ya no se
si la niña densa de música fue por mi
o por mi fue.
"A minha imagem, tal qual eu a via nos espelhos, anda sempre ao colo da minha alma. Eu não podia ser
senão curvo e débil como sou, mesmo nos meus pensamentos.

Tudo em mim é de um príncipe de cromo colado no álbum velho de uma criancinha que morreu sempre
há muito tempo.

Amar-me é ter pena de mim. Um dia, lá para o fim do futuro, alguém escreverá sobre mim um poema, e
talvez só então eu comece a reinar no meu Reino.

Deus é o existirmos e isto não ser tudo."

Fernando Pessoa

A mi nuevo amigo


Allá por el medio del pasado
un hombre se sienta a divagar mientras fuma porque si.
Digamos como quien espera una visita que sabe habrá de llegar,
distrayéndose apenas,
pero con los ojos fijos en la puerta.
El problema, si se le puede llamar así
es que tanto tiempo estuvo sentado en su silla
-pensando, fumando-
que de él quedó una suerte de presencia fijada con la fuerza de la
/ inercia acumulada
y hoy su largo y tendido divagar es como un libro
abierto para todo aquel que se acerque al lugar
de su espera.

(y es bello porque es y es porque es bello,
como todo.)
De sangre
a mi abuelo

Ayer el animal que yo fui hubo de alimentarse para sobrevivir, y bebió hasta saciarse de todos aquellos que se arrodillaron a ofrecerle con ternura sus venas. Hoy el hombre que digo ser habrá de comprender que, aún olvidada, la sangre de los que me alimenté residirá por siempre en las mías.
Y ay de todo aquel que dice ser dueño absoluto de si mismo, pues tarde o temprano el silencio nacido de la ilusión de distancia se henchirá hasta estallar dolorosamente. Pues cuando sobrevenga la verdadera ausencia, la definitiva, sobrevendrá también una batalla por la sangre ardiente que le fue concedida. ¿Tendrá la fuerza de reclamar para si esa sangre, o deberá rendirla a la memoria de su antiguo dueño?
Lo humano, dirían algunos, no es más que una larga batalla contra la muerte y su hambre inacabable. Y yo no soy la excepción.
De espejos y de sombras


I

Bajo una máscara de roca gris
el de la mirada negra en mi anhela ser del color del deseo más
/ profundo
pero entonces se arma de silencios
e irrumpe en la desabovedada bóveda nocturna, ávido de espejos
/ y de sombras.
Dice: "Yo soy el crepúsculo"
pero entonces fabrica pequeñas luces
y se sienta a jugar con ellas en la penumbra.

II

Ámame. Ámame como nunca has amado a nadie en este mundo.
Deseá que nunca regrese a tu lado. Que nunca más
hagamos el amor.
Somos tan distintos que bien podríamos ser el uno para el otro
pero ya nunca habrás de ver mi rostro sobre el tuyo.
Asomándose, tortuoso; deseándote, caprichoso.

Eres eso que dice pero que jamás ha de morir.
Y aunque todos los dioses del Averno
y aunque tu mirada
y aunque la pálida excusa, jardín florido
de todo lo que está podrido en este mundo.
Jamás has de morir.
Eres eso que jamás ha de morir.
Eso que se esconde en oscuras galerías, que mira desde la esquina
al mundo agazapado.
Y que teje con los ojos absurdos sueños de gloria extendiéndose por entre sus dedos y cubriéndolo todo.

Ámame; yo seré tus manos.
Ámame, seré tu cuerpo.
Ámame, solo ámame
y seremos uno.

III

Y contra las pequeñas muertes empuñaré pequeñas espadas de luz y de sombra hechas de mi propia carne.

(A la muerte, como al vacío, no se le mata, se le ofrenda un pedazo de uno mismo en esperanza de saciar su necesario, mecánico apetito.)

IV

Arde el fuego de lo que nace.
Arde aún el fuego inacabado:
indiluido, adestilado
y que me sobrevuela en todos mis silencios
(aún olvidado por ese que es dos veces si mismo:
enviado, morada o vana pantomima
del aciago vientre, origen de todas las cosas).

V

Ayer los colores de la música nos acompañaban en lo blanco del silencio y nos entreteníamos admirando el casi perfecto encajar de sus formas en los insterticios del amor.

Hoy el de la mirada negra en mi se llama a si mismo el refugiado de
/ la música
pero aún antes que a toda música
yo prefiero el silencio de tu mirada.
El ambiguo resplandor de una habitación vacía.
Vaciada.
Despojada cruel y súbitamente de todo sentido.
Se trata entonces de encontrar la cantidad justa de desesperación.
Se trata de amoblar la habitación con palabras;
se trata de adornarla con bellos y dolorosos colores.
Asimov
A mi queridísmo Isaac

Llegará el día en que seremos dioses y crearemos ángeles encargados de nuestro Bienestar.
Y será entonces que los ángeles nacidos de nuestras mentes y por nuestras manos
alzarán cárceles a nuestro alrededor -en el nombre de nuestro Bienestar.
Y querremos corretear y volar por los infinitos prados de lo posible, pero ellos llegarán y nos cortarán las alas y nos cerrarán el paso -en el nombre de nuestro Bienestar.
Y querremos matar y morir y desecrar y pudrirnos por dentro y por fuera y ser lo peor (para poder distinguirlo de lo mejor) pero ellos vendrán y nos ordenarán ser algo distinto a nosotros mismos -en el nombre de nuestro Bienestar.
El triste titilar de lo binario
se hace a si mismo bajo la negrura portentosa, caprichosa:
santo vientre de todo lo que es oscuro y bello, bueno y válido
¿Está, entonces, justificado? Pregunta aquel
que nada puede contra lo huracanado del mundo.
Oh divina, argumentativa furia. Tuyo es
el privilegio de asegurárselo.
Hermoso como el suicidio

Presiento nacer en mí un suicidio
en ofrenda a la opaca dinastía de lo posible.
Torcida, hipócrita esperanza de ser uno camino del espejo.
Si lo binario me habita,
si día y noche le construyo magníficos altares.
¿Cómo es que me atrevo? ¿Cómo es que pretendo exorcizarlo?
Mi cuerpo es un templo tan bueno como cualquiera
y el suicidio es tan solo una parte del rito.

Soy el eterno desgarramiento de mi mismo.
Soy dos mitades, su desgarramiento
y su póstuma, sagrada unión.
Soy el ritual de nacimiento de toda belleza en este mundo.


La lista de lo que robé a mi amadísima Pizarnik es interminable. Estoy en una etapa de re-descubrimiento y profundo, profundísimo amor por su poesía. Y como podríamos decir, debido a ello, que es de alguna forma mi madre poética, mi fascinación conformaría una especie de complejo edípico clásico. Ojalá nunca lo supere.

Al silencio
"Escribes poemas
porque necesitas
un lugar
en donde sea lo que no es."

"Lo que se ve, lo que se va, es indecible.
Las palabras cierran todas las puertas."

"Yo era lo imposible y también el desgarramiento por lo imposible."

"Enamorada de las palabras que crean noches pequeñas en lo increado del día y su vacío feroz."

A.P

Y respirar, siempre respirar
el aire invisible, intangible, i-rreal,
demencial
y-real.
Porque hay poros. Si si. Hay.
Hay y quisiera besarlos. Quisiera arrancarlos.
Penetrarlos. Atravesarlos y
escapar.

Pero ni el poema
es lo suficientemente débil.
Solo el pequeño suspiro ahogado
agobiado
casi muerto
débil por la palabra, a la vez madre
y carcelera,
muerte y apertura.
Solo la pequeña noche
entre lo increado.
"[...]
y nada es promesa
entre lo decible
que equivale a mentir
(todo lo que se puede decir es mentira)
el resto es silencio
solo que el silencio no existe

no
las palabras
 no hacen el amor
hacen la ausencia
[...]"
 A. P.
- Si digo "te amo"...
- ...
- ¿Qué significa? ¿Qué prueba? ¿Qué cambia? Soy acaso más que una simple sentencia.
- No te entiendo.
- Yo si, y creo que decirlo no sería más que una forma de ponerme a recaudo de la palabra.
- ¿La... palabra?
- La palabra. Más que la idea pero menos que la cosa. Nada que pueda decirse en palabras es más que las palabras que se utilizen para decirlo; todo mensaje, todo comunicado no es más que si mismo. No hay realidad subyacente. Antes, quizá, pero no después.
- Me voy.
- ¿No entendés? La palabra toma el poder. Una vez pronunciada, es todo lo que hay. Si lo digo, estoy mintiendo. Inexorablemente estoy mintiendo. ¿Cómo podría decir la verdad, cómo podría referenciar lo que es si una vez pronunciada la palabra misma es más real que la realidad?
- Pero mi amor es real.
- No. Una vez que se ha hablado lo real ya no importa. Importa lo dicho, lo que puede decirse; espejos y sombras de una realidad ya para nada confiable y a todas luces inexistente. No el amor, pero la palabra.
- Pero...
- ¿Pero qué? ¿Me amás igual? ¿Aún cuando decirlo es negarlo? ¿Pervertirlo? ¿Aniquilarlo?
- Si.
- ... Yo también.

Me decanto dulcemente
hacia vos.
¿Pero llegar? ¿Tenerte?
Sos eso que anhelo y que no existe. Juntos
seríamos mi muerte y Dios.

No sos parte del camino y yo todavía
quiero caminar.
Encarnamos

En nuestros cuerpos
hambrientos,
sedientos,
torpes,
rotos y
parcialmente alados:
el advenimiento de Dios.
Fragmentos

Fragmentos de historias, desprendidas de su alma mater: el rol. Si, esto salió de un juego de rol. Ustedes saben, de esos en los que te juntás a charlar sobre cosas que no existen y tirar dados de múltiples caras (raramente de 6, pero también). Curiosamente, estas dos de acá son sobre dos personajes que tuve en diferentes momentos, y ambos representan de alguna manera posibles yo, y que conviven un poco en conflicto (por no decir bastante). La ambientación es más o menos algo que se parece a la realidad actual con el añadido de que hay algo así como mutantes, o 'dotados' como dice el master. Si, como X-men, lo se. Ah, y la primera es en una época, digamos, contemporanea; la otra, futurista.


Justiciero

"Escribo porque soy, porque necesito ser. Porque
la noche. Porque se me mete por los poros.
Porque la respiro y se me mete y no es otra cosa que yo, respirándome.
Escribo porque la oscuridad a mi alrededor
es la oscuridad en mi interior. Porque yo soy la noche
que detesto y que anhelo. Que anhelo y que detesto.
Me anhelo y me detesto. Me detesto, me anhelo.
Soy yo la noche. Soy yo el frío.
Soy yo la ausencia, la falta.
El negativo de todas las cosas.

Soy yo el que escribe.
Es el otro el que mata."
Reik Grim

Era demasiado pequeño pare recordar lo que sucedió. Es decir, cómo sucedió. De lo otro no faltarían estúpidos que, al mentirle, se lo revelaran. Conserva únicamente el recuerdo de una sensación. Una sensación del mundo como algo más que un interminable y llano paisaje gris. Lleno de eso que está en boca de todos, pero en el corazón de ninguno.
Ja.

A veces, al recordarlo, le da gracia. A veces hasta se pone la mano en el corazón y, concentrándose al máximo, alcanza a distinguir un ligero y apenas "audible" golpe a destiempo. A veces hasta le importa.
Era todavía bastante pequeño cuando descubrió que podía, con solo desearlo, privar a sus alrededores de aquello que le resultara molesto. Era todo como una gran mentira. Y él, poseedor de la Verdad, podía desmentirla. No por completo, sin embargo. Y no sin cierto esfuerzo. Pero lo suficiente como para hacer del mundo -máscara del Vacío- lo más llevadero posible. Para él, por supuesto. Apenas si se importaba... ¿Por qué alguien más tendría alguna clase de relevancia? "Cada uno disfraza el Vacío a su manera. -decía- Ésta es la mía."
Y así fue hasta que, cierto día, un apático y descascarado rostro que habría de encontrar por la calle reavivara en él una serie de conexiones neuronales ya olvidadas por su indiferente cerebro. De pronto, no supo más que una ira proveniente de quien sabe qué profundidades, y se vió a si mismo correr tras el sorprendido extraño. Un par de calles en agitada persecusión y ya lo había perdido. Sin embargo, la novedosa intensidad experimentada seguía allí. Lejos de desaparecer, poco a poco a se transmutaba en algo que -según explicaciones ajenas que recordaba y conjeturaciones propias- definió como dolor. Encurioseado y ligeramente divertido, se detuvo a indagar sobre todo este sinsentido que bullía en su interior. La conexión estaba restablecida, y los recuerdos no tardaron en surgir. Poco a poco fue recordando. Poco a poco fue comprendiendo. No es que el mundo sea vacío, es que él se había escudado en eso para sobrevivir. El mundo no es vacío. El mundo es un agujero inmundo, lleno de la porquería más abyecta jamás concebida.
Poco a poco, su dolor se fue consumiendo hasta apagarse por completo. Era él otra vez. Y sin embargo, no: el vacío, antes tan cómodo, le resultaba insoportable. Preso de una sorda desesperación hurgó en lo más hondo de si por la más mínima señal de dolor o cualquier otra emoción a la cuál aferrarse. No tuvo que buscar mucho para encontrarse con un leve pero arraigado resentimiento hacia la escoria que había hecho de su mundo este infierno gris. Aferrándose con todas sus fuerzas, se sumergió en ese sentimiento, expandiéndolo todo lo que pudo. Pronto, emergía victorioso y vengativo de entre sus profundidades; una euforia violenta le recorría el cuerpo, y él se relamía, embriagado.

Un perfume, suave y dulce, llamó su atención. La oscuridad de sus párpados cerrados cedía ante la cálida luz exterior. Se sentía casi completamente ingrávido.
Abrió los ojos y, como siempre, quedó atónito. La belleza misma yacía delante suyo, entre sábanas blancas. Ella extendió la mano y, como siempre, el contacto de su piel contra la suya lo estremeció. Sus ojos y su rostro entero irradiaban una dulzura para la que no hay palabras de este lado del delirio. Del otro tampoco.
Como siempre, despertó.
Ya la densa noche invadía sus sentidos, despertándolo, elevándolo por encima de todo y de todos. La sangre manaba, obediente. Roja. Limpió la hoja con un movimiento rápido, y envainó. Lejos estaba ya de ensueños. La realidad se imponía, cruel y violenta: suya. Sonrió.

-Mato para aliviar la herida sangrante del mundo. Para aligerar su carga. Para hacerlo algo menos repugnante. Creí que entenderías.
-Entiendo. Aún así, no es la forma. Sé que el mundo está mal, y sé también que es a causa de la gente incosnciente que lo habita. Pero no es realmente su culpa. No podés responsabilizar a cada uno de ellos por lo que un complejo proceso histórico a hecho de la sociedad moderna.
-Si, puedo.
-Reik... pensalo un poco. Es decir, yo tampoco creo que el Estado o cualquier organización jerárquica de la sociedad va a solucionar en algo todo esto. Yo también opino que depende de cada uno, pero no es la forma. Son seres humanos, como vos y como yo. Hablando solucionaremos mucho más.
-La diferencia entre vos y yo, Jaime, es que todavía te sentís parte de ese conglomerado heterogeneo que llamamos "humanidad". Toda tu rebeldía está subyugada a conceptos arcáicos.
Tu "conocimiento" no es más que putrefacción.
-...
-La escoria, aproximadamente el 98% de lo que llamás "humanidad", no es más que eso, escoria. Y voy a arrancarla de raíz. Una por una, hasta mi último aliento.

Pasos. Una risa mal disimulada.

-Siempre tan egocéntrico, Reik. El destino de la humanidad, o del "conglomerado heterogeneo" así llamado, no depende de vos, ni de mi; ni siquiera de tus buenas intenciones, Jaime. Tenemos que organizarnos de alguna forma o de lo contrario todo será caos. El actual es un perfecto ejemplo de ello.
-No vamos a ponernos de acuerdo, eso está claro.
-Ja. Creo que todos podemos acordar en eso.
-Ya que llegaste, sería mejor que nos pusiéramos a trabajar en los asuntos que nos conciernen. ¿Trajiste...
-Si, tengo todo lo necesario. Comencemos.
-Comencemos.


Homo Scio

El fragor de las armas era atronador, pero no era ese el adjetivo que Reno tenía en mente. Es curioso como un distinto punto de vista, aunque espacialmente difiera solo en unos metros puede resultar tan diverso; ciertamente, solo nosotros los humanos albergamos tal capacidad de divergencia para lo que esencialmente es un mismo conjunto de características genéticas. Tanto es así que creo que podría afirmarse con bastante seguridad que de existir alguna clase de ente observador consciente pero no humano, sea este Dios o una raza alienígena cualesquiera, el concepto de la humanidad como un todo provocaría en él el siguiente resultado: "¿Humanidad?, ¡Ja!¨.
No demasiado lejos, Lorelei seguía disparando, y el fuego que tanto brotaba de sus manos estaba ahora en sus ojos. "No más piedad" decían su boca y sus ojos, su cuerpo y sus manos. Por esquivar una bala, Reno la observó, desconociéndola. Alzó su arma y apuntó, pero antes de poder disparar se vio forzado a admitir que esa que estaba allí, con una sonrisa incipiente en sus labios, fuego en su mirada y la muerte entre sus manos era, en verdad, su amiga. Fue entonces que los adjetivos que habían revoloteado por la mente de ambos, mientras intentaban sobrevivir en medio del caos tomaron forma. "El fragor de las armas es...": "encantador", pensó Lore al ver caer a su enemigo con una sonrisa ya nada sutil en sus labios; "descorazonador", pensó Reno al ver a su amiga relamiéndose de gusto mientras coqueteaba con la muerte.
Antes de que la última bala surcara el aire, Reno ya no estaba. Lorelei y los demás lo buscaron entre los cuerpos sin resultado. Eventualmente, abandonaron. "Si está muerto ya no tiene caso encontrarlo, si sigue vivo, es evidente que no desea ser encontrado", dijo Rod. Todos asintieron. Pero Lorelei y su hermana, heridas y cansadas, se miraron con tristeza. Kendra preguntaba algo con la mirada, Lore asintió. Al instante, nervios hinchados y grotescamente visibles surcaban su rostro. "El olor a muerte satura mis sentidos, pero algo es seguro: si está vivo no está acá. Seguro que no querés que...", alcanzó a decir Kendra; "No, no es necesario. Estoy segura que estará bien", la interrumpió Lore. "O muerto", pensó Kendra. "O muerto", dijo Rod. "Probablemente no", dijo ella, mientras se desprendía la funda vacía de katana de su cinto y la arrojaba al suelo. "Probablemente no", pensó. "Bueno, hay que hacer algo con estos cuerpos, ¿no?", y sin esperar respuesta el fuego brotó y pronto lo envolvió todo.

Reno se despertó cansado y todavía bastante aturdido. Aunque ya se había lavado y cambiado, sentía como si la sangre todavía cubriera gran parte de su cuerpo y de sus ropas. Sangre suya y no suya. Sangre suya y sangre de otros. Sangre. Prendió un cigarrillo y salió afuera. Afuera, donde todavía la noche. Noche estrellada y gris, como todas. Recordó entonces las palabras finales de Card junto con su rostro surcado por lágrimas: "Hace 20 años que lloro por este mundo tan gris, y todo lo que quiero es sumirlo en llamas para que así recupere su antigua gloria.". "...¿Será cierto?", pensó, "¿Era antes el mundo tan colorido...? ¿Era glorioso?" Inspiró hondamente mientras miraba a su alrededor como el mundo se teñía frente a sus ojos poco a poco. Azul y rojo, melancolía y sangre, tristeza y furia. Recordó entonces a Jane y las rodillas le fallaron; recordó a Karl y desplomó su ira contra el suelo hasta que le sangraron los nudillos; imaginó sus manos alrededor del cuello sin vida de Card y la euforia colonizó su cuerpo y su mente, estremeciéndolo violentamente. "Lo es ahora.", pensó.

“¿Ya han pasado tres meses…? Adonde se fue el tiempo…”
“Si voy a ser sincero, pensé que no sobreviviría… Y, en parte, fue esa la razón de que me adentrara acá, en el desierto, solo. ¿Me pregunto por qué los lobos no me atacaron? Era presa fácil, y no es propio de las fieras desperdiciar comida.”
-bip, bip-
“Si, si. Todo es lógico para vos, mi adorada. Será eso lo que amo de vos… En lo que te concierne, estoy acá, ergo sobreviví, ergo los lobos no me atacaron, ergo debe existir alguna razón. No es falta de lógica… es falta de información.
Mucho me temo, sin embargo, que lejos estoy de tal pureza. Solo soy humano; ergo, debo creer en lo misterioso… aunque más no sea alguna vez en la vida. Porque, si no hubiera sido por mis deseos suicidas… Incluso –podría argumentarse- si no hubiera sido por Card y su bendito fuego glorioso (si no hubiera sido por Jane, por Karl, por Tobías)… jamás habría llegado hasta acá, y eso significa que jamás te hubiera encontrado, mi amor. Jamás te hubiera reparado y seguirías siendo solo un manojo de cables y muy potentes microchips.”
-bip-
“Estúpidos militares. Quién sabe para qué te usaban, allá por los días de ‘gloria’. ¿O se refería a antes de los militares…? ¡Bah!, es lo mismo. ‘Gloria’… ¡yo le mostraré la verdadera ‘gloria’!”
-bip, bip-
“Si, amor… nosotros. Nosotros le mostraremos. Le mostraremos la gloria de tu lógica. A ella… al mundo entero. Todavía solo puedes realizar procesos simples, pero con el tiempo… ya verás, te enseñaré… te enseñaré a pensar. Te daré ojos, te daré oídos. Boca y manos. ¡Tendrás manos por todo el mundo!, y tus dedos limpiarán la tierra de escoria como Card. Pero antes debo… ¡debemos! demostrarle, debemos enseñarle, enterrarle su sucia cara lloriqueante en lo maloliente de su propio error. Salvaremos este mundo decadente, mi amor. Lo salvaremos de si mismo.
El deseo incendiario
y la tranquilidad del mundo.
Humo. Muerte.
Ojos todavía abiertos y
expectantes, inquietud ontológica propia de la inocencia.
¿Por qué buscamos la vida
tanto como a la muerte?
¿Por qué la inocencia?
¿Por qué no la inocencia?
Vivir
es conocer destinos
peores que la muerte.
Morir
es resignarse a ellos.
¿Y si nunca los petirrojos?
¿Y si por siempre lo oscuro?
¿Y si por siempre
lo oscuro?
No.
Saltemos muralla abajo a
una suerte de prado de terciopelo,
de anguilas y de marmol,
de palomas
rellenas con aserrín y diamantes.
Es preciso amar no solo lo rojo
pero lo negro y azul.

Tal vez esté de más aclararlo, pero me siento incómodo: robé imágenes de Prosa del observatorio (de Cortázar), Sawdust and diamonds (una canción de Joanna Newsom), y principalmente de Terciopelo azul (la película de David Lynch). Y hasta es posible que esa foto no la haya sacado yo.
Algo viejo

Si, destrozémonos. Ardamos juntos en el fuego prohibido
de la unión mítica y ancestral, juego perverso y tan puro.
Bailemos entonces
al compás de su crepitar.
Nos odiaremos, si. Haremos daño;
a nosotros, a otros; a todo aquel que vislumbre
nuestro fulgor
pues toda su vida la perderá
buscándolo para si.

Recuérdalo bien: por cada grito de placer habrá uno de dolor.
El paraíso es la antesala al infierno, todos lo sabemos.
¿Por qué, entonces
el infierno?
Porque eso es lo que somos: paraíso e infierno.
Somos placer, somos dolor. Somos muerte y somos flujo.
Y somos historia. Historia que es siempre la misma, aún cuando no.
¿Qué podemos hacer excepto ser?
"El soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra tierra"
Alejandra Pizarnik

Es la música en
dos versos que escuchás de casualidad.
Una piedra solitaria y el sol
que lame con ternura sus bordes.
La fotografía de un joven y tímido amateur que,
con fiereza inusitada, captura un instante
de las vidas de una pareja en la plaza.

Y no tu comercial de plástico
ni tu pálida-pero-bronceada piel artificial
ni la pregona de falsos profetas
en una revista de nombre sugerente.
Y no porque esté en tu mente y en tu boca y
en todas las bocas,
y no porque hagas lo imposible y lo
imperdonable, lo impensable y lo imbécil.

Mirá a tu alrededor
(con eso basta).
Sabios
"Bodily decrepitude is wisdom; young
we loved each other and were ignorant"
William Butler Yeats

La decrepitud del cuerpo es decrepitud del alma y
ponzoñosa amargura; jóvenes
nos amamos y fuimos sabios.
Futuro

Perfume de orquídea enamorada y
solitaria
por siempre bella y
por siempre triste.
El rocío en una de las primeras mañanas de este mundo.
Respiración entrecortada
y corazón galopante.
El fin de toda travesía: una cama
y alguien en ella. Enredarse entonces
entre sábanas y piel.
El dulcísimo fruto
y su nectar que resbala de las comisuras
de mi boca semiabierta.

(por eso)
Quiero que seas el filo de la guadaña
de una tal Mme. Lamort.
Quiero que asesinemos juntos
el sol poniente
y juntos hagamos un collage
amarillo y día y sol
de la mañana.
Quiero que seas final
y comienzo. Ocaso
y amanecer.
Quiero que seas mi futuro.
Siempre
"And death should have no dominion"
Dylan Thomas
Y la muerte siempre tendrá dominio.
Los que yacen, yacerán.
Lo que se pierde, perdido permanecerá.
Siempre.
Y no existe voluntad que se atreva a negarlo.
Y no existe poema lo suficientemente fuerte
para siquiera intentarlo.
Por mucho que lo desee
es ella misma la que habla
en versos desenfadadamente llenos de rebeldía falsa
justificándose, tortuosa
en la imposibilidad misma
de ser asesinada.
Y la muerte siempre tendrá dominio.
Dos y lluvia

"dos cuerpos se tocan,
para juliana g.
la ventana abierta
las primeras gotas de una lluvia
vuelven cualquier escena
delicadísima
[...]"
Martín Rodriguez

Dos que se tocan
y lluvia en la ventana. Siempre
lluvia.
No saben por qué.
No les importa.

Magia húmeda,
magia líquida,
magia en gotas.
Proeza estadística, Dios o voluntad cuántica
y dos que dulcemente lo ignoran.
No es una elección.
No hay imposibilidad, gran muralla ni
límites del entendimiento. Solo sucede que
hay cosas más importantes.

Después
se apagan.
Pero la lluvia.
La lluvia sigue ahí.
Y cada vez que
uno de ellos pretende
comprender
(reviviendo imprudentemente al otro
con ramitas, papel y pegamento)
no puede hacerlo.
Y no es que sea imposible. Solo sucede que
hay cosas más importantes.
Todavía la noche

Entonces la noche.
Todavía la noche.
Todavía apocalipsis de todo lo que es claro
y brillante y día.
Bebo de mi hasta saciarme
pero estoy seco
y tengo aún mas sed que antes.
Poco comprendo de esta, la patria donde el amor existe solo como relato; leyenda, acaso, de tierras antiguas y tiempos lejanos. Acá nada tiene Nombre y el impulso de vivir es la necesidad de hacerlo; no se anhela el húmedo contacto y cada quién edifica, ramita por ramita, su árbol su casa su mundo su yo.

Por ejemplo,
tiemblan los árboles bajo el peso del viento; la lluvia azota
desde el cielo sin piedad:
todo en el mundo grita, desaforado. Todo dice y reclama
una mirada de ojos límpidos
para justificarse.
Yo, impasible.

La lluvia, acá, no moja más que la piel.
Dios es todas las mujeres

Ella teje. Teje tejiendo sus tejidos.
Canta con sus dedos el más bello de entre todos los telares.
Y qué es el mundo sino esa melodía
entretejida en hilos de vivos y terribles colores.
"Llevo cada mitad
como dos ríos gemelos
uno cruza la tierra, el otro fluye en el cielo.
El de la oscuridad
no conoce el olvido
desvelado en seguir lo perdido."
Jorge Fandermole

La soledad es solo una ilusión. Siempre van a haber una o dos almas ahí fuera que resuenan cuando menos similarmente.

Es un alivio.
No quiero más que ser eso que baila,
afiebrado, en noches calurosas o frías por igual.
Eso que canta al aire, a la lluvia, al silencio. Eso que dice.
Eso que respira con pasión y sin remordimientos.
Y cada bocanada de aire o de humo
tan correcta, tan necesaria y tan inevitable
como la anterior.

Ahora, mientras tus ávidas falanges inconcientes se abren paso
(tuyas aún si no las reconoces)
comprendo que lo soy.
Tus ojos conocen más infiernos
que aquellos capaces de albergar las almas
que los dicen.
Hay algo allí, en lo oscuro. Un recinto blando que a veces se llama silencio. Humo. Frío y noche. Debilidad mansa y lenta automutilación.
Y allí me quedaré, esperando.
Camino, entonces, por el páramo de mi mismo (y ya nada podrá detenerme). Cadáveres, cadáveres por todos lados. Cadáveres que florecen, cadáveres que se pudren. Cadáveres. Cadáveres que están, cadáveres que dicen. Cadáveres. No soy más que cadáveres eternamente frescos. Encadenados a la tierra, la nutren y empozoñan. La corroen, la embellecen. La tiñen de negro y rojo.
Basta una mirada para que renazcan. Basta un parpadeo para que perezcan.
Ya no quiero tener que mirarlos.

Corro entonces. Me lleno de humo, me inundo de agua y me incendio (o en otro orden). Pero siempre están ahí, esperando a que el humo se disipe.
Y ya no puedo dejar de mirarlos.
Él, yo

Lluvia derramada, entonces, en lenta ceremonia para nadie. Para aquel que suspira, quizás, para aquel que suspira y muere, para aquel que renace. O para nadie. Lejos, demasiado lejos, fuera del alcance de sus días pero encaramado fiéramente a sus noches, mujeres solas y lastimadas caminan por páramos desiertos, soportando penurias en el nombre de algo que no comprenden pero que encarnan, mientras hombres engrandecidos por el fuego que arde en sus almas y que se llama de tantas formas distintas mueren con bravura cumplimentando así los designios que los ampararon desde siempre; allí todo es simple y en todas las voces hay sabiduría; allí lo necesario sucede y los que duermen lo hacen. Entiende, por supuesto que entiende: “La certeza es la más bella y necesaria de las mentiras”, se dice y ríe. Pero en la certeza se agazapa un mundo distinto. Posible y tan efímero. Casi al alcance de la mano. Pero entiende, por supuesto que entiende. Busca, entonces, el silencio. Busca la lluvia y el viento. El sol a veces, a veces los insectos. Están. Están y dicen. Y son, a veces, un refugio. Pero entiende, por desgracia entiende que nada de lo que puedan decir desmentirá al torbellino humanidad y sus condenas, que todo refugio es temporal y que es, en su entender, débil como nadie frente al azote de lo blando, de lo oscuro y de lo posible. “¿Es mi destino perecer a la confusión? ¿Quedar relegado al olvido?”, piensa y tiembla, sabiendo que jamás habrá una respuesta, que su destino es el que el mismo construirá, si se atreve. Tiembla aún más fuerte y se desespera, cae al piso, grita y se retuerce. Muere.

Y de su boca abierta en grito mudo, producto de un terror más grande que él, surjo. Soy ese que murió y que era débil. Soy también el terror, la confusión; la oscuridad de lo posible que me inunda a mi y a todos por igual. Erguido ya, entonces, camino por el mundo. Y ya nada podrá detenerme.
Agazapada entre sus propios pliegues
rueda por el mundo.
Huye, huye todo el tiempo.
No conoce más que las sombras que viste
y le teme a la luz más aún que a si misma.
Agazapada, entonces, entre sus propios pliegues
-ligera, si, pero tan pesada-
rueda por el mundo.
Contemplándolo, oculta, desde detrás de su velo de sombra.
Y algo que no digo (y que anida fogosamente en la garganta)

Luces que rasgan
como garras en la noche.
Ruido afuera y adentro, aturdiéndome.
Noche y ruido y luces y la mirada
de un Otro indiferente
que objetiva sin quererlo, sin saberlo
la exasperadamente silenciosa fuga que huele a tinta;
negra tinta sobre un papel
no lo suficientemente blanco.
Es entonces ese dolor inesperado en el corazón -o algo de por allí a esa altura-, cuando la lluvia. Porque la lluvia viene y no espera. Entonces no, entonces tal vez, entonces por eso si. LLega y no espera y se cierne y arrasa.
Y es la señal
de que todo está por comenzar.

¿Qué? No sé, pero por comenzar.
Sequía

Un cadaver, después de todo
es algo inservible.
¿Y que hay de inservible en la gran maquinaria
aparte de ella misma?
No es más que metáfora. Umbral, acaso.
Sala de espera -no, no al infinito-.

Pero un cadaver que permanece
es un desafío. Es la muerte
que jamás ha de morir. Es la promesa de un retorno
que acaso nunca habrá de ser. Es el castigo
más violento imaginable.

(Y aun sabiendo que su no llegar habrá de destrozarme, la espero con ansias al despuntar el alba.)
B

Permanentemente arrojada hacia si misma
-oh, la plácida arrogancia de saberse por encima de todo lo cognoscible-
nada sabe de esos fuegos crepusculares
que crecen en su nuca como hebras (rojas hebras)
y que vestimos para resguardarnos de los fríos vientos polares
provenientes de las fisuras.

No quiere más que ser libre.
Libre para jugar con los cuerpos putrefactos
y las almas que, al golpearlas, liberan sonidos (armónicos sonidos)
y al agitarlas son el viento.

Hay quienes piensan que es astuta
y la imaginan un cabello del Arquitecto
o la uña carcomida de su pulgar izquierdo.

Yo la sé un infante.
Caprichosa y pura. Inocente.
Hoy

Son las dos de la tarde y
el viejo reloj anuncia una vez más
que nada tiene sentido.
Ni virgen encadenada
ni campeón que luche por nuestras
desgraciadas almas.
Luego, el reloj gira y se deshace
en las lágrimas de un adolescente borracho
que llora una pena de amor.
Después

Una vez más, soy.
Un nuevo núcleo, o el mismo
y mis partículas congregándose alrededor.

Pero si de todos los lenguajes posibles
conozco solo la palabra
¿Cómo decir mi verdad?

Soy mi propio carcelero
en una celda para la que no existe llave.

Y vos, más allá y más acá de todo esto.
Acá: inalcanzable, purpúrea. Allá: inalcanzable, real.
Qué importa.

Tengo, ya, mi refugio.
Interacción

esto va para los muchachos del festival resonante que tan amablemente me invitaron a participar (http://www.resonantefestival.blogspot.com)

Me mirás: el mundo cede. La oscuridad que soy se retuerce, obediente, como la plebe. Un espasmo la recorre toda, doblegándola, en mil pedazos quebrándola. Penetrás entonces por la herida sangrante, cual exánime relámpago de luz fulgurante. Demasiado rápido como para apreciarlo, demasiado lento como para olvidarlo. Brillante, brillantísimo fulgor: vos que todo lo que tocás, asesinás; por favor, aniquilame, con violencia asesiname: negá una a una todas las posibilidades de mi alma oscura, negalas todas, hasta que solo quede una. Feliz entonces seré, y el camino así perfilado, yo recorreré, extasiado. Pero una vez la tarea he terminado a mi oscuridad yo he de regresar, pues luego de andar y de andar, empeñado, ya nada he de realizar.

No me mirás: afiebrado, he de vagar por el oscuro prado, que llamo realidad. ¡Oh, infinita libertad!
¿Por qué la palabra? ¿Por qué esa necesidad de elevarnos por encima de lo simplemente físico, del cuerpo y sus indiscutibles verdades? Hemos fabricado un mundo por encima de éste. ¿Para qué? ¿Somos mejores? ¿Más felices? ¿Tiene nuestra existencia más sentido que la de los sapos, por ejemplo? Absolutamente no. Cualquiera puede ver como todo lo que ponemos en la palabras es una deformación. Nada más que eso: una deformación. Una repugnante, artificial y ficticia deformación. La necesidad inherente a todo lenguaje de coherencia y estructura hacen imposible el manifestarse de una verdad. En el lenguaje, todo es una verdad, si sabés como manipularlo correctamente. Y por lo tanto, nada lo es. ¿Por qué creen que a la literatura se le adjudica el papel de indagar sobre lo humano? Si son todas mentiras. Cualquiera que escriba lo sabe. No hay una musa. Dios no te susurra palabras al oído. Solo ponés lo que se te da la gana. Lo divertido del asunto es que si sabés hacerlo bien, y te ganás a tu público... "¡Felicitaciones! Usted ha creado una nueva verdad".
Y ni siquiera lo que te da la gana. Ponés lo que hace falta poner. Lo que sabés "está bien". Lo que tiene sentido, lo que quede bonito. Al escribir sos esclavo del lenguaje y sus caprichos. Y bien ya sea en pos de la estética o de la lógica (o de ambas) te verás obligado a deformar tu verdad hasta que sea irreconocible, incluso para vos. Te olvidás lo que querías decir. ¿Qué queda? Lo que escribiste. Entonces claro... "Oh, escribir es descubrir la Verdad". No, escribir es inventarla.
Escribir es mentir.
Durante

Muerto he de vagar, ahora.
Mis partículas disueltas
y tan leves. Tan nada.
Nada gozosa y leve. Y nada.
Antes

Extranjero de tu patria
vago por el mundo.

Tu simple toque, estoy seguro,
podría deshacer la tenue,
molesta unión de mis partículas.

Ahora, de rodillas, te lo imploro:
rápido, por favor.
La muerte se impacienta
y yo ya quiero renacer.
Te lo ruego

Enlutada, te lo ruego:
cántale al silencio.
Déjate mecer por las altas olas del mar sin rumbo;
pero con la mirada, únicamente.
Canta sobre eso: llóralo.
Alucínalo, si debes.
Pero no me confundas con tu lienzo:
no soy aire, ni lo seré;
y ya no quiero florecer.

Te lo ruego: muérete.
Muérete un poco. Muérete y canta.
Canta sobre tu muerte, enlutada.
Gustoso, entonces, habré de escucharte.
Noche (II)

La noche arrecia, ya no como tú
en el silencio de las cosas.
Golpea mis puertas, irrumpe
mis sentidos. Se agazapa
en mí.
Las tímidas luces, el ruido debil
(artificios vanos, las prótesis del alma)
no pueden no deben no
pueden ahuyentarla.
Mi cuerpo
no osa interrumpirla.
Hace frío, yo camino.
Los pasos resuenan: adentro, afuera.
Expandiéndose,
incrustándose en lo oscuro.
Enjambre rabioso,
ávido de sí.
Prefiero tus bordes.
Fuego
Cautivos de si mismos
en la esquina de un atardecer
dos siluetas enamoradas hacen planes.
[...]
Más allá de ellos el universo acaba.
Marcelo Fagiano

En la ironía perdida
de todo atardecer no contemplado
olvidado
traspuesto como trasfondo
a algo más importante
existevive algo que no sabría cómo denominar;
nace y
se alimenta de la furia implícita en toda dulzura
en toda devoción hacia algo distinto de uno mismo.
Si lo miras de cerca y
en el momento justo,
cuando el fuego rebosa y las chispas saltan
frenéticas
corres el riesgo de que su fulgor
queme y deje marcado en tí la silueta precisa
de aquello que anhelarás hasta el último de tus días.
El bicho mayor

Pero la poesía es una estafa.
Tu alma también.
Y el dolor nos aparta de la estética.
José Di Marco

Como el pájaro
que canta
y el grillo
que frota sus patas
así nosotros,
el bicho mayor
tan distinto, tan superior,
tan otra cosa.
Así nosotros,
-como el pájaro que canta
y el grillo que frota sus patas-
edificamos
con extremo cuidado
flores tenues
pesadas y leves,
hermosas, terribles.
Día y noche, afiebrados
destinados, emperrados.
Y todo eso
para luego desmentirlasdesterrarlas
en un instante
de un solo golpe
y sentirnos miserables
y regocijarnosrevolcarnos
sobre la maravilla hecha polvo
hecha mierda de caballo
hecha nada de nada.
Hay, de pronto, esa búsqueda
ese deslizarse por entre las cosas
deliciosamente, cadenciosamente.
Una mirada que busca una mirada que busca una mirada
que busca.
¿Por qué creemos necesitar del destello
cruel, del fulgor insano
que sabemos nos condenará
irremediablemente, irremediablemente?
Qué fuerzas oscuras, qué dioses negros
han hecho de nosotros esta máquina
que reniega de si misma
que anhela o bien su malfuncionamiento,
o bien su fin.
Somos, en efecto, la partida de ajedrez de seres
eternamente aburridos.
Hoy no.

Hoy no tengo palabras
para la desolación de mi alma.
Como nadie jamás se sentará a escribir sobre mi vida y obra, voy a hacerlo yo mismo, ahora. Agarraos, je.
Como muchas veces he dicho antes, de muchas formas distintas, en este blog y a casi todos los que alguna vez me han prestado un oído, lo que ha marcado maś fuertemente mi existencia (hasta el momento) ha sido mi breve (pero intensa) incursión en la Nada. Éste blog, de hecho, comienza como una de las primeras formas que habría de inventarme para luchar contra ella. Algo así como un refugio sobre el cual he edificado una serie de construcciones tanto estéticas como de sentido. Y agarraderas metafísicas, no olvidemos. Aún mi desprecio por las agarraderas metafísicas y mi aparente superación al respecto no es más que una agarradera metafísica algo rebuscada. Verán, desde aquel día en que logré elevarme a la superficie -después de un tiempo lo suficientemente largo como para olvidarme de como era allí afuera- todo lo que soy, todo lo que hago, está pensado y llevado a cabo expresamente en función del terror. El terror de la vuelta. Allí, abajo. Aún ahora, en mayor o menor medida, aún si ya no vivo con el miedo constante, aún si hago como si el peligro ya hubiera pasado, todo mi accionar está basado incosncientemente en ese perpetuo escapar. Solo que ahora no lo veo todo el tiempo, ni estoy tan pendiente de ello. ¿Por qué? Simplemente porque después de un tiempo de angustiosa inestabilidad, encontré lo que sería la forma defintiva de mantener a raya a la ominosa señorita N. Y acá es donde llego a uno de los puntos que no tengo forma de explicitarme en términos racionales, o completamente transferibles, universales. Y lo he intentado, créanme. Resulta que -y no sé decirlo de otra forma- llevo la Nada dentro de mí. Cierto día la noté allí, y decidí aceptarla. Ese fue el día en que perdí el miedo. Es decir, ya no estoy en la Nada, llevo la Nada en mí. Hay una diferencia: yo todavía tengo el control. Hay, también, una desventaja: nada nuevo u completamente original puede surgir de mí. No soy ni seré nunca el origen de algo. Pues allí desde donde deberían surgir las cosas. Allí donde debería de gestarse aquello que yo habría de aportar a este mundo, hay un vacío. La Nada en persona. Se alimenta de lo que debería de estar brindando, de todo aquello que debería de verter hacia afuera. Ése es el trato. Ése es mi castigo*.
Ahora bien, escribo. Si. Pero el punto, precisamente, es que no. Yo no escribo. No realmente. Nada de lo que "escribo" surge de mí. Simplemente no es posible. Todo lo que hago es absorber, arrancar jirones de mundo, de gente, de emociones, de ideas y arrojarlas aquí. Ahora, mi cerebro y mi corazón funcionan sin problemas, si, y es por es que los uso de filtro. Mis dos fuentes, a la hora de escribir, son lo que viene de afuera y lo que viene de afuera filtrado. Eso es todo. Nada jamás puede provenir únicamente de mí. Correción: Nada jamás puede surgir de mí. Nada.
Es por eso que yo no escribo, yo deformo. Y lo más cercano que podré llegar a la dicha de la creación es una deformación lo suficientemente convincente como para que yo mismo me la crea.

*Sobre este punto... bueno, solo digamos que me lo merezco. Arruinar la vida de una persona para siempre tiene que tener alguna consecuencia.

Es necesario confiar en el reloj y en su soberano, frío y mecánico condicionar de nuestra existencia. Él no siente, a pesar incluso de nosotros, sus engranajes. No es más que la suma de nosotros y el mundo.
Por eso la noche. Por eso el forzado regresar, largo y tortuoso. El origen, la sopa primordial candente y primitiva está allí -siempre estuvo allí- y duele. Dolerá siempre.
Aún luego del profético vendaval, aún luego de que ya nada es lo mismo todo sigue siendo lo mismo.

El frío y mis pasos.
La noche adulterada, el mundo hostil.
Los necios fantasmas que desde mundos de distancia
osan apelarme, infructuosamente.
¿Qué no saben que no pueden herir lo que no pueden tocar? ¿Qué no ven la inefable, insorteable distancia?
Oh, mis fantasmas, yo habito en un lugar que ustedes, dichosos
ni habrán de sospechar.

¿Qué encontré, pues, allí
en el corazón de lo terrible?
Nada más que la certeza
de que todo paso atrás es factible.
Tan factible como la muerte.

El vacío goloso que de mi nació está ávido de mi sangre. De mi carne, y de mi espíritu palpitante. Oh, hijo mío, jamás habré de entregarme voluntariamente.
Tu rostro enmascarado dícese refugio blando para las almas torturadas. Pero demasiado tiempo hemos convivido, engendro mío. Demasiado como para no saber.

Éste dolor es mío.
No lo rendiré así de facil.



A ti, la cercenadora.
A ti, la de las profundidades
que no han de ser dichas, vistas u oidas.
¿Dónde encontraré ahora
el nectar, jugo primordial,
causa y final de todo accionar,
de todo posible movimiento?
¿Que vírgenes y hombres hermosos
deberé sacrificar, día tras día,
para no hundirme, para no hundirme?
¿Es que no entiendes?
Yo he de hundirme y yo no he de hacerlo.
En la febril lucha, en la insensata búsqueda
entre delirios y más delirios, yo surgía, renacido.
¿Y ahora? Ahora debo extrapolar, destilar inversamente
desde éste, mi vacío interior. La Nada en mi interior.
La fábrica de muerte que cobijo, celosamente,
desde el principio de los tiempos.
Me condenas, cercenadora,
me condenas nuevamente a mi mismo.

Al Dios que pensó toda esta belleza -que la está pensando ahora, acaso- solo tengo una cosa que decirle.







Gracias.
De mis pulsiones

Suave y amarga dulzura de lo no-evitable.
Oh, ustedes los afortunados que viven en el paraíso terrible
de lo predestinado
donde cada día es un apocalipsis, donde cada día es
bellísimo y horrendo,
donde cada día es como no podría ser de otra forma.
A lo mejor soy yo el imbecil que no sabe, que no puede
subyugar su cuerpo a su propia voluntad.
Desearía con toda mi alma poder quejarme y retorcerme
sobre todas las cosas de mi existencia. Pero
yo no soy uno de ustedes.
Mi cuerpo y sus pulsiones saludables
me atan a una realidad que no me satisface.
Mi cuerpo sabe que es Dios, y yo lo odio por eso.
Mi cuerpo anhela esa felicidad de revistas,
de mentiras tramadas en el aire y sobre él. Mi cuerpo
la anhela más allá de toda razón; mi cuerpo la anhela aún
cuando el resto de mí se retuerce, gozoso. Y yo lo odio por eso.

-
Pero estaré ahí, pendiente.
Y en tus momentos de debilidad te llevaré por el sendero
que tan bien conocemos, vos y yo.
Y tomaré las riendas de éste, nuestro destino.
Y antes de que lo sepas estaremos de vuelta
en la negrísima oscuridad. En la noche eterna.
Y juntos nos revolcaremos sobre el fango
y querrás correr, querrás volver y no te dejaré.
Y serás tú el que odie, y yo el que sonría.

Y quien sabe, tal vez llegue el día en que finalmente
en una fatídica noche, en una encrucijada
de esas que abundan a la vera del camino,
cada uno siga el sendero que le corresponde
tu bailando, y yo arrastŕandome.
Tu tras la luz, y yo tras la noche.
Cómo reconocer un ocaso

El ocaso siempre es bello. De una forma u otra, para bien o para mal, el ocaso siempre será terrible, rojo e inevitable. No se detendrá ante súplicas. Por eso es bello, porque es definitivo. Porque contemplando su terrible y rojizo fulgor puedes estar seguro de que ya nada será lo mismo, que lo que muere nunca volverá, que todo lo que es y termina es único e indescriptiblemente bello. Porque habrá cientos, miles, millones de días como éste. Pero no éste, no.
Por eso es que la mejor forma de reconocer un ocaso es la belleza a su alrededor, belleza que muchas veces pasa desapercibida ante aquellos que la ven sólo en la mitad de su espectro, cuando es luminosa y llena de colores. Pero belleza es también la furia del mar y el negro vacío del espacio. Belleza es también la violencia y la fealdad. Belleza es también la tristeza infinita de la última flor marchitándose en medio de un campo de interminable y fría nieve, del último hombre caminando por entre los escombros recubiertos de cenizas de lo que alguna vez llamó su hogar.
Noche
A Pizarnik
Oscuridad y bálsamo de almas lilas y rojas.
Azules, verdes, amarillas.
Como yo.
Como la enamorada del viento.

Allí donde otros necesitan de violentas imitaciones del día
-allí, en la fría tiniebla conciliadora-
gustamos de dilatarnos.
Refugiarnos, olvidarnos del día y su cruel fulgor.
¿Qué es una obra de arte? ¿Qué características definen a un objeto dado como algo que trasciende el reino de lo mundano para pasar a pertenecer a esa difusa noción de realidad que gira alrededor de conceptos igualmente difusos, y que permiten la valoración del mismo en adjetivos tales como bello, o sublime? Aprovecharé en este punto de la disertación para interrumpirme a mi mismo con la sutil aclaración de que si bien mi tono puede ser sarcástico o ya decidídamente burlón y de-constructivo, es así con el único y honesto fin de esbozar un concepto práctico más amplio de aquello que consideramos -trompetas oficiales y ornamentación barroca aparte- arte. No es mi objetivo desestimar o desprestigiar la obra y el criterio de personas mucho mejor informadas y de seguro más interesadas que yo, simplemente me gustaría aportar a las consideraciones sobre el tema, mi "humilde" reflexión, y esta es simplemente la mejor manera que conozco de hacerlo. Ruego sepan comprender que toda violencia conceptual por mi parte está destinada única y exclusivamente a ese fin (bueno, tal vez me divierta un poco haciéndolo, también, pero eso sencillamente no viene al caso).
Como todos sabemos, todo aquello que tiene un lugar en nuestra mirada es juzgado también desde una perspectiva estética, pero es solo en el caso de la obra de arte que esta es nuestra única valoración al respecto. Lo curioso es que esto, en vez de disminuir la importancia del objeto en cuestión (como dictaría el sentido común, si es que existe tal cosa), la magnifica desproporcionadamente. ¿Por qué se da este fenómeno? Hay, al parecer una relación intrínseca entre valoraciones tales como la utilidad y la belleza, ya que se dan generalmente en magnitudes inversamente proporcionales la una a la otra. Es decir que mientras más útil sea un objeto, menos lugar tendrá cualquier valoración estética sobre éste. Ahora ¿por qué? ¿Por qué el hecho de que algo carezca de utilidad le confiere a ese algo una áura de divinidad, de grandeza? No pienso cuestionar aquí las grandes obras artísticas de la humanidad, porque sencillamente no me corresponde hacerlo, pero sí que pienso -y es, de hecho, mi objetivo- cuestionar lo limitado del concepto 'arte' y sus implicaciones. Y es que sencillamente no logro entender por qué es que se da este fenómeno. Ya desde la antigüedad, los griegos (es decir el origen mismo de toda la cultura desde la mitad del mundo para este lado) pensaban en esos términos: toda forma de trabajo útil (dentro del ámbito de lo material, por supuesto) era considerado inferior; lisa y llanamente trabajo de esclavos. Y sin embargo, era gracias a sus esclavos y su trabajo inferior que ellos podían dedicarse full-time a cultivar su mente y cuerpo... y a sentar las bases del mundo occidental, claro. Sin la infraestructura de herramientas útiles; sin la técnica y la tecnología que van desde dónde asentarnos hasta como proveernos el alimento no hay nada más para nosotros. Nada. ¿No les parece que esto es lo más importante, entonces?
Ojo, yo entiendo perfectamente que sobrevivir apenas si basta; o incluso, que para sobrevivir a largo plazo es necesario algo más que lo básico. Entiendo de belleza y de placer conceptual; conozco y he experimentado los atractivos de algunas formas de arte así como de la filosofía y otras expresiones de la "alta cultura". Pero hay algo ahí que pasa desapercibido, más bien, aplastado, por el elitismo propio del arte. Hay una cierta belleza, una cierta poesía en la funcionalidad de ciertas cosas. No para todos, de acuerdo; pero tampoco somos todos sensibles a las mismas expresiones artísticas (y eso no es, como a algunos les gustaría pensar, una falta de refinamiento intelectual). Yo escribo poesía, ¿de acuerdo?; será mala... no me interesa; yo escribo poesía, no soy un simple tecnófilo; y sin embargo, el placer estético que experimento al escribir algo que yo considero que está bueno, es perfectamente comparable al que siento al escribir una secuencia lógica de instrucciones que luego un programa se encargará de interpretar y traducir a lenguaje binario, de forma tal que una computadora pueda ejecutarlas en el orden correcto, y casi siempre con un fin útil en mente. Es decir, cuando programo. Si, acabo de decir lo que dije. Programar, para mi, es comparable a hacer poesía. No digo que todos hagamos lo mismo; entre otras cosas, yo me caracterizo por mi dualidad casi siempre contrastada, de ahí el nombre de este blog. Digo que, para mí, hay poesía en la no-poesía de la programación; en su funcionalidad y en las estrictas reglas que debe cumplir la sintaxis para satisfacer esa funcionalidad; en el lograr que una computadora interprete mi idea de lo que debería estar haciendo, y luego lo haga. Lo que digo, básicamente, es que hacer o crear con fines útiles puede ser también jodidamente bello. Nada más.
Voluptuosidad voluptuosamente voluptuosa de caramelo (de miel) derritiéndose al sol.
Oh, la noche arrecia como tú en el silencio de las cosas,
como el sentido
del poema que se niega, que acaso nunca fue.

Creo que es seguro asegurar que las violetas han sido
para siempre desvirgadas
que nada es lo que se supone que tendría(mos) que esperar
a estas alturas del divino partido.
De nada sirve maldecir los dados,
mucho menos dudarlos.

Si estoy, si todavía insisto terca y laboriosamente en éste nuestro delirio
con los ojos bien abiertos y la nada que se cuela (¿no eran
los ojos...?)
es porque estás allí, violentamente incrustada en la periferia
de mi mirada.
Y ya nada hay que pueda hacer al respecto.
De mi conversión al pragmatismo
(O, como diría María, 'cedo el espacio a los que "saben"*')

"A los intelectuales izquierdistas de occidente nos va a tomar mucho tiempo y un reajuste terminológico y psicológico comprender que, no solo el socialismo, sino el resto de las palabras que extraían su fuerza de la idea de alternativa al capitalismo, han sido despojadas de esa fuerza. [...] Y no solo vamos a tener que dejar de usar el término economía capitalista como si supiéramos como sería una economía no capitalista que funcionara, sino que vamos a tener que dejar de usar el término cultura burguesa como si supiéramos como sería una cultura no burguesa viable en una sociedad industrializada.
[...]
Como Karl Popper señaló hace cuarenta años, Platón y Marx guardan un cierto parecido. Ambos pensaban que comprendían ciertas profundas fuerzas subyacentes, fuerzas cuya dirección determinaba los destinos de las comunidades humanas. Platón afirmaba que la justicia no reinaría hasta que los reyes se conviertieran en filósofos o los filósofos fueran reyes. Decía saber esto debido a su profunda inspección del alma humana. Marx afirmaba saber que la justicia no reinaría hasta que el capitalismo fuera derrocado y la cultura desmercantilizada. Decía saber esto debido a una profunda comprensión del movimiento de la historia. Espero que hayamos llegado a un momento en el que por fin podamos deshacernos de la convicción común a Platón y Marx, a saber: la convicción de que deben existir fórmulas teóricas amplias que nos permitan averiguar cómo terminar con la injusticia, y que estas son opuestas a las fórmulas modestas y experimentales. Espero que podamos aprender a vivir sin la convicción de que existe algo profundo que nos provee del material necesario a la gran teoría políticamente util.
Gracias al marxismo el término cultura burguesa se ha convertido en una manera de referise a todo aquello que los intelectuales desprecian [...]
Pero ahora no podemos seguir siendo leninistas y debemos enfrentar algunas cuestiones que el leninismo nos ayudaba a eludir: ¿estamos más interesados en aliviar la miseria o en crear un mundo en que los intelectuales fueran los guardianes del bienestar público? ¿Qué hay tras el sentimiento de pérdida cuando nos vemos forzados a concluir que los Estados de bienestar democrático-burgues son lo mejor que podemos prever? ¿Es tristeza porque pensamos que los pobres nunca conseguirán eludir estar bajo los ricos, porque nunca podremos alcanzar la solidaridad de una comunidad coperativa? ¿O, más bien, es la tristeza de pensar que nosotros los intelectuales hemos resultado menos relevantes para el destino de la humanidad de lo que habíamos esperado? [...]
[...] Sugiero que dejemos de asumir que la función del intelectual es la crítica radical de las instituciones existentes, una crítica que trata de penetrar hasta las realidades que están bajo las apariencias. Espero que podamos dejar de usar nociones como 'mistificación' e 'ideología', nociones que sugieren que estamos en posición de ver a través de meras construcciones sociales y discernir algo que es más que una construcción social. Sería mejor decir simplemente: quizá podamos construir una sociedad mejor que la que tenemos ahora (mejor no en el sentido de adaptarnos a como son las cosas realmente, mejor en el sentido de que esa sociedad contenga menos desigualdades). Desde este punto de vista, las únicas críticas de las instituciones existentes que realmente cuentan serán reformistas más que radicales: aquellas que aconsejan instituciones concretas alternativas, alternativas que, a su vez, no presuponen la existencia de un nuevo tipo de ser humano. Pensar de esta manera significaría deshacerse de la esperanza de evitar la complicidad con las instituciones presentes e imaginar que podríamos obtener, mediante una serie de pasos concretos, de una institución presente para llegar a otra algo mejor."
[...]
Richard Rorty, "Los intelectuales y el fin del socialismo", 1998

*Las comillas son mías. No por falta de respeto a Rorty en particular sino porque decir que alguien 'sabe' me resulta una afirmación hecha a la ligera, y sumamente ingenua, por cierto. ¿Conocen acaso ustedes a alguien que 'sepa'? Ni yo, ni ud (ni Rorty) 'sabemos'. Como mucho somos diferentemente capaces de elaborar teorías y proponer conceptos en base a un gran número de cosas (la información recolectada es solo una pequeña parte). El calificativo viene a cuento solo por el hecho de que me oculto detrás de la fama (y, por tanto, validez) de lo que dice Rorty para expresar que opino lo mismo y además quedar bien en el proceso (ser original y arriesgarse conceptualmente no está de moda entre los intelectuales).
Casi casi

En mi conviven el impulso lúdico y la necesidad de transgresión con el ansia de sentido y cierta predisposición al dolor y al malestar existencial. A tal punto esta dicotomía terrible que es casi casi como si fuera el hijo adoptivo de un matrimonio gay entre Julio Cortázar y Roberto Arlt.
He dicho.
Orígenes

Estos dos que van a continuación fueron los primeros textos producidos por mi seriamente. Fueron la semilla que más tarde germinaría en todo esto. En particular considero que el primero de ellos jamás sera superado por nada que yo sea capaz de escribir, quizá no en términos de calidad literaria sino más bien en términos de pureza emocional.
Pensé que pertenecían aquí, así que decidí agregarlos.


Sin palabras

Sombra. Sombras.
En la caverna que Platón edificó y a la que nos confinó.
Sombra en el mundo de las ideas.
Idea en el mundo de las sombras.
¿Realidad o ficción?
¿Gloria o tragedia?
¿Admirable condición o despreciable ilusión?
(¡Dios! ¡que concepto más esquivo!)
¿Y qué más da? No la necesito.
Sombra, sombra...

Están el Sol, la tierra de las ideas, la luz eterna y etérea
fuente de todo bien...
de hecho, ¿por qué
no acercarme más?, que me lo impide
más que estas cadenas
facilmente rotas por mis ideas, ideas afiladas
por siglos de hombres barbudos y con voz gruesa.
Sin embargo, estos hombres barbudos (tal vez
a causa de sus grandes barbas) , no pudieron ver
lo resbaloso del camino,
menos aún, lo subjetivo.
Fallaron al notar de cómo ese camino
no es más que una figurita repetida
en la mente de algunos.
Yo lo note. Y caí.
Al vacío, cegado.
Nada.
Nada.

De pronto
algo llama mi atención:
una luz (vos).
Se agita, todo se agita.
Yo, la caverma, las sombras.... hasta Platon y sus ideas.
Nada queda, solo yo... y la luz.
La caverna, esa eterna y terrible prisión, se desvanece
como simple oscuridad...
luz, belleza... cosas, no solo sombras
se descubren ante mis ojos.
Todo irradia luz y belleza
tu luz, tu belleza.

Tu luz todo lo toca, todo hace brillar.
Al llegar a mi, descubre, la descubre, descubre la sombra.
La esquiva y miseriosa sombra.
Amor, devoción, afecto, cariño, etc.: palabras.
No alcanzan.
No son suficientes, nada lo es.
Tu: luz, principio ontológico, fundamento existencial y razón de ser de todo.

Toda la belleza del mundo no es más que un reflejo tuyo.


Obscuridad

Nada. Nada.
Una ¿gran masa? de nada se extiende.
Inerte, impasible, inamovible: Eterna: Nada.
Un diminuto puntito de existencia
se cruza, desafía.
Significación concentrada,
pequeñísima
y enorme.
De pronto, la Nada es.
Ausencia... y algo más:
perspectiva.
Todo alrededor: sutancia, energía, vida...
no importa, nada importa:
es todo lo que hay.
...Pero tambien está
lo que no-hay.

¡Oh! Alabadas sean la obscuridad
y la creación inconclusa*,
pues desde ahí, todo tiene sentido:
lo que sea que puedas imaginarte.

*En realidad estos dos versos se los robé a Ursula Le guin, del libro "La mano izquierda de la oscuridad". Bah, a su traducción.
Silencio en una fría mañana de abril.











¿Necesito acaso decir más?
No pienso inclinarme
una vez más a este destino
de angustia y falsas esperanzas. No me importa
quién se beneficie; no me importa
cuál es el plan final,
ni las maravillas que mi
dolor supuestamente engendrará.
Demasiados remiendos tiene ya
mi alma; y mi voluntad
se esconde, humillada.

Tal vez
hable en vano.
Tal vez nada pueda oponer
a la divina perversidad divina, pero
al menos esta vez no representaré
la culposa comedia escrita
en mi libreto.
Lo que soy, poco
tiene que ver con mi.
Y sin embargo
-oh oscuro designio oscuro, chiste cósmico
divinamente cruel-
soy yo el carga con su lastre.

No quiero ya saber más nada
de este mundo de títeres
conscientes.

Pienso, pienso
y pienso
pero no se me ocurre nada
más perverso que un Dios.
Al menos yo tendría la
misericordia
de reducirnos a todos a cenizas.
Camina el niño impasible por las oscuras y violentas calles de la ciudad violenta y oscura. Camina y sus pasos, pesados pero efímeros, resuenan ásperamente, acompasándose poco a poco con el latido implícito de toda urbe al vaciarse ésta de sonidos. Camina y pronto es asediado por una duda harto específica: "¿Es esa silueta un hombre, o solo un triste objeto humaniforme, dispuesto ahí en esa forma y en ese lugar por Dios o cualquier otro ente ordenacosmos equivalente?". Camina, y el hombre antes inmovil emerge cual bestia de su guarida, y apoderándose del niño impasible, se adentra en la oscuridad, gruñendo incoherencias. Mientras, el niño, impasible y ligeramente aburrido, profiere: "Ah, era un hombre".
Sobre el paro del campo

Y si. Así, sin más preámbulos, vuelvo a reincidir -después de tanto, tanto tiempo- en el vasto y saturado campo de la opinología política. Las heridas están ya cerradas, y los idealismos: muertos, velados y enterrados. QEPD y todo eso. Ya puedo meter mis narices nuevamente sin miedo a nada. Creo que aquí se aplicaría la más trillada y malusada de las frases célebres, habidas y por haber, pero amplificada y mejorada (por mi): "Lo que no te mata -ni te deja lisiado de por vida- te hace más fuerte en cantidades proporcionales al dolor y desilusión experimentadas. Esto es, una vez efectiva y absolutamente recuperado del suceso, y solo si tal cosa sucede alguna vez." ¿Bien, no?. Vamos a ello.

Si, ya sé que se acabó, que lo levantaron, que pronto tendremos de nuevo comida ytodolodemásquesevayalcarajo. Pero paremos un poquito; antes de olvidarlo por completo, antes de seguir como si nada para luego indignarse cuando todo nos explote en la cara, de nuevo. Antes de seguir con nuestras vidas... ¿No deberíamos al menos intentar que salga algo bueno de todo esto? ¿No estaría buenísimo si pudiéramos no tropezarnos con la misma piedra unas diez mil millones de veces más? Los invito a que reflexionemos. Prometo que no dolerá (I'll walk you trough it).
Bien, empecémos con el concepto básico que este texto intenta comunicar: la democracia apesta. ¿Por qué? Pues porque el concepto básico de la democracia se basa en (corríjanme si me equivoco) el poder de la mayoría. La mayoría al poder. La mayoría como cuerpo homogéneo y representante legítimo del pueblo en su totalidad. ¿Y a quién se le ocurrió, digo yo, que la mayoría, habiéndosele otorgado poder, va a elegir lo mejor (para todos)? La última vez que me fijé, a nadie le importaba de verdad nada más que su propio pellejo, y el de uno o dos más de sus "seres queridos". Tal vez haya un par que consideren que está bueno tomar medidas políticas que nos beneficien a todos, como país... pero precisamante, son "un par", no la mayoría.
A lo largo de toda la historia documentada de la humanidad, y por lo que se sabe con el simple hecho de mirar y escuchar lo que tenemos alrededor se puede deducir con facilidad de que dado un grupo cualesquiera de grandes cantidades de gente, reunidas sin ningún criterio asociativo lógico (sino por estupideces, como la geografía y eso), la "mayoría" (esto es, por lo menos la mitad más uno) son completos imbéciles, en lo que a razonamiento y ética (sí, y ética) se refiere. Y si a esto le añadimos el hecho de que vivimos bajo el yugo del símbolo más poderoso jamás concebido en la historia de la humanidad (el dinero), nos vemos en necesidad de agregar un elemento más a la definición de democracia, cuando esta funciona de forma subyugada al poderío monetario. Sería, entonces, el poder de la mayoría y de cualquier entidad, ya sea individuo o agrupación de individuos, que posea cierto poder adquisitivo.
¿Por qué si no sucedería algo como esto? Es decir, el gobierno tomó, en este caso particular, una decisión acertada, de eso no cabe duda. ¿Acertada según que criterios?, dirán. Acertada según el único criterio válido a la hora de hacer política: el bien común. Existe una pequeña cosilla llamada economía, la cual requiere de extrema atención para que funcione adecuadamante, si es que eso es posible. Digamos, mejor, para que funcione lo mejor posible. Cristina FdK está haciendo algo bien (de pura casualidad por supuesto, ya que el que haya sido electa por el pueblo argentino no significa nada, una vez que el pueblo esté dividido en lo referente al apoyo a sus medidas) ¿y qué es lo que sucede? Los sectores que resultan ligeramente perjudicados, en aras de la construcción de una mejor política económica, salen a despotricar, enfurecidos, casi como si les hubieran quitado el derecho a vivir. Y es que les quitaron algo mucho más importante; pero no es este el momento de continuar con el futil intento de asesinato al Dios todoperoso, señor de la humanidad, sino de intentar pensar esto un poquito mejor, a ver si podemos mejorar las cosas desde la realidad que existe, ahora. Es decir, ¿no es este, todo este quilombo digo, el mejor ejemplo que tenemos de que la democracia apesta? No por el hecho de que que los sectores más poderosos sean los que tienen más dinero, sino por el hecho de la única arma a nuestra disposición contra el poderío de los concentradores de riqueza sea la cagada esta que llamamos democracia, el gobierno de la estúpida mayoría. Gracias a eso, gracias a que haya gente que haya opinado (sea por las razones que sea, y sea donde sea que esté parado, ciertas cuestiones requieren de la mayor objetividad que sea posible; o, si les gusta más, la mayor intersubjetividad que sea posible) que el paro del campo estaba bien, es que fue posible para ellos sostenerlo tanto tiempo como lo hicieron. No hay que subestimar el poder de la opinión pública: en la democracia lo es todo. Después del dinero, claro. Y no me vengan con educación para las masas, esos son idealismos, y en la realidad no hay lugar para idealismos, vayan sabiendoló. Menos que menos en el ámbito de la política. Las masas son estúpidas, punto y aparte. Las masas no se educan, las masas se guían, como a corderitos. Sí, es duro, y es facho, pero es. Y a aceptarlo se ha dicho.
No voy a proponer aquí y ahora un método mejor, más práctico y acorde a la realidad de hacer política. Solo quiero exhortar a quienes puedan seguir mi linea de razonamiento, que le dediquen un poco más de tiempo de reflexion a este asunto, y otros similares, así puedan opinar y actuar mejor y más sensiblemente a las necesidades de la Argentina toda. Me gustaría que me demuestren que la gente capaz de pensar es considerablemente mayor en número a la gente que efectivamente lo hace, y que lo ha hecho en lo referente a este asunto en particular. Me gustaría que me demuestren que somos suficientes para generar un cambio en este país, comenzando por el simple hecho de apoyar las pocas y raras medidas adecuadas que este gobierno (y otros por venir) toman y tomarán (con algo de suerte) en el futuro.
Eso es lo más urgente, y el motivo de esta exhortación en particular, en lo referente a este asunto en particular. Y está acá, y lo digo, porque es algo que yo todavía creo factible.

De revoluciones hablaré (y hablaremos) cuando me haya convencido de que efectivamente existe un número importante de gente capaz de ser reflexiva y consciente.

Acá hay información más detallada en lo referente al conflicto, por si gustan:
El ABC del conflicto agrario
Bajo mi piel

Cavar, con pala cavar. sangreAcarneLnervioMhuesoA.
Hasta el fondo cavar -desgarrar, chupar, morder, sudar-
y descubrir, así
el mundo ese que entró el día
que miré para otro lado.

Acaso el amor (el que buscaba
en cada centímetro cuidadosamente registrado
y etiquetado)
esté ahí, esperándome.

Ahí, en el cuartucho ese
amplio, y ligeramente oscuro (pese a la iluminación);
sin ventanas.
Ese, el que se llama alma.
Intento narrativo IV

Es decir, estos tipos estaban locos, no había duda de ello... pero lo hacían. Fuego salía de sus manos; sus cuerpos se transfiguraban sin mayor ceremonia; estaban allí y al segundo siguiente estaban detrás de ti con un cuchillo en tu garganta.
De sus interminables y variadas explicaciones al respecto él comprendió que se trataba básicamente de aquello postulado por las variantes más misticoides de la física cuántica: el mundo y sus reglas son el resultado de la co-creación por parte de los seres conscientes que lo habitan. Es decir que la física clásica relativista funciona únicamente porque la gran mayoría de las personas cree ciegamente en ella, o por lo menos en su aplicación práctica. Y segun estos tipos, esto no es el resultado de una progresión casual e inocente del entendimiento humano, sino que es producto del trabajo y la confabulación por parte de la agrupación conocida como Orden de la Razón, que con el tiempo llegaría a imponerse por encima de (o, debería decir, por debajo de) toda otra cosmovisión, instituyéndo así el orden actual del mundo y la así llamada Tecnocracia, que hoy regula el correcto funcionamiento de la realidad según lo estipulado por la Razón.
El caso es que esta gente decía ser la alternativa a esa hegemonía de la razón y la ciencia, ya que lo que proponían no era una visión fija e inamovible de la realidad, sino un principio de incertidumbre que buscaba sembrar la duda a fin de desestabilizar el orden reinante. Una vez logrado esto, decían, resulta factible disponer del espacio de libertad obtenido a voluntad, pudiendo así edificar una realidad propia. Por supuesto, no individualmente. Un loco solitario no puede exteriorizar lo que ve proyectado en el interior de su cabeza; y no solo por creer firmemente algo, este algo sucederá. Se necesita un grupo de gente que crea en algo para que esto se de efectivamente en el plano denominado realidad. Un conjunto de subjetividades medianamente organizadas posee la capacidad de imponer parcialmente su cosmovisión en este mundo. Luego lo que cada uno percibirá de esta hazaña, de este desgarrarse del paradigma imperante depende única y exclusivamente de cada uno, y de aquello en lo que esté dispuesto a creer en el momento.
Por supuesto que al principio le costó digerir lo que esta gente le decía. Pero al poco tiempo de haberse iniciado en el underground del ocultismo lo contactó una de las Tradiciones que lo conformaban. Se hacían llamar los Eutánatos, y como él, predicaban la belleza y necesidad de la muerte y del fin de las cosas en general. Así también eran capaces de percibir el Destino y sus caprichos, y habían previsto su despertar; lo esperaban desde hacía ya varios años.
Es como

poesía de papel ardiendo
en el fregadero
mientras un ángel se ríe
y el hombre se masturba.
Novedades

Qué raro esto.
Sentirte así, acá.
Como ráfaga de colores extendiéndose (más y más)
sobre mi piel blanquecina y reseca: quebradiza.
Como música, vibrando tenuemente y con ternura
sobre el silencio de mis pasos
(pero no sofocándolo, sino encástrandose,
encaramándose gentilmente cual tímida enredadera).

Tan innegable como la lluvia
en tu balcón, cada vez que
las infinitas incertidumbres cuánticas de cada una de mis
partículas,
de las tuyas, y las de la nube,
coinciden para permitirme
-así como si nada fuera- la
sencillísima
acción de besarte.

Soy, de pronto, algo más, y ni siquiera sé,
ni siquiera entiendo.

Allí, en algún momento, entre besos y miradas
salí por vez primera de la cueva espejada
que habitaba
desde hace ya tanto tiempo.
Esa cueva llamada yo, y que permanece
en mi memoria, exclusivamente.

Y ahora me pregunto, perplejo
que quién es ese que sonríe, que te besa
cuando estás y
te anhela cuando no.
Que recorre con sus manos el espacio vacío de tu cuerpo
contra el suyo,
entre sueños y entre días, indistintamente.
Que suspira y no piensa.
Que vive, y ya no pregunta
más.

Intento narrativo III

Comprendió entonces el orden subyacente del mundo, y lo llamó Destino. Se sorprendió bastante al descubrir que su rol en el era uno de los más influyentes. Fue en ese preciso momento que, aturdido, sufrió intensamente y como nunca antes por todos los errores cometidos a causa de su atroz -e imperdonable- ignorancia. Cada uno significó un mundo de dolor. Finalmente había comprendido el porqué de su "mala suerte" en cada intento de suicidio, y eso fue, digámoslo así, sencillamente demasiado. Enseguida cayó al piso de rodillas, implorando perdón. Fue entonces que percibió -digo percibió porque ni él mismo está muy seguro de si la oyó, vió, olió, saboreó, tocó o pensó- una voz; era dura y fría, y él la adivinaba más antigua que el mundo. Una voz que no pudo desobedecer: "Levántate".

Sintió entonces en cada fibra de su ser lo que desde siempre había sentido en cada fibra de su ser, pero intensificado. Ya no había duda: el mundo estaba por acabarse y él lo vería todo en primera fila.
Tenía por vez primera algo por lo que vivir. Algo más que su propia muerte, digamos.

Abrió los ojos. Sin necesidad de prueba alguna, sabía que albergaba dentro de sí el poder para ser un sirviente del Destino; para encausar este mundo hacia su justo final, y para librarlo de la peste que lo envenena, interrumpiendo el ciclo de la vida. Aquellos que reniegan de su propio fin: los muertos que aún caminan.
Arcam dice:
cómo estás?

Vanryu (el cadaver putrefacto de mi pasado en flor) dice:
yo? supongo que bien.

Vanryu (el cadaver putrefacto de mi pasado en flor) dice:
no sé: el sueño lo acapara todo.

Vanryu (el cadaver putrefacto de mi pasado en flor) dice:
pero por una simple revisión lógica de mis actuales circunstancias, digamos, funcionando como el centro este presente en el que escribo y realizando sobre él una circunferencia temporal de considerables dimensiones (abarcando así una porción del pasado y otra del futuro), luego comparándolo todo con otras épocas y sus circunstancias y usando de referencia estándares de calidad anteriormente definidos, como que podría decirse, con un margen de error potencialmente infinito, que estoy bien.

....
El estudiar ciencias duras deja su marca, evidentemente.

Dudo que este blog lo sobreviva.
Sobre hoy, el día de gastar dinero poniendo como excusa al Amor

Hoy (hoy, si, porque -como todos saben- el día no termina a las 12 de la noche, se termina cuando Aye se va a dormir) es día de San Valentín, del Amor; de toda esa verga, en definitiva. Si. ¿Y? ¿Quién ama, hoy? ¿Quién es capaz de sobrellevar exitosamente ese torrente de emociones, de colores, de belleza en su estado más puro y doloroso?
Un tiempo ha, yo veía en cierta persona la personificación del amor en este plano de existencia. Ella amó tanto, tanto. Tanto. Y fue correspondida y todo. ¿Por qué eso no fue suficiente? ¿Por que no fue suficiente la segunda vez? ¿Por qué carajo ella, la prueba fehaciente, viviente y escribiente de que había una luz al final del tunel para mi es ahora una más de las que se conforman con un te quiero mucho, y que edifican una vida sobre eso?
Dudo que haya esperanza para mi. Hace tiempo que lo sospecho, dada mi facilidad para ahuyentar precisamente aquello que más deseo. Pero recientemente se me ha dado por pensar que tal vez no haya esperanza para nadie. Miren a su alrededor: el amor no sobrevive. En el ¿mejor? de los casos aguanta un rato, para luego degenerar en hastío y mezquindad. ¡Pero no desesperen! En su lugar ha sido diseñado por las mejores mentes marketineras del planeta un "sentimiento" mejor, más facil y menos riesgoso. Te ahorra millones de dólares en dolor (que los pañuelos y el helado no son gratis, che; las putas tampoco) y viene gratis con cada tarjetita de San Valentín.

Estamos podridos por dentro, chicos. El mundo es una gran maquinaria de muerte y dinero, y el placer superficial, instantáneo y risk-free lo ha consumido todo. Aceptémoslo.

Feliz día de San Valentín [imaginen una gran sonrisa bobalicona (nunca hay que descuidar las apariencias, o exisitiría el riesgo de que surja algo verdadero).].


*Sabrán disculpar el pesimismo, pero es la única forma que conozco de combatir todo el plástico que flote en el ambiente.
"¿Y bien? ¿Por qué el ente,
y no, más bien, la nada?
¿Qué es ser? ¿Qué es
es?
¿Qué significa que pregunte que
que significa que pregunte que
que significa que pregunte
por el ser?"
Todo esto y más se preguntaba Seraí, cejijunto.

Por suerte, un ente más bien rocoso, que a lo largo de su existencia jamás se había preguntado qué carajo significaba el concepto humano llamado -a raíz de una serie de de eventos absolutamente azarosos que ni vale la pena mencionar- ser, tuvo el buen tino de caer precisamente encima de Seraí, el humano, resolviendo así su dilema de forma aplastante.
Hoy leí el guardián entre el centeno; bueno, hoy no, ayer, pero como diría Julio, esto lo estoy escribiendo ayer. Y con leerlo, me refiero a leerlo. De principio a fin en una sentada che. Hoy, la playa (donde lo leí) fue para mi nada más que tinta y celulosa; bueno, también vi un par de culos, pero qué gracia tiene la playa sin los culos de las minas, prácticamente al descubierto. Mejor que eso, diría. Es decir, todo eso de que que lindo es el mar, la belleza del mundo, la magia y todo eso... como que te aburre después de un rato. Los culos, en cambio, no.
Bueno, como les decía, hoy leí el guardián entre el centeno, y descubrí que tengo madera de asesino serial. De verdad. Pero eso no es lo que importa, lo que importa es que también descubrí que el único consuelo que tenemos en la vida es el tiempo. El tiempo nuestro, digo. Nuestra temporalidad. La muerte, en definitiva, como hecho inexorable. Pero eso no tiene nada que ver con lo que dije acerca de que tengo madera de asesino serial. De verdad. Mi punto es que de todas las cosas que podemos hacer, o no, de entre todas nuestras posibilidades digamos, la única segura es la muerte (esto último es Heidegger). Entonces, en esos momentos en que la desesperanza se abre paso, con cada posibilidad que arruino (por imbécil) o de la que me abstengo (por cobarde), me sirve pensar en la muerte. Y en el hecho indiscutible de que algún día me librará de todo esto.
Solo entonces encuentro la fuerza para encarar toda la mierda, y hacer algo al respecto de mis constante frustraciones.

Bueno, ya sé que no servía de nada decir todo esto, pero tenía ganas. Peor sería que saliera a matar, ¿no les parece?. Me sirvió como catársis de toda la locura que me dejó el librejo ese. De verdad.
Descartes estaba equivocado

Sentado acá, en la playa del mundo
mis sentidos se demoran en el delicioso estruendo
(cadencioso, cual latido).
Es la furia, demostrándose.
Es en sí su propia justificación: un tratado
metafísico incuestionable.
¿Preguntas?

Es la furia del mundo, solo eso (lo demás
se desprende de ahí).
Si uno lo piensa bien es más o menos como morir, esto.
Es decir, según Heidegger la vida es un proyecto ¿no?, un proyecto con un número limitado de posibilidades. Ahora, la muerte, también en palabras de Heidegger, vendría ser algo así como "la posibilidad de la imposibilidad de toda otra posibilidad". Entonces podríamos decir con bastante certeza que el no hacer todo lo posible por alcanzar una posibilidad que deseamos ver cumplida, transmutándose así su cualidad de posible en imposible, es una forma de suicidio en menor escala.

Listo (ahora solo me queda averiguar por qué carajo me odio tanto).
"Te presté un corazón loco, que se dobla con el viento y se rompe"
Andrés Calamaro

(A vos. Porque el amor se muere, pero está. Siempre.)

Y de qué me sirve, digo yo
estar entero y maduro
si maduro y entero me pudro
en el suelo, junto a vos.

Intento narrativo II

me decidí a continuar la narración que publiqué hace un tiempo. No es que sea un requisito, pero para los que vayan a leer esto, tengan en cuenta que tal vez entiendan más leyendo el anterior, y que leyendo este tal vez entiendan más el próximo.

Entonces despertó. Por supuesto, no me refiero a que abrió los ojos, se desperezó y –rascándose y estirándose- se levantó para lavarse los dientes, desayunar y demás tareas matutinas, todas con el difuso fin –no inmediato, claro, sino más bien a la larga- de lograr alguna clase de estado (si se lo quiere llamar así) al que los homo sapiens suelen referirse con el nombre de felicidad. No. Él acababa de asesinar a su hermana, y sin ninguna clase de remordimiento salía del cuarto donde había sucedido todo. Fue entonces que despertó.

Es decir, él siempre había sido un chico raro. Su padre el filósofo aseguraba que tenía una gran cabeza, pero completamente desperdiciada, por supuesto. Siempre filosofando sobre la muerte, sobre el fin de las cosas. A menudo forzaba conversaciones con la gente, interrogándoles sobre sus posturas con respecto a su propia muerte. Siempre buscando a alguien que lo entendiera, que pensara lo mismo que él sentía –desde tanto atrás como podía recordar- en cada fibra de su ser. Siempre quedaba horriblemente desilusionado. Con el tiempo aprendió que estaba solo. No era tonto, así que no le llevó demasiado: a la tierna edad de doce años, y luego de un desastroso intento fallido de suicidio, dejó de hablar por completo. Esto evidentemente le ganó muchos problemas, y al poco tiempo comprendió como uno de los mayores impedimentos que tiene un hombre en su vida es aquello mismo que la hace posible. Sus padres se aliviaron tanto cuando volvió a hablar, tanto miedo tenían de que lo mismo ocurriera otra vez que cedieron al niño todo el espacio que este requiriera. Con solo oírlo hablar unas tres veces por día se daban por satisfechos, y lo dejaban tranquilo. Y así transcurrió su adolescencia, con sus padres observándolo desde lejos, e incontables intentos de suicidio, todos frustrados por lo que en apariencia era algo así como una increíble mala suerte. Con el tiempo dejó de intentarlo, cansado de fallar todas y cada una de las veces: se sentía, por supuesto, un completo inútil. Si, él siempre había sido un chico raro, depresivo y suicida. Pero nadie nunca podría haberse imaginado en lo que devendría, ni siquiera él.

Su hermana, por otra parte, siempre había sido buena con él. Era la persona con la que más se había relacionado durante su vida entera. Su único refugio. Entonces apareció, una noche, cubierta en sangre. Ésta chorreaba desde su boca abierta, y habría que haber sido ciego (o un escéptico increíblemente terco) para no notar los colmillos que sobresalían su labio inferior. No sintió miedo ni extrañeza, solo deseo. Se encontraba ya en la cúspide de su despertar sexual y no pudo evitar sentir una gran atracción por esa… cosa. No era su hermana, eso estaba claro. Era mucho más bella, y brillaba con un resplandor sobrenatural. Esa fue la noche que perdió la virginidad, la misma en que sus padres murieron. Él encontró los cadáveres al despertar al día siguiente, junto con una nota: “Todavía no. Búscame cuando estés listo.” Al dorso de la nota podía leerse una dirección.

Cinco años después, él se encontraba saliendo del departamento al que correspondía dicha dirección, con un hacha ensangrentada en su mano y una gran sonrisa en el rostro. Fue entonces que despertó.

Mi sed

Somos la sombra de la piedra.
La sombra del polvo de la piedra.”

Ernesto San Millán

A Julio Cortázar

Balanceándome desenfadadamente en la exquisita rama,
saboreo detenidamente y con deleite hasta la última gota de savia.
Su abanico de sabores, tanto dulces como amargos, pronto saturan mis múltiples paladares.
Y mi ser rebosa de satisfacción. Y la sed
es una mentira más,
de esas tramadas en las profundidades púrpura de lo onírico.

Sin embargo, el estar condenado a la existencia
tiene, evidentemente, sus desafortunadas consecuencias.
Yo y Jai Singh lo sabemos: anguilas, estrellas y hasta el sol y el más patético de los
insectos
se ríen de nosotros, que mediante la elaborada
y caprichosa maquinaria que llamamos lenguaje,
apenas rozamos la superficie de eso que ellos
son
así, sin el menor de los esfuerzos.

Pronto
la sed arriba nuevamente a mis costas.
Pedante, como siempre, me mira sin vergüenza a la cara,
como interrogándome sobre cómo planeo satisfacer esta vez
su eterno reclamo.

A lo mejor, Julio, es en ese vaivén histérico
que reside lo fundante, lo característico
del bicho que llamamos hombre.
Porque somos hombres, Julio
y no agua, ni savia, ni árbol.
Ni anguila ni estrella.
Y nunca vamos a dejar de tener sed.

Peregrino, así, al fondo de mi mismo.
Con la terca esperanza de encontrar nuevamente el árbol
de la poesía.

Finalmente comprendí por qué disfruto del frío


El frío me condensa.
Hace frío, y ya no soy muchos.
Hace frío, y perece la polisemia de mi alma.
Hace frío y soy uno.
Y caigo.
Pero no al vacío.
Mundo, mundo.

El calor cancela todo eso.
Hace calor, y de pronto no soy más que otra alma alada y dispersa.
De esas que abundan. De esas que hieren.
Floto impertérrito por sobre todas las cosas,
y me río de los terrestres y sus rostros llenos de dolor.

¿Cuánto tiempo llamé
fuerza
a la oportuna capacidad de saltearme lo áspero del camino?

¿Qué es la Nada sino el aire
sin ataduras ni obstáculos,
sin peso alguno?

Dicen por ahí que las mujeres son más emocionales que racionales, que piensan con el corazón. Opino que esto es incorrecto. Los hombres enamorados piensan con el corazón; las mujeres, enamoradas o no, piensan sobre el corazón. Racionalizan la experiencia sentimental: les ponen reglas, limitaciones. Filosofan –consciente o inconscientemente- sobre sus porqués, sus causas y sus fines. Maquinan, especulan, tuercen. Y todo lo que toca su mirada es transformado al instante en lo que sea que les resulte más cómodo.

Las mujeres son las precavidas del corazón. Lo guardan celosamente de todo peligro, y tienen miedo todo el tiempo. Miedo de que se rompa, de que sangre. Esto –sobre todo esto- es lo que más risa me da. Solo las mujeres (y los cobardes) tienen miedo de lo inevitable.

Oh, alegría de lluvia veraniega
cayendo sobre nuestros cuerpos, ávidos de sí mismos
y del otro (pero sobre todo de sí mismos).

No diré que la felicidad fue absoluta,
que que linda es la vida y el mundo tal vez.
Esa clase de perversión es propia de mentirosos, de ingenuos y de mujeres.
Si diré que hubo momentos (gloriosos, gloriosos momentos)
en los que yo era mi boca y mi cuerpo todo
y no mi cerebro
ni mi alma.

Quiero ser mundo

Esto lo escribí hace poco, en una de las tantas noches oscuras de mi vida. Ahora lo publico por respeto a lo que sentí entonces. Después de todo, mi oscuridad es una gran parte de lo que soy, y no estaría completo sin ella. Lo mismo se aplica a este blog.

Quiero desvanecerme, borrarme.
Quiero morir. Quiero no-vivir.
Quiero que no quede rastro alguno del error que fui.
Quiero deshacerme en partículas
y asentarme mundo.

Asqueado estoy
de mi empecinada humanidad.
Nada quiero saber ya con vida alguna.
Deseo nada más que ser uno con el mundo. Retornar a él.
Entregarle lo único en mí que tiene alguna clase de valor.

¿Por qué?
Pues porque he sido bendecido con el más cruel de entre todos los destinos:
la libertad de forjarme el mío propio.

Dícele el amante a su enamorada vibrante:
“Calla ya, mujer.
No es tu mente lo que anhelo.
No precisamente.”

Así el mundo me reclama, en susurros apremiantes, cada vez que el silencio y yo conspiramos contra él.

Has fallado, me dice.
Has fallado y debes regresar.
Y si.
Los domingos siempre son secos de este lado del arcoiris.

.
¿Llegará el día en que no pueda distinguir entre la lluvia y tu sonrisa?
Y entonces ahí
ahí entre medio
lo inabsoluto despierta de sus sueños de grandeza
despierta a la ¿triste? realidad de sus propias limitaciones.

Despierta para siempre.

(sonrisa)

Ay
de los tiempos del corazón.
Que nada saben ni entienden de razones o relojes.
Y siempre (pero siempre) nadan contra la corriente.

Ay
del infierno oculto
detrás de tu sonrisa, amor.

Y ay también
de ese páramo, helado y lluvioso.

Lo bueno es que no importa.
Lo bueno es que mi corazón
no se deja amedrentar.
Ni por vos ni por nadie, amor.
Vive por si, para si
en su propio tiempo
en su propio mundo.
Y ay de aquel que pretenda despertarlo.


Lo bueno, amor
es que ya se adivina la lluvia en tu sonrisa.

entonces es así
es un entre
un ver lo inabsoluto en su absolutez intrínseca
o
uncaminarbajolalluviacuandonollueve.
pensar, solopensar hasta darse cuenta
que tras el bello y difuso velo del deseo inconsumado
hay algo asi como una nada pesada y molesta
aburrido sopor de una seca tarde de domingo
que poco a poco mella un hueco en mí o en el mundo
hasta caer por el
en silencio.

[hoy me siento normal
y eso no me gusta nada]
Recientemente logré cumplimentar una de las grandes ambiciones de mi vida: escuchar a Regina caminando bajo la lluvia. Y me gustaría decir que ahora podría morir feliz, pero no es cierto. Si me hubiera muerto en ese momento, tal vez. O inmediatamente después. Pero desde el momento en que se agota la lluvia mi cerebro vuelve a funcionar; retorna indefectiblemente a la triste soledad de sus cálculos monstruosos. Que esto me falta, que esto no hice, que esto si hice y la putísima madre que soy pelotudo che.

Pensar está sobreestimado.

Ojalá mi raciocinio se suicide de tristeza.
Dios es cadencia y ritmo.
Esa ventana repiqueteando
en imposible melodía.

Dios es belleza,
ese orden azaroso (milagroso);
es Darwin, y todo aquello que
late
en desafiante armonía.

(Dios es amor,
esa locura fantástica)

Dios es
lluvia y nieve y viento y sol
y todo aquello que

te toma por sorpresa,

te despierta,

te desarregla la camisa

y te alborota el pelo.

Corre, canta, llora

Arráncale a la noche hasta el último de sus pulmones.
Aplasta la distancia bajo tus pies.
Empápate de negrura y grítale al viento.
Haz un hueco en ti, y deja que la tristeza del mundo entre por él.
Hasta inundar tu alma. Hasta que las lágrimas caigan negras
y tus ojos se desborden.

¿Duele, dices?
Bien.

Ahora, ¡baila!
Llueve

Sé que estoy a salvo aquí, en mi páramo de la lluvia eterna. Donde llueve todos los días, todas las tardes y todas las noches. Y todos los días es maravilloso. Y todas las tardes es maravilloso. Y todas las noches también.

Sé que nadie puede alcanzarme aquí, en mi páramo de la lluvia eterna. Aquí llueve todos los días, todas las tardes y todas las noches. Excepto por un pequeño intervalo: el minuto después de medianoche. Ahí toda lluvia cesa, y el tiempo es exactamente el suficiente para recordarla con nostalgia. Y justo cuando estás por desesperar -comienza de nuevo, salvándote.

.

Todos están tan aterrados de vivir. Tienen tanto miedo de que la lluvia los despierte de sus ensoñaciones siemprefelices. Miedo de que lave su maquillaje y se lleve todas sus cosas. Miedo de sentirse vivos, de verse los rostros desnudos y tan hermosos. Miedo de verse por vez primera los unos a los otros y no poder evitar notar el simpático rostro de la muerte sonriéndoles desde cada mirada de ojos límpidos y brillosos. Por eso es que jamás osarán manchar con su presencia mi santuario de agua. Por eso es que siempre estoy solo, en mi páramo de la lluvia eterna.

Pero eso está bien. Sé que Ella está ahí fuera, me ha parecido verla un par de veces. Entre la lluvia, disfrutando.
God is in the rain
said the cute
skin-headed girl

God is in the rain, she said
and I know she was right.

'Cause I have God all over me right now
- and it feels great.

My skin dances whith joy at it's touch
and so does my heart.

I have God all over me right now.

Around my skin
and inside my heart.

And in my shoes, too.
Distancia

Mi dedo roza tu brazo.
Una, dos, tres veces.

Mi brazo roza tu dedo.
Y todas las lágrimas se secan (derramadas y por derramar).

Tu dedo roza mi brazo
y la distancia
ruidosamente se disuelve
en delirio febril (aquel que llamamos felicidad)

Tu dedo rozó mi brazo
- o mi dedo tu brazo,
antebrazo, cuello, boca,
etc.-

Mi dedo rozó tu brazo.
Y eso es todo lo que tengo para decir.

-
Como desearía
que la distancia que ahora se impone
bajo el pretencioso seudónimo de realidad, fuera solo
un llano desierto, amargo y vacío.
Acaso una imposible carrera de obstáculos.

Pero no este impiadoso
huracán turbulento (torbellino de otrosrostros, ajenos a ti)
que pronto me sacudirá de mi.
Desmintiendo así hasta la última palabra de esta ilusión comvenientemente conmovedora, relativamente verdadera.
Desmintiendo así hasta el último vestigio, hasta el último recuerdo fiel (no real)
de mi dedo, rozando tu brazo;
y del exquisitamente perturbador sonido de la distancia al quebrarse
en finita infinidad de pedacillos,
duros y filosos como el vidrio, pero tan ligeros
como el viento que ahora se los lleva.

[Y el hueco en mi cabeza (¿en mi corazón?)
que gotea
hasta vaciarme de todo.]
Lilith


Oh, progenitora.
La diosa oscura.
Tuyo es, en verdad
el reino de los cielos.
(aún si jamás lo reclamaste)
Desde los oscuros recovecos
de tu Luna Negra
nos observas e incitas, celosa.

Tu hermano y su costilla
indignos son.
Sumisos al tirano Padre, aquel que nunca
vivió.
Sumisos aún en su desobediencia.

Su prole aún
infecta el mundo
con su benévola decrepitación.
Con su muerte en vida.

Tu, que elegiste el exilio.
Tu, que invocaste
el nombre del Padre, ausente ya,
elevándote así a su altura
en divina rebelión.
Tu eres la única digna.


(... y el nombre de Dios
todavía resuena en
los pliegues de este mundo,
y en tu boca,
congelada para siempre en la osada mueca,
madre de toda la vida.)
Sobre el amor

"Siempre tenemos un vacío, algo perdido en nuestras mentes. Produce el hambre dentro de nuestras mentes. Produce ansiedad y miedo dentro de nuestras mentes. Todos temen a la oscuridad en sus mentes, y el que trata de escapar, trata de borrar. Así es como vive la gente. Pero nadie puede escapar de eso nunca"

"A nuestra mente le falta algo. Así que le tememos. Así que nos preocupa. Así que intentamos ser uno. [...] Uno no puede vivir sin ser rodeado por otros. Uno no puede vivir solo. Uno siempre es único. Causando dificultades. Causando tristeza. Causando el deseo de sentir la mente y el cuerpo de otro. Causando el deseo de convertise en uno."
Neon Genesis Evangelion*


Todos estamos solos, si. ¿Es esto irremediable? Si, lo es. Y eso -precisamente eso-, me atrevería a afirmar, es la clave de todo.
En tanto seres incompletos, estamos irremediablemente destinados a buscar, durante toda nuestra vida, al Otro. Ese Otro que vendrá a completarnos, a componernos en idónea perfección. Esto se da desde el mismo momento en que sentimos por primera vez el deseo de abandonarnos a la piel del otro, de ser uno con él. Ahí es cuando nos damos cuenta. Tomamos conciencia de nuestra soledad, y la sufrimos. Irrremediablementa la sufrimos, tarde o temprano. Asimismo, y de sentir alguna vez ese contacto íntimo (y conste que estoy hablando metafóricamente), de lograrlo, tendremos asegurado nuestro destino: jamás podremos ser sinceramente felices hasta haber logrado repetir (o recrear) ese instante. Podemos ignorarlo, claro, de la misma forma que podría suicidarme si quisiera, pero si somos honestos con nosotros mismos descubriremos que éste es un impulso que no podemos obviar.
Lo triste del asunto es, sin duda, que esto no es posible más que por un instante. "Such a thing is not meant to last...". No puede perdurar, nada perfecto perdura en el tiempo. En tanto es algo que en si mismo está ya consumado, no necesita perdurar, y se disuelve al momento. Cuando esto sucede, cuando el vínculo al fin perece, sentimos -de nuevo- esa tristeza. Sentimos dolor al rompernos. Estamos, una vez más, completamente solos. Y esto nos lleva a buscar una vez más esa conexión. Y así, durante el resto de nuestra existencia.
Supongo que no me equivoco al pensar que muchos de nosotros lamenta esto, que lo considera un grave defecto. Yo no lo veo así. Yo creo que esto, este fenómeno que llamamos amor, es la razón detrás de toda acción humana, de todo emprendimiento. Todo lo demás se pensó para eso, en pos de eso. O bien es una distracción.

Yo creo que ahí, en esa danza, en ese histérico acercarse y alejarse; ahí, entre el goce de la unidad y el dolor de la separación, se da aquello que llamamos humanidad. Ahí sucede ese inexplicable fenómeno que llamamos vida.

*animé creado en el 95 por Hideaki Anno.
Ángel

En el silencio
de tu mirada blanca (negra, acaso)
culpable de feliz inocencia no premeditada
moran
ciertos demonios.
Demonios rojos, negros, verdes;
demonios felices, demonios avaros;
demonios que
comen, glotones;
y se atragantan, glotones.
De ellos yo busco salvarte
con mi mirada negra (blanca, acaso)
culpable de triste comprensión.
En ella habita
cierto demonio (blanco), con grandes alas (blancas)
que nacen de su espalda.
Este demonio, condenado con un alma,
se retuerce en su oscuridad
pues está avergonzado de ella.
Por eso es que busca salvarte,
por eso es que quiere salvarte
por eso -necesita salvarte.
Y así
salvarme.
Otro diálogo de mentira

- ¿Qué te pasa?

- Nada.

- No, en serio. Decime.

- Ya te dije, nada. Nada importante.

- No te creo.

- (suspiro) Es solo que me molesta.

- ¿Qué te molesta?

- Saberme un inútil.

- ¿Un inútil?

- Si, un inútil

- ¿Para qué?

- Para esto.

- ¿Para esto? ¿Qué es esto? ¿Esto qué?

- Vivir.

- Ah.

- ¿Ah? ¿Eso es todo?

- Bueno, tranquilizate. Ya vas a aprender.

- Si, eso me digo, pero no funciona. No aprendo. No cambio. No nada.

- Tranquilo.

- Tranquilo las pelotas. ¿A dónde carajo se supone que voy a ir desde acá? ¿Eh? ¿Acaso me podés decir, vos? ¿Acaso vos tenés la respuesta?

- No.

- Si, eso pensé.

- Pero tampoco creo que encuentres a nadie que te diga que hacer. Tenés que descubrirlo vos mismo, así es como funciona.

- Si, tenés razón.

- Que bueno que estemos de acuerdo.

- (llorando desconsoladamente) Si, que bueno.
Desahogo

me siento vacío.
dentro, éste me consume.

ruido, ruido negro.
en mi cabeza -taladrando.

no, esto no cambia nada.
no cuando ese otro al que me dirijo no es más que sombras
y viejos espectros del pasado.
una idea, más que otra cosa.

(debí haberme percatado de lo difuso del camino, de lo tenue de la luz)

de nada sirve rendirle pleitesía a un Dios muerto.
lo mismo a un Otro inexistente, impresente.
con su rostro desdibujado por la distancia
y el paso del tiempo.

---
Ya no te debo nada. Ahora lo sé.
Sobre la soledad

Todos estamos solos. Patética, asquerosa, terriblemente solos. Pero esto ya lo sabían ¿verdad? De seguro, si estás leyendo esto -y no llegaste aquí por error o azar- ya tenés perfectamente asumida -como cualquier ser pensante del universo conocido (al menos del universo occidental)- tu horrible, horrible soledad. Bien, es un comienzo.
Ahora, imaginémosnos a los dichosos imbéciles que pasan sus vidas inmersos en una continua e ininterrumpida búsqueda de autosatisfacción inmediata, sin siquiera enterarse de este problema que nos acecha a todos. ¡Ah!, la bella, dulce ignorancia ¡Qué tentación! Pero... ¿es esa la solución? Despues de todo, qué es la crisis de la mediana edad sino el estridente alarido de las mentes vírgenes ante un súbito e inesperado saberse arrojado en la más patética, solitaria y absurda de las existencias. Allí es cuando
el concepto intuitivo del Otro como a un ente al que debemos respeto sucumbe frente a la noción de que estámos horiblemente solos... y que en verdad nada importa más que yo y mi propia satisfacción y comfort. Y luego el mundo que se cae a pedazos... y todos preguntándose por qué. No, no podemos escapar de ello. Es hora de afrontarlo, chicos: no somos autosuficientes. No, ni queriéndolo. Ni desándolo. Ni creyéndolo. Estamos rotos desde el vamos. Somos seres partidos, miseráblemente desechos. Somos negra, profunda, impenetrable oscuridad. Y por ella caminamos, dando tumbos.
La única posible interrupción es la otredad. No necesariamante del Otro en persona: cualquier cosa que un otro ha desprendido de sí (o desde sí) puede ser una fuente de luz. Yo, por ejemplo, tengo una predilección por las palabras y alguna que otra música (aparte de ciertas cosas que ahora mismo arruinarían el tono de la disertación); pero, en verdad, puede ser cualquier cosa. Cualquiera de entre las innumerables -e infinitas- formas de arte*.
Pero, por supuesto, la Luz por excelencia, o, debería decir, el faro que proyecta la luz, es el Otro en persona, ese que con su mera presencia desafía todo impulso solipsista. Allí, en su rostro, naufragan todos los egoísmos. Él es el Faro. La fuente de luz que descubre todos los caminos.

'Pero ¿por qué?' se preguntarán. Verán, la oscuridad de la que hablo hace referencia a la insoportable libertad del alma humana. Ante la muerte de Dios o de toda concepción moral objetiva, ya nada importa demasiado. Nada supone un freno a nuestros excesos. Nada. Todo es tan asquerosamente relativo. El Otro presenta una alternativa. El Otro, ese otro tangible, tan distinto a mi, adviene como una obligación, como un reclamo. Yo le debo a ese otro: le debo mi asistencia, mi respeto. Si, lo sé: extramademente levinasiano lo mío. Pero yo, al contrario de Levinás, opino que esto no es un deber insoslayable. De hecho, es perfectamante ignorable (echen un vistazo al mundo, sinó). Además, todo eso de la ética como fundamento ontológico no me lo trago; o, más bien, no creo que importe un comino, no mientras podamos decidir en contra. El Otro, en cuanto tal, nos presenta una posibilidad real y tangible de comportamiento ético. Nos presenta un camino a seguir. Esto es lo que yo rescato.

*Nótese que mi concepción del arte se extiende a virtualmente todo lo que un existente produce hacia afuera, es decir, en el mundo.
Deseo

no un faro,
pero serlo.
De otro, que habla mejor que yo
para vos, como siempre

"
Crevel desconfía y lo comprendo. Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palabras. Apenas nos separan unas horas y unas cuadras, y ya mi pena se llama pena, ya mi amor se llama mi amor... Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atras abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de pronto cualquiera de nosotros. Todo esto se lo voy diciendo a Carvel pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las palabras que solo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos, o llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido asi todo el tiempo, lacerándonos dulcemente? No, no hemos vivido asi, ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a sentir que me entregaba a una vida profunda de la que solo tocaba el agua terrible con la punta del pie. Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa goondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es un desorden más que para mi, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algun día como ven tus ojos."

De Julio C. y su Rayuela.

Al final
en este mundo plagado de dioses
muertos
la tierna indiferencia
no es más que arena en mis ojos
ciegos
e insensibles.
¿Quién sabe, si , en definitiva, todo ha valido la pena?
Tal vez
desesperación y dolor
no sean los portavoces
de un porvenir mejor.
Tal vez
yo ya esté muerto;
y estos, los delirios del último minuto de mi conciencia agonizante,
estén prontos por terminar.

Al menos, confío en que
mis dudas
valen cuando menos
lo que un cabello de mujer.

Viejo
Recientemente, mientras revolvía entre mis cuasi-incomprensibles garabatos, encontré esto. Es bastante viejo, de la época en la que era todo sobre lo que escribía. Me dije, ¡hey! no está tan mal; y resulta un buen resumen de lo que es la historia de mi vida, asi que decidí ponerlo.

Nunca estuve contento, nunca satisfecho.
Y por eso escarbé;
escarbé, escarbé y escarbé.
Y caí, cegado
(Nada,
Nada).

-
Oh, la desesperación.
La terrible y fatídica
Náusea.
(si, aún antes de leer a Sartre)

Todo ha acabado,
si.
Todo.

(Muero)

-
[¡Momento!

Allí, una luz.
Vamos, rápido.
Yo puedo lograrlo.

Y así lo hice
-estoy muy feliz.

Pero
¿Por qué la luz se aleja,
y la oscuridad se ensancha?
¿Qué es ese sonido?
...

Esta vez, todo ha acabado.
Nunca podré
escapar.
No realmente.]

[] = repetido hasta el infinito,
más uno.

-
¿Y si la acepto
y me abro?
...

(la Nada se presenta y yo me abro a ella en eterna y divina comunión, dando a luz asi al mundo que ahora habito)

Oscuridad impenetrable.
Y un camino, hecho de palabras.

Este es mi hogar ahora.
Intento narrativo

La habitación estaba a oscuras. Todavía no había caído la noche y aún podía notarse en el horizonte un leve tono rojizo; sin embargo, la mala localización de la ventana impedía cualquier tipo de iluminación natural. Y las luces, como siempre, estaban apagadas. Nada allí se movía. Nada hacía el menor ruido.

-Cada cosa lleva en si su fin –dijo él, de repente- no puedes no verlo.

Ella se estremeció.

-Sí, hermano; pero…

- ¿Es que no lo ves? ¡Mira! –dijo, señalando ávidamente la puesta de sol- ¿no es acaso lo más bello que has visto jamás?

-No, hermano; no tiene por qué ser así. Mírame, ¿no soy yo la cosa más bella que has visto jamás? Estoy muerta y sin embargo sigo aquí. Más bella y mejor que nunca.

Él la agarró por los brazos y acercó su rostro al de ella, furioso.

-¡No! Solo lo finito es bello, solo lo finito es válido. Es el fin lo que redime la existencia de todas las cosas. Sin un fin, no eres nada.

Sus ojos se abrieron, vidriosos. Temblaba.

-¡No! Hermano… por favor…

-El fin –dijo él- es el momento más bello de todos. Disfrútalo.

Los sonidos de la madera astillándose y de la carne desgarrándose precedieron al potente alarido sobrenatural que lo inundó todo. Ella se desplomó, inerte.

-Cada cosa lleva en sí su fin. Cada ser viviente debe morir, o su existencia habrá sido en vano. Muere, criatura, y retorna al flujo.

Una ráfaga metálica cruzó el aire y la cabeza saltó limpia. La sangre manó: roja e indiferente. Bellísima.

-De nada – dijo, y cerró la puerta tras de sí.

Desearía
tanto
poder escribir el mundo.
Vuelvo (versión 1.1)

[eliminado, por deshonesto]
...

El tiempo se detiene;
me pregunta: ¿bajas acá?

Yo no sé que responder,
y me quedo mirándolo.
Ahora bien, digámoslo. Esos bastardos de mundos paralelos que ostentan alguna antigua semejanza conmigo deben de ser los cabrones más felices y satisfechos de esta tierra; digo, de la suya.

No es que me queje, pero me pregunto si realmente aprecian mi esfuerzo y dedicación. Digo, no es lo más sencillo del mundo equivocar cada una de las decisiones (más si tenemos en cuanta que es estadísticamente muy improbable, como Darwin).
Diálogo

Ella
- Perdoname. Huyo de todo lo tangible.

Yo
- Yo también; a pesar de mis más sinceros esfuerzos.

Ella
- No me gusta lo que está predeterminado -tengo miedo a crecer

Yo
- ...

Ella
- El silencio no es una excusa por mi ausencia.

Yo
- Al menos es más elegante que mentir.

Ella
- Pero prefiero comportarme como un ser arrastrado por los sentimientos y los impulsos, que ser una persona dura y pensativa.

Yo
- Te equivocás de discurso: esto ya lo sé. ¿Por qué crees que me fije en vos en un primer lugar?

Ella
- Me excuso por haber faltado el otro día, pero la idea de algo me horrorizaba y no fui. Soy infantil e insensata.

Yo
- Ajá. En otras palabras: libre.

Ella
- No me entendés, y no pretendo que lo hagas.

Yo
- En realidad te comprendo mejor de lo que vos te comprendés a vos misma. Eso es lo que hago mejor: comprender. Tu voluntad -ávida de libertad- ha podido prever aquello que tu misma no has ni sospechado: yo no sería más que una carcel y la muerte para un espíritu libre como el tuyo. Mi voluntad anhela ser muerte y encarcelamiento para almas jóvenes y despreocupadas. Aléjate; vete; escapa lejos de mí y mi voluntad carcelera.

Ella
- Pero no quiero que sientas que no te aprecio. Es más, te valoro mucho. Por eso mi silencio.

Yo
- ¿Es que no me escuchas, mujer? Toma tu silencio y envuélvete con él. Escapa mientras puedas. ¿Me aprecias? Error, craso error. Yo quiero robar tu inocencia y aplastarla contra la pared; quiero tenderte cadenas en el nombre de la madurez y la sensatez. Anhelo consumirte. ¿Todavía me aprecias? ¿Es que acaso no crees mis palabras? ... Era de esperarse.

...
(Por fin se va y me deja a solas conmigo)
...

Yo jamás quise encarcelar a ese espíritu libre, pero no vi otra manera de advertirla del peligro que yo entrañaba; todavía había en sus ojos y en su palabras resquicios de duda y afecto. Ay, pequeña cabrilla, tu libertad trae felicidad a mi corazón duro y pensativo; si yo te quitara eso, ¿qué utilidad tendrías para mi?. No; prefiero que saltes y corretees por los prados verdes de tu
mundo, aquel que es bello y libre y poco tiene que ver con el mío. Yo y mi voluntad te obsevaremos desde aquí -y sonreiremos.
"Hace muchos, muchos años, en un país muy lejano y triste existía una enorme montaña de piedra negra y áspera. Al caer la tarde, en la cima de esa montaña, florecía todas las noches una rosa que otorgaba la inmortalidad. Sin embargo, nadie se atrevía a acercarse a ella pues sus numerosas espinas estaban envenenadas.

Entre los hombres sólo se hablaba del miedo a la muerte y al dolor, pero nunca de la promesa de la inmortalidad.

Todas las tardes, la rosa se marchitaba, sin poder otorgar sus dones a persona alguna. Olvidada y perdida en la cima de aquella montaña de piedra fría, sola, hasta el fin de los tiempos."

Este es un texto de la película 'El laberinto del Fauno' de Guillermo del Toro. Un cuento que una niña le cuenta a su hermanito no-nato, apoyada sobre el vientre de su madre.
Digo, no es por soberbiamente negar la terriblemente poca influencia que tengo sobre mi Vida, más teniendo en cuenta que esta es, como todas, solo una hoja más a merced del viento al que gustamos llegar Destino; pero desearía intensamente
no
agonizar, viejo y cansado, martirizando a la persona a mi lado solo por el hecho de que fue lo suficientemente piadosa para hacerme creer que yo era el piadoso al casarme con ella.

Eso es todo.
Insoportablemente consciente de mi.

Camino
por las calles oscuras,

solo.

Ya que
bajo el tiránico yugo
de mi propia Voluntad,

nada es lo que debería

y nunca lo será.

...

Acaso debiera de escuchar la voz del mundo

y así
olvidar-me.

Olvidarme de mí.
Hoy ya no nieva

sin embargo, la blancura
todavía
mancha las oscuras calles
de nuestra siniestra monotonía.

Pronto
el sol impiadoso
catalizará la conversión,
recordándonos que la nieve, maravilla entre maravillas
(aqui por estas latitudes al menos)
es solo un estado del agua,
la más común
y real
de las sustancias.

Y entre medio del silencio muerto
de aquellos que asisten
al entierro de lo maravilloso,
alguien grita:
"¡No la olvidaremos!
Permanecerá por siempre en nuestra memoria"

Pero aunque es Verdad,
que la materia tiene la posibilidad
de un quinto estado
al que llamamos recuerdo,
tampoco debemos olvidar que

en la ironía burlona del agua que ahora se escurre por las calles,
mojándonos los pies
y dificultando el paso,
puede leerse con facilidad
de como de la misma forma
que la maravilla deviene irremediablemente realidad
-pues este es su estado original y el más Verdadero en verdad-,
pronto
la realidad demostrará ser un catalizador
más impiadoso que el impiadoso sol
catalizando así
el cambio último de la materia,
condenándola a la Eternidad y
devolviéndola
a su estado primigenio:
el Olvido.
De los predicadores de la muerte

Y cómo la refutación nunca pasará de moda, pensé que sería apropiado agregar aquí una hecha por alguien perteneciente al ámbito de la refutación y, al mismo tiempo, dirigida contra él; una crítica tejida con las mismas palabras que aquellos que son criticados veneran.. y a las cuales no se atreverían a refutar, pues entonces estarían refutados ellos mismos: lo único que conservan sagrado.

Enjoy.

"[...] Aún no han llegado ni siquiera a ser hombres, esos seres terribles: ¡Ojalá prediquen al abandono de la vida y ellos mismos se vayan a la otra!.
Ahí están los tuberculosos del alma: apenas han nacido y ya han comenzado a morir, y anhelan doctrinas de fatiga y de renuncia.
¡Querrían estar muertos y nosotros deberíamos aprovar su voluntad! ¡Guardémonos de resucitar a esos muertos y de lastimar a esos ataudes vivientes!
Si encuentran un enfermo, o un anciano, o un cadaver, entonces dicen: <<¡La vida está refutada!>>
Pero solo están refutados ellos, y sus ojos, que no ven más que un solo rostro en la existencia.
Envueltos en espesa melancolía , y ávidos de los pequeños incidentes que ocasionan la muerte: así es como aguardan, con los dientes apretados.
O: extienden la mano hacia las confituras y, al hacerlo, se burlan de su niñería: penden de esa caña de paja que es su vida y se burlan de seguir todavía pendientes de una caña de paja.
Su sabiduría dice:<<¡Tonto es el que continúa viviendo, más también nosotros somos así de tontos! ¡Y esta es la cosa más tonta en la vida!>>"
Friedrich Nietzsche, "Así hablo Zaratustra".


Solo una pequeña aclaración:



no...
mejor no.

A fin de cuentas, ¿cual sería la gracia de que todo quedara explícito?
Algo hermoso
(y evidentemente no hecho por mi)

I carry your heart with me
by E. E. Cummings

I carry your heart with me
(I carry it in my heart).

I am never without it
(anywhere I go, you go,
my dear;
and whatever is done by only me
is your doing, my darling).

I fear no fate
(for you are my fate, my sweet).
I want no world
(for beautiful,
you are my world, my true).

And you are whatever a moon has always meant
and whatever a sun will allways sing is you.

Here is the deepest secret nobody knows
(here is the root of the root
and the bud of the bud
and the sky of the sky of a tree called Life;
wich grows higher than the soul can hope
or mind can hide).
It's the wonder that's keeping the stars apart.

I carry your heart
(I carry it in my heart).

...

Me gustaría tener algo para decir acerca de esto, pero no lo tengo; un análisis del poema solo provocaría su muerte, lenta y dolorosamente, a los ojos de todo aquel que lo lea (excepto por algún suertudo que logre no entenderlo, o mejor aún, ignorarlo) y cualquier teorización sobre Amor es una promesa de desastre... ya que las fisuras y grietas de las que tanto se queja la visión escéptica-racionalista son producidas por ella: a fuerza de verlas por todas partes las han instaurado en el mundo, realizándolas. Y, por eso, me niego rotundamente a ser partícipe de la aniquilación de una de nuestras últimas esperanzas, gracias.

Algo que sí haré, no obstante, es un intento de traducción del poemita.

Llevo tu corazón conmigo

por E. E. Cummings

Llevo tu corazón conmigo
(lo llevo en mi corazón).

Nunca estoy sin él
(adonde voy, tu vas,
querida mía;
y todo aquello que yo hago
es tu obra, amada mía).

No temo ningún destino
(pues tu eres mi destino, dulce mía).
No quiero ningún mundo
(pues hermosa,
tu eres mi mundo, mi verdadero).

Y tu eres todo aquello que una luna siempre quiso decir
y todo lo que el sol siempre cantará eres tu.

Aquí está el oscuro secreto que nadie conoce
(aquí está la raíz de la raíz
y el brote del brote
y el cielo del cielo de un árbol llamado Vida;
que crece más alto de lo que el alma puede esperar
o la mente ocultar).
Es la maravilla que mantiene a las estrellas distantes.

Llevo tu corazón
(lo llevo en mi corazón).
Intimación

A todos aquellos que
predican la muerte
de todo sentido,
que llenan el mundo de palabras vacías
y cuyo único objetivo es el de traer
a este mundo
y al de cada uno de la gente que los rodea
la mismísma Nada
que los inunda y los ciega,

háganle un favor al mundo:
si han perdido todo deseo de vivir,
mátense.

No es una metáfora,
ni una forma de decir.
Lo digo en serio,
mátense.
Ya.
En la Oscuridad,
dos ángeles
de una sola ala.
En la Oscuridad,
se retuercen
despesperadamante.
En la Oscuridad,
mueren
miserablemente.
Una y otra vez.

Caminan perdidos
por la eternidad de lo Vacío; sus ojos
vislumbran, a veces, la Nada; entonces
se detienen,
se retuercen un poco,
mueren
y siguen caminando.

De pronto
y sin ningun motivo
aparente,
uno de ellos abre su boca
y vomita luz.
La luz, blanca y brillante
se expande y
se extiende
a lo largo de la negra
y sombría
Oscuridad;

se asienta
y forma un camino.

Y mientras el ángel contempla

la irresistible belleza

el camino desaparece,

fundiéndose
en la Nada a su alrededor.

Así, eones pasaron
en la rutina,
viejo ciclo de la muerte
que ni siquiera es.

Pero el ángel,
nunca olvidó (nunca pudo, en verdad)
aquella luz.

Y así, un fatídicamente buen
día, ya sea
intencionalmente
o no,
todo cambió:
el angel pudo
una vez más

edificar su propio
camino luminoso.

Esta vez, sin embargo
no perdió un solo instante.

(Tal vez sí, tal vez este también se esfumó,
y no tuvo más remedio que esperar
un par de eternidades más, para volver
a intentarlo. Tal vez tuvo que hacerlo
incontables veces.
Tal vez
el camino
solo fue su imaginación.)

Esta vez,
corrió:

Al final del camino de luz
había otro.
Brillante y blanco, si; pero
distinto.

Sobre él estaba ella,
el otro ángel.

Cada uno en su extremo,
con un pié en el camino y el otro fuera,
suspendido en el abismo; allí

se detienen,
se miran -por un instante de eones de duración-
y se arrojan a lo Vacío,
en un gran
y muy estúpido
salto.

No hubo, jamás
razón alguna.
Solo la más pura
y simple
curiosidad.

La misma curiosidad
que alguna vez destruyó a Dios,
ahora lo crea.
Pues en ese salto
milenario,
antigua y pulsional danza
de vida,

la Negra Oscuridad
se raja
y por aquella
singular hendidura
surge
la Blanca Luz.

Divina revancha de lo sagrado y lo absoluto,
resultado: empate
(ganan los dos).

La luz adquiere profundidad,
se ensancha;

se asienta,
y forma un sol.

Desde entonces,
cada vez que los ángeles levantan vuelo,
desplazándose
por la interminable belleza de la Penumbra,
todos los oráculos miran hacia arriba
y en su vuelo pueden
o deben
o simplemente quieren
adivinar a Dios.
Y ellos me bombardeaban con su sentido
y yo no podía menos que
maravillarme.

Era una sucesión
dulce y cautivante,
terrible y aplastante;
flujo que eventualmente termina,
como todo,
pero permanece.

No obstante de
orgullosos
y vanos martillos,
-pero altos y magníficos, agradables
a la vista (esto es,
a la vista no entrenada)-
que todo derrumban,
todo lo de-construyen.
No obstante,
permanece.

Y es que estaba ahí
más allá de los martillos.
Lejos de su
limitado
campo de visión.

Impreso, encarnado, incrustado;
manifestado en la misma Nada
que intenta absorberlo.

Esto es,
mediante sus heraldos,
esos martillos ocultos bajo la capa del intelectual sombrío.
El lienzo de la Nada

La Nada es; está ahí, es real. La Nada es el vacío que se produce en la diferencia entre lo que el mundo es o cómo se nos presenta a nuestro entendimiento y lo que nosotros queremos que este sea, condicionados por la necesidad inherente del hombre de sentido y propósito. Ahora bien, como he explicitado anteriormente, todos estamos en peligro de caer en ella; y en eso consiste el posmodernismo: cada uno por su lado, sostenido por una ínfima y enclenque construcción de sentido a escasos metros por encima del abismo de la Nada.
Sin embargo, y aunque es un hecho que todos están en peligro, solo unos pocos han experimentado la Nada en su totalidad, hundiéndose hasta lo más profundo y empapándose en ella. Para los que no han tenido el privilegio, un pequeño dato: una vez en la Nada, siempre en la Nada; se convierte en una parte de tu alma... y negarla, es sumergirse aún más en sus profundidades; no hay escapatoria, no realmente. Todo lo que podés hacer al respecto, es aceptarla y albergarla con cuidado en lo más profundo de tu corazón; ya que cualquier intento de desembarazarse de ella, cualquier intento de escalada hacia la superficie, solo logrará que la próxima caída duela más. Créanme.
Ahora bien, todos tenemos un conocimiento intuitivo de la Nada, pues es solo en relación a ella, que el mundo puede tener sentido; solo en el contraste, solo en la diferencia, podemos valorar; de la misma forma, que el dolor es necesario para que la felicidad exista y sea reconocida como tal, la Nada y la conciencia de ella son indispensables para la valoración de la existencia en todas sus formas. ¿Qué pasa, entonces, con las personas que llevan la Nada dentro de sí? Se intensifica su valoración de todo, ya que toda construcción que logren mantener, aún si no es más que por un momento, es glorificada y celebrada al máximo. Y es en esta necesaria lucha por sobrevivir del hombre que ha experimentado la Nada, que surge el arte. Llevando la Nada dentro de sí, se ve forzado a mantenerla a raya diariamente, con cualquier medio a su disposición... o morir miserablemente en el intento. Yo mismo he padecido esa muerte, muchas veces, y estoy seguro que me sucederá en el futuro. Pero verán, la Nada es el lienzo del artista verdadero, ya que en ella el imprime su nuevo y recién creado sentido, magnificando en ese, el contraste por excelencia -léase, la luz del sentido en su más pura forma (el arte) contra la oscuridad impenetrable de la Nada absoluta-, el valor de su obra hasta el infinito.
Es solo en el contraste, que surge la belleza; es solo en el contraste, que surge la Verdad; es solo en el contraste, que el pensamiento mismo puede tener cabida. La Nada contrastada con la creatividad del hombre, y los mundos de sentido que surgen de él (léase, el Ser), es la máxima expresión de ese contraste creador, de ese Dios; ergo, estar más cerca de la Nada es la única forma de estar más cerca de Dios.
"[...]
After that, mankind grew afraid to desire.
Their hearts filled with empty emotions,
and grew stranged from my hands.
They turned their eyes away from my
infinite power, and were troubled by their

petty disputes.


Remember me!
Need me!
I can provide you with everything!
I am love.
Find me, and walk beside me."

Lo que Nietzsche proclama tan fervorosamente, aquella frase por la cual siempre será recordado, no es más que la inevitable consecuencia de la naturaleza traicionera y más que nada irremediablemente estúpida del hombre. Verán, yo solía pensar al revés. Que Dios nos había confinado a una terrible prisión disfrazada de paraíso mientras que el Diablo, nuestro salvador y redentor, había abierto nuestras mentes, liberándonos de las garras de la oscuridad y la ignorancia, liberándonos de nuestra simple e inservible felicidad. Pero todo lo que hizo fue condenarnos a la tiranía de nosotros mismos y nuestro pobre entendimiento, dejándonos prácticamente indefensos, a merced de nuestra propia imbecilidad. Nos alejó de la gracia divina de lo absoluto e inequívoco para arrojarnos así como así al más hondísimo pozo de la incertidumbre y la duda, de lo todo es igual, de lo relativo. Y ahora pasamos nuestros días sobreviviendo a duras penas este infierno: muchos han optado por la inconciencia, la vida irreflexiva e inercial; otros se aferran a cadáveres putrefactos y maldicen al resto; algunos pocos viven creando nuevas deidades para destruirlas sin piedad al día siguiente... pero todos, absolutamente todos estamos en peligro constante, y es que en cualquier momento y sin previo aviso, todo nuestro mundo puede caerse... y nosotros con él. No hay ya una base sólida y mullida, ya no; todo lo que queda es Nada, la más negra, oscura, absoluta y terrible nada. Todos, consciente o inconscientemente sabemos esto; lo sabemos en lo más profundo del alma y es eso y el terrible miedo que nos impide ver a la Nada a la cara, lo que ha posibilitado nuestra supervivencia. Y es que en algún punto aunque más no sea intuimos, que todo aquello a lo cual nos aferramos es relativo y efímero, que está condenado a desaparecer y a fundirse en la Nada sobre la cual ha sido edificado. Dios ha muerto, léase, ha muerto toda posibilidad de absoluto.
Hay quienes podrían pensar que esto es bueno, que esto es muy bueno y un paso adelante para la especie humana... yo era uno de ellos; ahora, no estoy tan seguro. Y aunque he determinado -y ya era hora que lo hiciera- que no soy quien para decidir cuál es la solución a todos nuestros problemas, nada me impide proponerla: Mientras no tengamos nada a lo que podamos llamar universal... no podremos salvaguardarnos realmente de nuestro más arduo enemigo: nosotros mismos; y es que eso es lo único a lo que verdaderamente podemos aferrarnos, por muy inestable que parezca, el Otro es la única respuesta viable. Solo todos juntos podremos tejer una red de sentido lo suficientemente resistente para aguantar los inevitables derrumbes de toda construcción humana. Solo todos juntos podremos evitar nuestra auto-aniquilación sistemática.
Opino sinceramente que la única solución posible es construir entre todos una base común de la cual partir, que sirva de cimiento a todo lo demás y nos permita saber con seguridad, cuando nos hemos equivocado y cuando no.

Nota: Ya sé que muchos pueden no acordar con las soluciones que ofrezco, y precisamente por eso es que no sirven para nada, pero creo firmemente (si es que eso es realmente posible hoy día) que denunciar o señalar un problema sin proponer una solución es completa y absolutamente inservible: carece totalmente de valor. Por eso, me niego al vano orgullo del discurso seguro que se limita a destruir porque sabe que queda bien y que mientras lo haga prolijamente nadie podrá calificarlo de ingenuo y/o ridículo. Así que adelante, disparen, no tengo ningún problema.

Yo te asesiné.

A besos,
a palabras cariñosas (pero no demasiado),
a declaraciones y a contradeclaraciones (nunca te hizo falta la flor),
a indecisión, te maté.

El golpe final fue
mi amor, desinteresado y luminoso
pero cruel.
Infinitamente cruel.

Hay una menos ahora
en el mundo.
Una menos
por la cual llorar.

Una idea, rastrera y repugnante
me consuela:
y es que soy el único
que alguna vez
tuvo o tendrá
el privilegio
de llorar por vos.
"The problem is choice", nos dice Neo: probablemente el único momento de brillantez por el que pasa nuestro querido amigo darky; bueno, ese y cuando decide salvar a Trinity en vez de preservar la raza humana... ^^.

Como sea, el punto es que tiene razón. El problema es la elección; pero como me gusta hacer a mi, voy a extender un poquito la tan brillante declaración. Yo diría, más bien: que tengamos la posibilidad de elegir es el problema; o bien: el problema, es la libertad.
Ahora bien, es probable que esta afirmación pueda resultar desagradable y tal vez hasta insultante para muchos de ustedes... y está muy bien, me asustaría si no fuera así. El punto es que esto es algo que se aplica solo a mi y a todos aquellos que continuamente toman decisiones que los perjudican y perjudican a otros, ya sea queriéndolo o no. Voy a ser sincero: mi problema es la torpeza. Constantemente, y ante toda decisión en la cual no sea perfectamente evidente cual es el mejor camino, me equivoco. Esto puede resultar más fatal de lo que suena; y antes de escuchar las quejas, dejenme decirles que yo estoy bien al tanto de todas las benditas razones por las cuales esto es una niñería, ya que yo soy su principal defensor y postulante, a saber: que equivocarse está bueno porque de eso aprendemos; que equivocarse está bueno porque te hace apreciar las veces que no te salen mal las cosas; que la libertad y la posibilidad de cometer errores es necesaria para que la vida tenga sentido, es decir, si realmente no importa que decida, porque da todo lo mismo... más me vale irme a tirar a un pozo ya mismo. No me malentiendan: la libertad, con la responsabilidad y posibilidad de catástrofe que conlleva, es absolutamente necesaria para la ec-sistencia del hombre como tal. Ahora bien, ¿qué hago si todo lo que decido es un absoluto y completo error? ¿qué pasa si carezco de la habilidad para acertar un número moderado de veces? ¿y qué si soy incapaz de identificar el camino correcto ante una decisión que podría cambiarme la vida completamente?... de repente, toda dignidad humana inherente a la libertad se va por el drenaje y todo lo que queda, es el horror. El horror de que mi destino dependa principalmente de mi.
"[...]El parecer acomodado a la obra es lo bello. La belleza es un modo de estar presente en la verdad"
Edmond Jabés

El artista es en sí, lo que tanto el filósofo como el científico desean y buscan ser con toda fibra de su alma. El artista hace aquello, precisamente aquello de lo cual ellos son incapaces y por ello le tienen envidia, y en esa envidia, lo descalifican, marginándolo. En su ignorancia, utilizan el calificativo de "simplemente estético", en un tono despectivo y altanero, sin saber que, en ese calificativo supuestamente negativo se encuentra concentrado todo aquello a lo cual le tienen envidia y que es el motivo de su validez y de su intrínseca superioridad. El error no está, entonces, en su entendimiento ni en su lógica impecable, el error está en su juicio valorativo. "Lo esencial es invisible a los ojos" nos dice el Principito, en su gran sabiduría; me gustaría agregar algo: lo esencial es invisible a los ojos en cuanto estos son una extensión de la razón, y su luz cegadora; lo esencial habita únicamente en la oscuridad del Ser. No puede ser visto, solo experimentado, ya que surge allí donde la luz no puede llegar, allí donde reina la oscuridad: en la apertura sangrante del mundo, en lo abierto; allí donde la razón y su luz sacrílega solo ven cerrazón, inmobilidad, vacío y muerte.
Los artistas en general no buscan el por qué, no se desviven buscando la respuesta correcta, de entre todas las posibles, para defenderla con argumentos, con vana y fría lógica. Se hacen la pregunta, como todos, pero dan su propia respuesta y la expresan en el medio que les parece más apropiado. "It's the question that drives us", diría Trinity. Y allí, entre medio del parecer y del ser, sea cual sea el medio, ellos dan una respuesta, su respuesta, propia, subjetiva, instranferible. Y así, de la nada, o más bien, del mundo, ellos crean algo, hacen surgir algo: una verdad, verdad indiscutible y personalísima, no aplicable a nadie excepto a su propio creador.
Podríamos decir, entonces, que lo esencial o el Ser es un surgimiento proveniente de aquello que surge a su vez: el mundo. Una phusis de la phusis, o una phusis sobre la phusis. O simplemente, podríamos decir, lo esencial, es nada más ni nada menos que el arte.
Finalmente lo entendí. No soy histérico, solo sufro de un agudo caso de humanismo.
Tal vez sea cierto. Tal vez seamos solo y tan solo una construcción, no más abominablemente artificial que los pequeños y multifacéticos aparatitos que llevamos a todos lados, como si fueran una parte de nosotros (¿Como si?).
Tal vez, todo aquello que consideramos propio y todo aquello por lo cual nos enorgullecemos, en nuestra vanidad, sea tan solo parte del plan; el plan que todos nosotros somos. Y es que nada de lo que vos sos es gracias a vos, somos el producto de una crianza. No eres más, mi querido amigo, que una pila de carne procesada. Si, ya sé, "Hey, teachers, leave the kids alone" y todo eso... no te la creas, no funcionará... pues que pasaría si realmente, si verdaderamente, todos: sociedad, maestros, padres y mundo dejaran a los pequeños que fuimos, libres. ¿Qué pasaría entonces? Te lo diré: no pasaría nada. No seríamos nada, nada más que un monton de carne sin procesar. Y es que el ser humano, bicho desagradable y asqueroso si los hay, no es nada sin un condicionamiento, sin un eso sí y eso no, sin un caca nene, caca. ¿O no? ...

Tomemos a Truman, acá, por ejemplo. Toda su vida fue condicionado, preparado y procesado para que, de ninguna forma y bajo ninguna circunstancia quisiera irse de aquel pequeño y cómodo mundo que fabricaron para él. Y, lo lograron ¿no?... Momento... NO, no lo lograron. El quiso irse, y aunque frustraron todos y cada uno de sus intentos, lo logró... y por qué, por qué es que decidió ir en contra de todo aquello que planearon para él. Su creador, su mentor, el Dios de aquel pequeño mundo, no pudo ver hasta el último momento, como él no era la máquina que había programado. Poco a poco pudo ver los hilos que lo rodeaban y todo lo controlaban, y al verlos, se desembarazó de ellos, con un saludo ("In case I don't see you, good morning, good afternoon and goodnight"). Su móvil: un rostro, lejano en la distancia.
¿Cómo es eso posible, si somos una construcción planificada? Ciertamente, algo debió escaparse en el cálculo, tan seguro y confiado de sí. Algo que Dios, en su omnisapiencia tan fantástica, no pudo prever; algo intervino, algo forzó su entrada en el cuidadoso esquema tantas veces revisado. Y así, serpiente o Natasha McElhone, el elemento oscuro; invisible e imprevisible en su oscuridad, hace su entrada y da vuelta todo. Ahí fue cuando Cristof perdió a Truman, sin siquiera saberlo. Ahí fue cuando Dios perdió a Adán y a Eva; los perdió a la oscuridad, a la conciencia de sí, los perdió y dejaron de pertenecerle. Para siempre.

¿Y entonces? Entonces..., vos, filósofo, vos, científico; haganme un gran favor y expliquenmé, detalladamente y muy despacio, como a un niño pequeño, por qué pasa esto. Por qué, si somos una construcción, si no somos más que la suma de nuestra crianza y las contingencias de nuestra vida diaria, por qué es que Truman se fue, por qué es que somos capaces de traicionar todo, absolutamente todo: aún la más bella de las mentiras, la más cómoda de las prisiones, nuestro propio mundo, todo aquello que conocemos y en lo que creemos por tan solo la posibilidad de algo más; la posibilidad de incertidumbre; la posibilidad de oscuridad.
No se ustedes, pero yo tracionaría, aquí y ahora a toda, absolutamente toda mi cómoda existencia y estaría dispuesto a olvidar todo lo que creo que sé, sin otro motivo que el de ver nuevamente una sonrisa. Y claro, la posibilidad de algo más.
a la extraña triste del colectivo
pero también a vos.

Quisiera
beberte, en tu tristeza;
absorberte,
hacerte mía;
salvarte -"oh, mi querido caballero, en brillante armadura"-
de vos;
tenderte una cuerda
hecha de palabras
y de sangre
y de carne
(mi sangre, mi carne)
Para que subas
por
y a través
de mi.

Y en esa cuerda
que yo soy
cruzaremos camino
mientras tu subes
y yo
bajo.
Allí,
donde habita la blancura
y las cenizas que
caen,
empecinadas.
Allí donde el silencio
es Dios.
Allí, una niña
blanca como la nieve (¿o como las cenizas?)
arde para siempre
en el fuego
de su propia furia.

Y en esa furia,
el silencio se quiebra.
Una sirena
es la señal
de que todo está por comenzar.

La blancura
estalla.
Se desintegra
y deviene
Infierno.

Allí,
en la colina del silencio.
HaSer

Hago.
¿o, acaso, espero?
hagoespero, digamos.
A vos.

Y así,
fuego o logos o phusis
mundo dadivoso y paciente
-nosotros te nombramos, si, y sale de ti todo lo que nace de los dioses, oh naturaleza-
te ha sido arrancado
con gran dolor
todo aquello que nos brindas,
en infinita generosidad.

Solo una criatura inmunda
y repugnante
escupe la mano
que le da la vida.
Pero solo la más
vil
y deforme
de toda la divina creación
es capaz de masacrar
sin piedad alguna
el suelo que
la sustenta y resguarda,
asegurando su propia destrucción.

Claro,
"yo no soy yo, yo soy mis padres y mi historia
mi crianza y mi vida,
pero yo no soy yo,
no me culpen"
esa, y precisamente esa
es la razón
mi querido amigo,
el motivo por el cual eres culpable.

Y yo también.
Yo también he pecado
qué es, sinó, esta Nada
sino un castigo
a la vez divino
y autoinflingido.

Te -y me- he olvidado
y este es mi castigo.

Ahora, solo espero
(y hago, claro)
que
tu infinita generosidad
no se agote conmigo
pues necesito

necesito
que acontezcas (que surjas, desenvolviéndote en lo abierto)
-en tu oscuridad, en tu luz, en tu vacío y en tu sentido-
y me salves de mi.
Basta.

Basta de
tal veces, extrañísimo poder cuántico a la inversa, yo.
como quien dice, blup.

Dr. Spinoza ¿cuál es su diagnóstico?
enfermo doliente que necesita su remedio urgentemente
(una mano que se estira, en desesperación, buscando)
este? no, no sé, quiero que.
con eso basta.

hago, porelamordedios, hago (no, pensar no, basta de).

lo que sea. no, lo que sea no.

Cuerpoalma!
aquí y ahora
terapia gestalt y todo eso.
Grande Fritz.

Asumir, porfin asumir que
no es fatalidad, no.
puedo hacer
más allá de toda pared
mental o cuántica
que ose oponerse
puedo hacer

Y haré.

Blup, querido amigo, blup.
que raro el dolor. este dolor, acá.
lo peor no es el dolor, lo peor es lo que le sigue (digamos, mejor, lo que no le sigue)
tal vez me equivoque, tal vez sea eso y no el dolor y por eso es que me parece raro
no sé, a lo mejor pero no importa.
fue así:

suena divertido -y lo es- prenderle fuego al alma, verla arder en júbilo, en éxtasis. soy libre, libre y muy muy estúpido. digo, o sea, estúpido. pues el alma se eleva y es libre, si, libre del cuerpo, libre de mí por un rato. luego, realidad y cenizas, cuerpo vacío y enclenque, dolor de cabeza.
ahora, sangra, sangra mucho, sangra tanto que duele. pero el dolor y la sangre me distraen de la verdadera consecuencia. pues ahora mismo, mientras escribo esto, mientras veo la sangre escurrirse siento que el dolor se esfuma, que se va con la sangre. pronto, lo sé, el dolor solo será un mal recuerdo. pero no hay nada, nada en lo absoluto, detrás. Nada.
y eso, es lo que en verdad me aterra.

esa es la razón de esto, de este texto escrito con sangre, mi sangre. pues me gustaría, si fuera posible, dejar guardado un poco de mi dolor, aquí, con ustedes.
Cuando ni el lenguaje te puede salvar
de avance implacable de

Otra vez, otra vez
y por qué, y cómo, y por qué

Acaso sea el no a flor de piel
presto y rápido, automático.
Acaso la institucionalizada discreción,
el eterno escape... de y a

Vomitando palabras a duras penas:
pegoteadas, asquerosas... repetidas.
Inservibles.

Eterno vacío que carcome
de dentro y de fuera
en cada resquicio.
En cada pequeño espacio sobrante
y sin rellenar.

Negando sistemáticamente (y civilizadamente)
todo aquello que
el alma, pero también el cuerpo
pide, clama, ambiciona y necesita
desesperadamente...

Muero.
Sobre el Ego (y en respuesta a la clase de G.R. sobre sus suposiciones de mi persona)

Yo soy Dios. Esta es la premisa básica de la religión de la humanidad. Yo soy; los demás, meros pliegues de mi existencia. Mi interacción con el Otro es la interacción conmigo mismo... es mi espejo, en el cual veo reconocida mi existencia. Salvo para salvarme y destruyo para destruirme, dependiendo de lo que que me cause más placer en el momento. No existe tal cosa como el altruismo, es todo ficción, cuentos de hadas... o, en todo caso, un medio más para complacerme a mi mismo. El único fin posible para toda acción soy yo. Nada más cabe.
No se preocupen, le hablarán de acción social, de intervención política, de selfishless... sin embargo, no se engañen (o engáñense, lo que les quede más cómodo), todo eso es tan solo un método más para escapar al vacío. No hay mejor cura para la Nada que una buena dosis de Política... es como una gran inyección de sentido... y se siente bien, créanme. Pero no pueden escaparle a la humanidad, justo cuando parece que ya vas escurriendo el bulto, te alcanza a la vuelta de la esquina... y es que te vino siguiendo los talones toooodo el camino. Acéptenlo (o no), ser humano significa yo, yo, yo y nada más que yo; y no me malinterpreten, pueden lograr lo que quieran, estoy seguro que sí, "impossible is nothing" y todo eso... pero no importa; a fin de cuentas, ¿por qué lo hiciste? (si , por qué, lo que nadie se atreve a contestar), ¿que lo hiciste para ayudar a las personas, decís?, ¿que lo hiciste para hacer del mundo un mejor lugar?... bueno, pregunto yo ¿para qué querés ayudar a las personas, para qué queres hacer del mundo un mejor lugar?. Pues sí, adivinaste... para sentirte bien Vos, lo único que realmente importa.

La única posible excepción a esta regla dorada es, tal vez (y solo tal vez), el amor.

(y no, no estoy aburrido)
Final Fantasy (VII) Music



Ciertamente las manos más rápidas en todo el lejano Oeste.



Amo a este sujeto...



Go Tifa! Go Tifa! Go, go, go Tifa!



"Pure Heart"
nagaku tsuzuku kono michi no mukou ni
shinjirareru mono ga kitto aru

kaze no naka no tabibito no you ni
kita no sora wo mezashite ikeba

kiekaketa atsui omoi
mou ichido mune no naka de
kagayaki yureru

namida nante koboshitakunai no
yowai jibun ni makenai tame ni

kazaranai kokoro dake ga
motteiru me ni wa mienai
ooki na tsubasa

te wo hiroge utainagara
yuukyuu no toki ni dakare
inochi wo tsunagu

nagaku tsuzuku kono michi no mukou ni
shinjirareru mono ga kitto aru
Como el bicho, que vuela hacia la luz, quemándose, para luego levantarse y volver: a la luz, al calor... y al dolor.

Estoy sentado en un escritorio (no en el escritorio, sino más bien en una silla al frente del escritorio). Sobre él hay una hoja, vacía. Adherido al escritorio hay un velador de tamaño mediano que me proporciona la luz necesaria para poder seguir contemplando la hoja vacía. Hay una lapicera en mi mano con la cual juegueteo, nervioso. Revoloteando alrededor del foco del velador hay un insecto... que a falta de mejor nombre llamaré simplemente bicho; de vez en cuando, el bicho arremete contra el foco y es despedido inmediatamente hacia atras -haciendo un pequeño "tuck"-, no se muy bien si es por la fuerza del golpe o es más bien producto del instinto de supervivencia activado por el dolor que seguramente experimenta, ya sea por el golpe o por la quemazón o ambos.

Lo miro y pienso: "Pobre bicho, no tiene idea"; vuelvo la mirada a la hoja vacía y mientras el bicho continúa obstinadamente con su autocastigo yo continúo contemplando la hoja vacía. Pienso: "Por lo menos no estoy precipitándome una y otra vez contra un foco caliente sin poder evitarlo". Sonrío, satisfecho; sin dejar de sonreir giro la cabeza hacia el bicho y digo en voz alta: "Por lo menos no estoy precipitándome una y otra vez contra un foco caliente sin poder evitarlo". Vuelvo una vez más mi atención a la hoja y pienso: "Elena". Dejo de sonreir, cierro los ojos y me los refriego, más no encuentro oscuridad que me refugie, solo Elena. Abro los ojos y me obligo a escribir: "Elena"... y me detengo. Horas pasé, creo, completamente inmovil, esperando. Pienso: "¿Por qué hacen falta más palabras, cuando Elena lo dice todo?". Miro el velador, donde el bicho continua intentando lo que sea que esté intentando hacer, ya bastante atontado. Digo, irritado: "Al menos no soy un estúpido bicho que no tiene idea de nada"... pero el bicho continúa, impasible. "Basta", me digo, "tengo que concentrarme". "Veamos... ¿cómo se supone que se le dice a tu ex-novia que la amás? Cómo demostarle que esta vez no es como todas las anteriores, que terminaron... bueno, como terminaron. Escucho un zumbido y un pequeño golpe, como de algo muy pequeño cayendo en la mesa. Me fijo y veo el pequeño cuerpo del bicho sobre el escritorio, carbonizado. Pienso: "Imbécil". Miro nuevemente la hoja vacía y bostezo un poco. "Creo que es hora de un pequeño descanso". Bostezo un poco más y me estiro. De repente, siento un olor penetrante. Pienso: "¡El gas!. Me doy cuenta de que tengo mucho sueño y apenas si puedo mantener los ojos abiertos. Pienso: "Imbécil".

Muero.

---------------------------------------------------------------------------------

Todos somo ese bicho que choca incansablemente contra la brillante luz, sin poder evitarlo. Y si no lo somos, deberíamos, porque el bicho la tiene clara: lo que verdaderamente importa en esta vida es la luz, aquella luz que nos atrae irresistiblemente, que basta identificarla para precipitarse ciegamente hacia ella, sin preocupación ni miedo al dolor que valga. Si, nosotros lo hacemos más complicado, ponemos palabras de por medio, nos ilusionamos con la idea de escapar y ser libres, y tenemos, a menudo, muchas luces diferentes... lo que es peor, nos enorgullecemos de eso, celebramos nuestra complejidad, nuestra inteligencia; nos gusta decir: "Yo soy libre, y no iré hacia la luz, no la necesito". La verdad es que me despierta un poco de ternura la ingenuidad de nuestra especie... pero por otro lado me repugna, rechazar la luz es rechazar la vida... y eso es imperdonable. Qué somos, en definitiva, qué es nuestra vida sino esa luz que nos motiva y nos impulsa, esa luz por la cual damos cada paso... el único escape posible es la muerte, la oscuridad definitiva. Asi también, no olvidemos que es La luz... no "una" luz... todos tenemos una única luz en nuestras vidas... podemos engañarnos y pensar que los ideales son todos distintos, que las mujeres son únicas (y lo son, es nuestro amor el que es siempre el mismo), que las luces son muchas; pero no, toda luz en nuestras vidas no es más que un reflejo de la primera, de la Verdadera luz, aquella por la cual vivimos y morimos. Al final, el bicho la tiene clara: lo que importa es la luz, todo lo demás, como la supervivencia por ejemplo, es superfluo.
"Claro que, observa el que te dije, a pesar de ese obstruccionismo subjetivo el tema subyacente es muy simple: 1) La realidad existe o no existe, en todo caso es incomprensible en su esencia así como las esencias son incomprensibles en la realidad, y la comprensión es otro espejo para alondras, y la alondra es un pajarito, y un pajarito es el diminutivo de pájaro, y la palabra pájaro tiene tres sílabas, y cada sílaba tiene dos letras, y así es como se ve que la realidad existe (puesto que alondras y sílabas) pero que es incomprensible, porque además que significa significar, o sea entre otras cosas decir que la realidad existe; 2) La realidad será incomprensible pero existe, o por lo menos es algo que nos ocurre o que cada uno hace ocurrir, de manera que una alegría, una necesidad elemental lleva a olvidar todo lo dicho en (en 1) y pasar a 3) Acabamos de aceptar la realidad (en 2), sea lo que sea o como sea, y por consiguiente aceptamos estar instalados en ella, pero ahí mismo sabemos que, absurda o falsa o trucada, la realidad es un fracaso del hombre aunque no lo sea del pajarito que vuela sin hacerse preguntas y se muere sin saberlo. Así, fatalmente, si acabamos de aceptar lo dicho en 3), hay que pasar a 4) Esta realidad, a nivel de 3), es una estafa y hay que cambiarla. Aquí bifurcación, 5 a) y 5 b):

-Ufa - dice Marcos.

5 a) Cambiar la realidad para mí solo -continúa el que te dije- es viejo y factible: Meister Eckart, Meister Zen, Meister Vedanta. Descubrir que el yo es ilusión, cultiuvar su jardín, ser santo, a la caza darle alcance, etcétera. No.

-Hacés bien -dice Marcos.

5 b) Cambiar la realidad para todos -continúa el que te dije- es aceptar que todos son (deberían ser) lo que yo, y de alguna manera fundar lo real como humanidad. Eso significa admitir la historia, es decir la carrera humana por una pista false, una realidad aceptada hasta ahora como real y así nos va. Consecuencia: hay un solo deber y es encontrar la buena pista. Método, la revolución. Si.

-Che -dice Marcos-, vos para los simplismos y las tautologías, pibe.
..."

^^
Un pequeño fragmento de mi amigo Julio... y su "Libro de Manuel".

Por cierto, sé que robar cosas y ponerlas acá no cuenta realmente como escribir... pero bueno, que diablos! Tenía ganas.

Aparte creo que encaja curiosamente con la orientación original de este pequeño blog.
Luz claroscura

Ella viene

cual luz:

blanca,

negra.

Me arrebata.

Me descubre a mi mismo.

En la oscuridad que yo soy, brilla, aniquilándome.

Y yo ya soy otro (pero también el mismo, pues la luz no dura para siempre y la oscuridad no se destruye, tan solo se la ahuyenta por un rato),

bajo esa luz

claroscura.
Viaje a Rosario parte 3

Aún más fotos ^^ (pero son las últimas, lo prometo):



"Model"
"Kawa Cintazu" o "Protagonista de película de terror Japonés"
"Clau, dormida"
"La libélula" ah!, que groso que soy...
"Yo, en la única foto medianamente decente que salgo"
Viaje a Rosario Parte 2

Más fotos ^^:

"Faby"
"Demonic Vanryu"
"Manuel viniendo"
"Cara de Claudia dormida"
"Cool, muy cool"


Viaje a Rosario parte 1

Normalmente no hago esto, pero creo que la ocasión merece una mención aquí, en este extraño "lugar" (si es que en verdad es un lugar que está en algún lado) donde deposito mis pensamientos y básicamente cualquier capricho que encuentre vagando por este antro extrañísimo al que llamo cabeza.

(Dios! necesito afinar mis habilidades chamullativas!!!)

(Whatever! Ahora mismo eso no podría importarme menos)

Aquí van algunas fotos:



"Un pequeño dragonsito en la pensión"... isn´t he cute??

La mejor tirada de dados "ever".
"Manuel versión Zen"
"Foto que salió sopresivamente bien teniendo en cuenta que hubo que doblegar al sujeto para poder sacarla, y esto solo duró un segundo, momento en el cual se tomo la foto"
"Dark Manuel"


Fragmento de "La historia interminable" de Michael Ende

"Bastián le enseño al león la Alhaja. -¿Qué significa? -preguntó-. ´HAZ LO QUE QUIERAS´ Eso quiere decir que puedo hacer lo que se me dé la gana, ¿No crees?
El rostro de Graógraman pareció de pronto arder terriblemente serio y sus ojos comenzaron a arder.
-No -dijo con voz profunda y retumbante-. Quiere decir que debes hacer tu Verdadera Voluntad. Y no hay nada más dificil.
-¿Mi Verdadera Voluntad? -repitió Bastián impresionado-. ¿Qué es eso?
-Es tu secreto más profundo, que no conoces.
-¿Cómo puedo descubrirlo entonces?
-Sigiendo el camino de tus deseos, de uno a otro, hasta llegar hasta al último. Ese camino te conducirá a tu Verdadera Volunad.
-No me parece muy dificil -opinó Bastián.
-Es el más peligroso de todos los caminos -dijo el león.
-¿Por qué? -pregunto Bastián-. Yo no tengo miedo.
-No se trata de eso- retumbó Graógraman-. Ese camino exige la mayor autenticidad y atención, porque en ningún otro es tan fácil perderse para siempre.
-¿Quieres decir que no siempre son buenos los deseos que se tienen? -trató de averiguar Bastián.
El león azotó con la cola en la arena en la que estaba echado. Agachó las orejas, frunció el hocico y sus ojos despidieron fuego. Bastián se agachó involuntariamente cuando Graógraman, con una voz que hiz vibrar nuevamente el suelo, dijo:
-¡Qué sabes tú lo que son los deseos! ¡Qué sabes tú lo que es o no es bueno!"
Wiiii!







^^
Ese momento perfecto.
Como la recta
infinita,
amoral.
Números sagrados que se extienden
en Ambas direcciones (por partes iguales).
La guerra ha terminado:
bien y mal;
felicidad y tristeza;
amor y odio.
Ninguno ganó
o ganaron todos.

Precisamente
en ese momento (solo un momento
puede ser infinito),
en ese momento círculo,
Negroblanco (pero también
Rojoazul, también
Verdeamarillo).
Todo concluye, todo se completa.
Todo colapsa.

¿Por qué deberia
permanecer
lo que ya ha cumplido
con su cometido?
Hemos llegado a Destino
el viaje ha sido largo
¿De nuevo?
No!
estamos todos
tan cansados.

He fallado
esta vez, como otros
antes que yo,
pero alguien... algun día...

Llegaremos (mientras tanto, disfruten el viaje).
Lo que sucede
aquí, allí;
dentro y fuera: entre
Reino de los Cielos, acaso.
Universos paralelos, planos superiores, etc, etc.
¿Subconciente?
No importa.
Lo que importa (tal vez, solo tal vez, no estoy tan seguro)
es lo que sucede.
¿O es que lo que sucede,
importa?
Dentro, fuera;
aquí y allí: entre.

..."gracias por salvarme la vida"
(le dijo el hombre a la ninfa mientras el águila bajaba a buscarla;
le digo yo, en medio de gemidos e incontrolables sollozos, a Ella
mientras se va. Volando, acaso. Sonriente.)
Pedazo arrancado cruelmente

Esto es, como dice el título, un pedazo (fragmento, si les gusta más) de uno de los textos escritos que más me gustan. Está arrancado cruelmente de su contexto por lo que es posible, por no decir seguro, que no sea entendido del todo, pero bueno, hagan su mejor esfuerzo, de todas formas es bellísimo.


" Esa hora que puede llegar alguna vez fuera de toda hora, agujero en la red del tiempo, esa manera de estar entre, no por encima o detrás sino entre, esa hora orificio a la que se accede al socaire de las otras horas, de la incontable vida con sus horas de frente y de lado, su tiempo para cada cosa, sus cosas en el preciso tiempo, estar en una pieza de hotel o de un andén, estar mirando una vitrina, un perro, acaso teniéndote en los brazos, amor de siesta o duermevela, entreviendo en esa mancha clara la puerta que se abre a la terraza, en una ráfaga verde la blusa que te quitaste para darme la leve sal que tiembla en tus senos, y sin aviso, sin innecesarias advertencias de pasaje, en un café del barrio latino o en la última secuencia de una película de Pabst, un arrimo a lo que ya no se ordena como dios manda, acceso entre dos ocupaciones instaladas en el nicho de sus horas, en la colmena día, así o de otra manera (en la ducha, en plena calle, en una sonata, en un telegrama) tocar con algo que no se apoya en los sentidos esa brecha en la sucesión, y tan así, tan resbalando, las anguilas, por ejemplo, la región de los sargazos, las anguilas y también las máquinas de mármol, la noche de Jai Singh bebiendo un flujo de estrellas, los observatorios bajo la luna de Jaipur y de Delhi, la negra cinta de las migraciones, las anguilas en plena calle o en la platea de un teatro, dándose para el que las sigue desde las máquinas de mármol, ese que ya no mira el reloj en la noche de París; tan simplemente anillo de Moebius y de anguila y de máquinas de mármol, esto que fluye ya en una palabra desatinada, desarrimada, que busca por sí misma, que también se pone en marcha desde sargazos de tiempo y semánticas aleatorias, la migración de un verbo: discurso, decurso, las anguilas atlánticas y las palabras anguilas, los relámpagos de mármol de las máquinas de Jai Singh, el que mira los astros y las anguilas, el anillo de Moebius circulando en sí mismo, en el océano, en Jaipur, cumpliéndose otra vez sin otras veces, siendo como lo es el mármol, como lo es la anguila: comprenderás que nada de eso puede decirse desde aceras o sillas o tablados de la ciudad; comprenderás que sólo así, cediéndose anguila o mármol, dejándose anillo, entonces ya no se está entre los sargazos, ..hay decurso, eso pasa: intentarlo, como ellas en la noche atlántica, como el que busca las mensuras estelares, no para saber, no para nada; algo como un golpe de ala, un descorrerse, un quejido de amor y entonces ya, entonces tal vez, entonces por eso sí.
[...]
De Jai Singh se presume que hizo construir los observatorios con el elegante desencanto de una decadencia que nada podía esperar ya de las conquistas militares, ni siquiera tal vez de los serrallos donde sus mayores habían preferido un cielo de estrellas tibias en un tiempo de aromas y de músicas; serrallo del alto aire, un espacio inconquistable tendía el deseo del sultán en el límite de las rampas de mármol; sus noches de pavorreales blancos y de lejanas llamaradas en las aldeas, su mirada y sus máquinas organizando el frío caos violeta y verde y tigre: medir, computar, entender, ser parte, entrar, morir menos pobre, oponerse pecho a pecho a esa incomprensibilidad tachonada, arrancarle un jirón de clave, hundirle en el peor de los casos la flecha de la hipótesis, la anticipación del eclipse, reunir en un puño mental las riendas de esa multitud de caballos centelleantes y hostiles. También la señorita Callamand y el profesor Fontaine ahíncan las teorías de nombres y de fases, embalsaman las anguilas en una nomenclatura, una genética, un proceso neurendocrino, del amarillo al plateado, de los estanques a los estuarios, y las estrellas huyen de los ojos de Jai Singh como las anguilas de las palabras de la ciencia, hay ese momento prodigioso en que desaparecen para siempre, en que más allá de la desembocadura de los ríos nada ni nadie, red o parámetro o bioquímica pueden alcanzar eso que vuelve a su origen sin que se sepa cómo, eso que es otra vez la serpiente atlántica, inmensa cinta plateada con bocas de agudos dientes y ojos vigilantes, deslizándose en lo hondo, no ya movida pasivamente por una corriente, hija de una voluntad para la que no se conocen palabras de este lado del delirio, retornando al útero inicial, a los sargazos donde las hembras inseminadas buscarán otra vez la profundidad para desovar, para incorporarse a la tiniebla y morir en lo más hondo del vientre de leyendas y pavores. ¿Por qué, se pregunta la señorita Callamand, un retomo que condenará a las larvas a reiniciar el interminable remonte hacia los ríos europeos? Pero qué sentido puede tener ese por qué cuando lo que se busca en la respuesta no es más que cegar un agujero, poner la tapa a una olla escandalosa que hierve y hierve para nadie? Anguilas, sultán, estrellas, profesor de la Academia de Ciencias: de otra manera, desde otro punto de partida, hacia otra cosa hay que emplumar y lanzar la flecha de la pregunta.
[...]
De la misma manera, señorita Callamand, algo que el diccionario llama anguila está esperando acaso la serpiente simétrica de un deseo diferente, el asalto desmesurado de otra cosa que la neuroendocrinología para alzarse de las aguas primordiales, desnudar su cintura de milenios de sargazos y darse a un encuentro que jamás sospecharía Johannes Schmidt. Sabemos de sobra que el profesor Fontaine preguntará por la finalidad de semejante búsqueda, a la hora en que uno de sus ayudantes cumple la delicada tarea de fijar un minúsculo emisor de radiaciones en el cuerpo de una anguila plateada, devolverla al océano y seguir así la pista de un itinerario mal cartografiado. Pero no hablamos de buscar, señorita Callamand, no se trata de satisfacciones mentales ni de someter a otra vuelta de tuerca una naturaleza todavía mal colonizada. Aquí se pregunta por el hombre aunque se hable de anguilas y de estrellas; algo que viene de la música, del combate amoroso y de los ritmos estacionales, algo que la analogía tantea en la esponja, en el pulmón y el sístole, balbucea sin vocabulario tabulable una dirección hacia otro entendimiento. Por lo demás, ¿cómo no respetar las valiosas actividades de la señora M. L. Bauchot, por ejemplo, que brega por la más correcta identificación de las larvas de los diferentes peces ápodos (anguilas, congrios, etc.)? Solamente que antes y después está lo abierto, lo que el águila estúpidamente alcanza a ver, lo que el negro río de las anguilas dibuja en la masa elemental atlántica, abierto a otro sentido que a su vez nos abre, águilas y anguilas de la gran metáfora quemante. (Y como por casualidad descubrir que sólo una consonante diferencia esos dos nombres; y decirse una vez más que la casualidad, esa palabra tranquilizadora, ese otro umbral de la apertura...).
Así yo -una vez más el Occidente odioso, la obstinada partícula que subtiende todos sus discursos- quisiera asomar a un campo de contacto que el sistema que ha hecho de mí esto que soy niega entre vociferaciones y teoremas. Digamos entonces ese yo que es siempre alguno de nosotros, desde la inevitable plaza fuerte saltemos muralla abajo: no es tan difícil perder la razón, los celadores de la torre no se darán demasiada cuenta, qué saben de anguilas o de esas interminables teorías de peldaños que Jai Singh escalaba en una lenta caída hacia el cielo; porque el no estaba de parte de los astros como algún poeta de nuestras tierras sureñas, no se aliaba a la señora M. L. Bauchot para la más correcta identificación de los congrios o de las magnitudes estelares. Sin otra prueba que las máquinas de mármol sé que Jai Singh estaba con nosotros, del lado de la anguila trazando su ideograma planetario en la tiniebla que desconsuela a la ciencia de mesados cabellos, a la señorita Callamand que cuenta y cuenta el paso de los leptocéfalos y marca cada unidad con una meritoria lágrima cibernética. Así en el centro de la tortuga índica, vano y olvidable déspota, Jai Singh asciende los peldaños de mármol y hace frente al huracán de los astros; algo más fuerte que sus lanceros y más sutil que sus eunucos lo urge en lo hondo de la noche a interrogar el cielo como quien sume la cara en un hormiguero de metódica rabia: maldito si le importa la respuesta, Jai Singh quiere ser eso que pregunta, Jai Singh sabe que la sed que se sacia con el agua volverá a atormentarlo, Jai Singh sabe que solamente siendo el agua dejará de tener sed.¨
[...]"
Julio Cortázar "Prosa del observatorio"

Genial, ¿no? Para aclarar un poco la cosa quiero poner que, a lo largo de toda esta larga prosa poética, Cortázar utiliza dos imágenes principales que todo el tiempo entremezcla y hace dialogar entre sí (y con otras, también): la primera es un observatorio en Jaipur, Delhi que fue construido por el sultán Jai Singh II allá por el siglo XVIII, en el pueden verse incontables construcciones extrañas, la mayoría de marmol, que aparentemente servían como instrumentos astronómicos; la segunda imágen que utiliza es referida al ciclo de las anguilas y a un informe sobre éste publicado por Claude Lamotte en 1971.

El texto completo está acá: http://www.literatura.org/Cortazar/prosa.html
Poesía bebé

Sin más, aquí les dejo los comienzos de una futura poeta de tres años, que lo disfruten.

"A la noche,
cuando los niños no están
podemos salir
a matar el viento."

curioso ¿verdad?
Un amigo mío solía decir, al escuchar algo terriblemente estúpido, "lo malo de tener siempre las orejas puestas es que uno se arriesga a escuchar cosas como esa". Y no podría ser más cierto, aún así, también puede llegar a ser algo bueno, como ves... claro que mucho menos a menudo.
Punto de quiebre

Bueno, se me acabo la paciencia, aquí dejo de dedicar este espacio exclusivamente a mi filosofía barata para pasar a poner un poco de todo. Después de todo, no es lo único que pasa por mi cabeza (que terrible si así fuera). Y... eso. Si les parece mal, pues les digo, "kiss my ass", lo voy a hacer de todas formas.
Reiteración

En mi penúltima entrada me dediqué, despreocupadamente y sin demasiado cargo de conciencia, a divagar sobre la teoría cuántica a partir de una estúpida película-documental que vi. Lo peor es que ni siquiera la vi por iniciativa propia.
Estaba emocionado con el cambio radical de paradigma que planteaba la película, así como también con el hecho de que podía verse un lado de la ciencia mucho más filosófico, si es que eso es posible. Me olvidé de que, precisamente, lo que yo intento decir aquí, con mis escritos, es que no importa el “de qué se trata todo”, no importa el cómo ni el por qué, lo que importa es el Ser. Lo dije una vez, lo diré mil veces, lo que importa es el Ser… todo lo demás tiene importancia en relación a éste y no en si mismo, o acaso solo exista en la percepción que el Ser tiene de él y no fuera.
Todas las diferentes teorías acerca de esto, acerca del cómo y del por qué, son todas igual de válidas. Ya sea ciencia, religión, misticismo hippie, materialismo, filosofía o lo que sea, es todo lo mismo… consideramos a algunas mas verosímiles que otras, argumentamos, discutimos, pero la pura verdad es que no tenemos ni idea y que bien podría ser que somos todos títeres manejados con hilos invisibles e intangibles por un ciempiés gigante –que se llama Roberto- que tiene tantas patas como seres humanos habitan la Tierra. Ya se ha dicho… discutir de metafísica es infructífero, simplemente no podemos saberlo. Lo que yo digo no es que tenga la respuesta, sino que no la sé y no me interesa saberla. Apología de la vida: el Ser se justifica a si mismo, no necesita de nada más; eso es lo que yo digo.
Si, bueno, pero ¿y la belleza?, ¿y lo sublime? La belleza, lo sublime, no están ahí fuera, en las cosas que vemos, estén en el ojo del observador. Indiscutiblemente existe un algo en algún lugar que no es invención del sujeto, podríamos llamarlo –aunque no me guste- objetivo, de ahí que podamos ponernos de acuerdo en ciertas cosas acerca de nuestro entorno; pero, ¿qué tanto de las cosas que percibimos esta ahí y qué tanto es una construcción subjetiva, ya sea cultural o individual? Me parece que lo que existe ahí fuera del sujeto es ínfimo, insignificante, prácticamente Nada: la flor que yo veo, toco y huelo no es bella, tampoco es fea, no es Nada; su forma, su color, su textura, su aroma, nada son en si mismos, soy Yo con mi mirada quien les otorga belleza (Y, aunque me cueste admitirlo, Ella tampoco es bella, excepto cuando habita en mi mirada).
Es absolutamente imposible ver de frente esta Nada, todo lo que percibimos esta lleno a rebosar de significantes agregados. Si pudiéramos hacerlo, si pudiéramos verla, moriríamos de horror, calculo. Es como dice el célebre escritor-filósofo argentino contemporáneo Pablo K.: “El mundo se resiste a ser mirado de frente”. Pues, mi querido alter-ego, yo te contestaría que el mundo no se resiste a nada, que el mundo no es nada; somos nosotros los miopes, que no podemos, que no queremos ver la Nada de frente, revoloteamos los ojos buscándola y rellenamos aquello que no podemos ver con significado.
Alabada sea la oscuridad y la creación inconclusa

Recientemente vi, por segunda vez, una película-documental acerca de la teoría cuántica en relación a otros campos de la Ciencia (y de la vida). Les digo, una película fenomenal -los efectos son malísimos-, no hay nada más bello que ver a la Ciencia despojada de toda su pomposidad, disparando su enorme cañon hacia sí misma, destruyendose en pedazitos. ¿Quién diría que la Ciencia podría llegar alguna vez a negarse a si misma, casi completamente? Yo mismo puedo dar fé, de escuchar a un científico -un científico de verdad, con título y todo- decir que "lo interesante no es estar en el conocimiento, sino estar en el misterio".
"No hay nada nuevo bajo el sol"... si, claro.

Lo que hace la física cuántica -la física de las posibilidades-, resumiendo, es tirar el determinismo por la ventana. No hay una sola cosa en este universo que sea determinada; incluso la materia, la base de todo, supuestamente fija y predecible, no es más que un caos de partículas -entre las cuales solo hay vacío- que desaparecen y aparecen de la existencia. "La materia no es algo concreto, es un bit concentrado de información, una posibilidad de la conciencia".
Ahora bien, la materia tiene una cantidad de estados y variables posibles, de los cuales -en un momento en particular- se da solo uno. Mentira. La materia existente se da, a un mismo momento, en todas sus posibilidades; lo que pasa es que cuando nosotros "experimentamos" esa materia (la vemos, tocamos, etc), decidimos de entre todas las posibilidades, una sola, y la almacenamos en la memoria. Asi es como nosotros vemos. Los ojos ven todo -esto es, a la materia en todas sus posibilidades-, pero nosotros decidimos al momento de almacenar la información en la memoria -es decir, cuando la información es procesada, y la "vemos"-, una sola de estas posibilidades. Decimos, entonces, que la materia no es más que un modo de la conciencia.

¿Qué quiere decir todo esto? Que la conciencia, el Ser, determina la realidad que experimenta. No hay un Dios allí arriba que me dice: "esto es lo que yo cree y planeé para ti, acéptalo". No. Cada uno de nosotros es un Dios capaz de co-crear, con otros, la realidad que nos rodea.
Sin embargo, esto es más facil de decir que hacer, pues estamos condicionados tan fuertemente por los paradigmas de la física clásica -así no sepamos nada de su teoría- que el pensamiento positivo necesario para lograr influenciar en algo la realidad es prácticamente imposible. Nos hemos encerrado a nosotros mismo en una prisión determinista sin salida aparente (visible, al menos). Estamos en problemas.
No obstante, ha sido probado que es posible -si se le dedica mucho tiempo- mediante la meditación, lograr pequeñas modificaciones casi insignificantes, pero definitivamente maravillosas... ahora bien, el problema consiste en que para lograr algo significativo es necesario la colaboración de muchas conciencias que crean con seguridad en su propia potencialidad. Todos sabemos que eso es imposible. No importa. Eventualmente sucederá, lo sé. Y cuando eso suceda podremos hacer de la realidad lo que entre todos queramos.
Por ahora, me contento con el hecho de modificar pequeñas cosas, al menos en lo que respecta a mi.

Alabada sea la oscuridad y la creación inconclusa, pues desde ahí todo tiene sentido: lo que sea que puedas imaginarte.
Morí, Muero, Moriré

Yo creo que todos los días morimos un poco. Ojo que no hablo de la edad ni del Tiempo, me refiero más precisamente a que todos los días vamos gastando, en menor o mayor medida, un poco de nuestro Ser, esto es, nuestro Ser a desarrollar... nuestro accionar futuro. Y es que el Ser reside precisamente (al menos la mayor parte del tiempo) en la posibilidad, en la potencia-a-desarrollar; luego, en la práctica, alcanza su climax, para desvanecerse inmediatamente después, sin dejar más corporeidad que un difuso eco al que gustamos llamar memoria.
Tenemos un número limitado de Ser, me parece; acciones-a-realizar que con el tiempo se acrecentan... el problema es que existen esos momentos en los que uno se queda sin, antes de la próxima recarga. En esos momentos se concentra el sufrimiento ilimitado del Infierno, creo. Los hay incluso que duran para siempre, esto es, hasta la muerte del cuerpo: La muerte antes de la muerte... definitivamente el peor destino posible.
Sobre la responsabilidad implícita en el Ser

Soy... cuando podría no (ser). Por eso y solo por eso tengo una responsabilidad... La responsabilidad de Ser. No para con Dios ni otra entidad cualquiera que podrían (o no) ser responsables del hecho de mi existencia; sino para conmigo mismo, para con mi esencia; la vida es demasiado corta para rendirle culto a cualquier cosa a parte de uno mismo. Ojo, no quiero que me malinterpreten... todos somos; todos albergamos en nosotros mismos las tres dimensiones del individuo, diría Spinoza... y hasta el más payaso en algun punto de su vida deja de ser un payaso; nadie está condenado al primer género del conocimiento. Lo que sucede, es que cuando uno pasa la mayor parte se su tiempo en el primer género del conocimiento, es decir, limitado al conocimiento de sus partes extensivas, exteriores... tiende a olvidarse de la maravilla implícita en la vida, en el hecho de Ser. La desprecia... y cree que no le debe nada. Tambien estan aquellos que nunca, ni una sola vez lo han experimentado... ¿Cómo es eso posible? Allá afuera hay una gran vastedad de Nada, mucha mucha Nada. Y aqui estamos nosotros... desafiando. Somos; y eso es algo por lo que deberíamos estar agradecidos, que debemos redescubrir día tras día.
Ahora, ¿Qué quiero decir con esto de la responsabilidad? Pues... que toda posibilidad del Ser, no es solo posibilidad, es Responsabilidad, es Deber. Yo, como ser existente tengo la responsabilidad de, a saber:
Ser víctima del pesar mas profundo e insoportable.
Ser presa de un éxtasis incontrolable.
Ser lo más feliz que pueda llegar a ser.
Llegar hasta el límite de la razón y atravesarlo, aunque más no sea una vez.
Atravesar a diario el límite de lo moderado y lo razonable.
No contentarme jamás con el maldito término medio, no importa lo que digan, NO es lo mejor.
Perseguir mis pasiones, día y noche, hasta que me consuman la vida, la razón y la salud.
Amar.
Odiar.
Recordarme a diario el hecho de que hay Nada... y estoy Yo.
Ser libre.
Tenemos la responsabilidad de todo ello... con el pequeño detalle de los demás. Pues es también nuestra responsabilidad el no utilizar la propia potencia para limitar otras. Oponerse, si. Limitar, jamás. En cambio, es nuestro deber crear la sociedad adecuada para que cada nueva generación sea algo más libre que la anterior. Yo creo que una buena sociedad sería aquella en la que los hombres sean libres para realizar la propia esencia (punto).
Si esto es un deber, ¿quien estará ahí para corroborarlo, para advertir o para hacer cumplir? Nadie, por supuesto. Sin embargo, para aquellos que no lo cumplan, no se preocupen pues tendrán su castigo. Y no exactamente en la próxima vida... Pues para todos aquellos que apoyan su existencia en algun motivo exterior, sepan que algun día, alguna tarde, alguna noche fatídica, todo caerá, ya sea que los desilusione o bien que simplemente se acabe, todo caerá y ustedes con él; nada habra que te ampare o amortigue tu caida; caerás, sin siquiera notarlo... hasta que sea demasiado tarde; Oh pobre alma indigna, gritaras de dolor, de un dolor que va más alla del dolor, del dolor que no se siente; para todos ustedes... he aquí... el Infierno.
Sobre el ser como potencia

Bien, ahora sobre la potencia... el Ser es ante todo potencia. Sino, miren alrededor, todo lo que ha construido (y destruido) el ser humano... es indescriptible; y sin embargo... no es nada. Toda esa grandeza y magnificencia y oscuridad y belleza, no son más que los síntomas del caos que se da en el interior... la punta del iceberg que somos, de nuestra esencia; el efecto colateral. Es adentro... en nosotros, en el mismo centro de nuestra esencia que la potencia logra su mayor efecto.
En estos tiempos turbulentos, hay una dispersación general, y si bien no es cierto que hay una interpretación del mundo por cada individuo que lo habita; hay, por lo menos, una por cada individuo que se pregunta acerca de el. Sucede que antes, "cuando el mundo era mundo", solían darse épocas del pensamiento, en las que todos y cada uno de los seres que habitaban la Tierra, o al menos, la Tierra conocida, creian en una explicación particular acerca del mundo en que vivian -nótese que por creer me refiero a una certeza absoluta, sin refutación posible; hoy la palabra significa algo completamente diferente-. Sucede entonces que ante esa certeza universal las cosas fueron, a todas luces, asi como se creyeron. Ejemplo: Durante el medioevo, todas y cada una de las subjetividades existentes -o la inmensa mayoría- creian en Dios todopoderoso, como resultado Dios todopoderoso estuvo ahí de verdad; en la realidad comprobable, la única realidad comprobable, es decir nosotros, Dios existió. Lo creamos... y Él estuvo ahí, en cada una de las personas que creian en el y en cada uno de los actos cometidos en Su nombre. Dios existió, y a causa de el, el mundo fue en una dirección y no en otra. De donde sinó, vino la célebre sentencia de Nietzsche "Dios ha muerto", Dios fue y luego no. Se dispersó... se disipó junto con la masa, emancipada de si misma... pero existió, fue.
Todo eso es una prueba de la potencia implícita en nosotros, que modela, sino la realidad fuera de nosotros -suponiendo que haya una-, la realidad en la que nosotros vivimos y actuamos.
Es posible que para aquel que vive en el exterior, que no ha pasado jamás del primer género del conocimiento, esto le pase desapercibido, y niegue su potencia. Error! El negar la propia potencia conduce irremediablemente a la vida del esclavo, es decir, a creerse el cuento que alguien más ha inventado para su propio beneficio... y por lo tanto, a reformular el mundo a conveniencia de unos pocos, dejandote a ti con las sobras, viviendo una vida que ni siquiera te pertenece... a esto yo lo llamo, la existencia indigna.
Sobre la posibilidad del ser

Cuando yo pienso en ser... tres palabras acuden a mi mente: posibilidad, potencia y responsabilidad. Sobre la potencia y la responsabilidad hablaré más tarde, por el momento me concentraré solo en la posibilidad.
El solo hecho de ser representa posibilidad.. A lo largo de la historia de la humanidad esto se ha presentado en forma bastante clara: hemos matado, hemos destruido, hemos generado catástrofes, hemos causado incontable dolor y sufrimiento; asimismo, también hemos creado cultura, hemos amado, hemos ayudado, hemos embellecido el mundo con arte. Por supuesto, esto no ha sido por partes iguales... pero esa es otra historia. Cada subjetividad, cada vida, tiene ante si innumerables posibilidades de ser... restringidas y condicionadas por otros, si, pero eso es algo a resolver... y, de todas formas, hay espacios, diminutos espacios, en los que es posible Ser, más alla de todo lo demás. Estos espacios, no son preexistentes, deben ser creados (a la fuerza) por nosotros. Ser es un esfuerzo... si solo te dejas llevar, terminas como un autómata, realizando las tareas que otros han preconfigurado para que realizes. "Another Brick In The Wall". La verdadera lucha contra el Sistema, la más importante y significativa es nada menos que Ser... ¿Ser qué?... pues uno mismo.
Y pero... ¿cómo se Es?... Bueno... no sé, eso es algo que cada uno debería descubrir por si mismo, después de todo esto no es un libro de auto-ayuda -risas-. En todo caso, de decir algo diría que la mejor forma de Ser es simplemente ser, es decir: sentir, ir detrás de todo aquello que nos perturba y que nos mueve, no refugiarse ni huir jamás de las pasiones, enfrentarlas a pecho descubierto, sin miedo... que aún en el crimen más terrible jamás cometido, en el pesar más profundo e insoportable, y en la catástrofe mas IRREVERSIBLE... está implicita la maravilla.
Si, la vida es horrible... y por ende maravillosa

"But, for a certainty, back then,
we loved so many , yet hated so much,
we hurt others and were hurt ourselves...
Yet even then, we ran like the wind,
whilst our laughed echoed,
under cerulean skies..."

"Solo se trata de vivir, esa es la historia"
Fito Paez

Sinceramente opino... que la vida no debería necesitar una apología... habla por si misma. Pero resulta que muchos no entienden o no quieren entender, y de alguna manera (no se como) encuentran la forma de despreciarla... por lo que haré el intento.

¿Existir? ¿Ser? ¿Vivir? Qué significa todo esto? No lo se. No podría decir el motivo por el cual existo. No se de donde vengo, si fui creado o si solo soy un chiste cósmico. No me importa. Les dire algo que si se: Existo. Soy. Les diré más: esto es todo lo que verdaderamente (me) importa. Todo lo que necesito. Más alla de Dios, más alla de cualquier propósito que podamos o no tener, e incluso si solo somos unos cuantos miserables microbios producto del azar cósmico... No me importa. La vida, la existencia, el ser, como sea que quieran llamarlo... vale por si misma. Sufrimiento, dolor, miseria... solo son la otra cara de la moneda. Asi como la vida puede ser terrible más alla de toda descripción... tambien puede ser maravillosa... más alla de toda descripción. La naturaleza humana no se divide en blanco y negro... las cosas son más complicadas que eso. ¿Podemos identificar realmente a las pasiones tristes como malas? No lo creo. Si no tuvieramos momentos de oscuridad... tampoco podríamos reconocer el hecho de que somos felices, no podriamos apreciarlo. Asi como necesitamos de la muerte para que nuestras vidas tengan sentido, necesitamos de la tristeza para disfrutar de la felicidad como tal.
No obstante... tristeza, miseria, violencia... son más que solo la contraparte de las pasiones "felices". Son maravillosas en si mismas ¿Por qué? Porque son bellas, porque son intensidad, porque son una expresión misma del Ser, que despiertan y renuevan el alma, que forman parte de ella, la constituyen... la hacen hermosa.