The butterflies and birds collide at hot, ungodly hours"
Joanna Newsom
Primero fue como una convulsión, un agitarse de su caja torácica rítmico pero agitado y absolutamente silencioso; luego un murmullo que paulatinamente y sin ninguna prisa fue escalando en volumen y acompasándose en ritmo hasta definir una risa grave y profunda, probablemente irónica y casi seguramente artificial, según pensaban los ligeramente escandalizados transeúntes. Un momento de silencio y de nuevo, como si nunca hubiera parado, pero un poco más histérica, un poco más aguda, más alegre; "un poco más humana" pensó ella, sonriendo.

Lovelessness is loneliness is rainlessness is moonlessness is godlessness. It's a dry, arid noon in a city plaza surrounded by hundreds of nameless others. It's a hotel bed with a nameless body next to you. It's every step of every day of every month of every year of every life. It's the gaze of everyone you don't love and of everyone that doesn't love you. It's all that wich we call love these days.

Hoy elijo de nuevo la noche.
Hoy escribo de nuevo la noche.
Una vez más, la mentira. Una vez más
lo substancialmente insubstancial. Lo
deliciosamente inaprehensible.
(Mujer canta
canciones en el fondo
canciones de fondo
canciones acarameladas
canciones tristes
y no.
Hombre escribe
acompasando el ritmo de sus ideas o
la falta de ellas
a la cadencia de la voz.
Escribe sobre la sensualidad explícita de todo acto
no absolutamente masturbatorio.)
Hoy elijo de nuevo la noche.
Hoy nazco de nuevo la noche.
Esta noche. Acá,
de este lado.
Hoy elijo
callar o mentir o callar
o dormir.
Dormirpensar
pensarmorir
morirdormir
escribir.
"Acaso el ritmo que sospechosamente permanece, o la todavía
o la sabiduría impertinente en la mirada de un perro negro
.
Una llamarada irrumpe en la oscuridad; el humo acaricia
dulcemente
aquello que no ha de ser dicho.
"La muerte sabe bien" piensa mientras disfruta
la última bocanada.
Una, dos, tres veces.
Oh, mi dulce.
Lo real es algo que alguien alguna vez te susurró al oído entre medio de un ataque de risa.
Pero las veas o no son tus costuras las que evitan que te desangres.
Son tus costuras las que evitan que respires.
Que te desgarres,
y que dejes mancillar con luz la sagrada oscuridad de tus entrañas.
Nochecita de parejas o erotismo de patio de atrás bajo las estrellas
que logren escapar al fulgor urbano.
Eco de caricias (pasadas; presentes; futuras)
cobijado en la confortable soledad de los ojos del otro.
Hay allí un balance tan admirablemente improbable
que depende de la ignorancia de todo excepto de si.
Para el alien que camina otro paisaje ocurre.
Los murmullos no solo son ajenos sino que no son únicos
y se repiten a manera de una fórmula.
Él lo sabe, su presencia misma
encarna la fragilidad del equilibrio.
Un sendero de árboles mutilados; una ciudad que duerme enfundada en nieve. Invocaciones; remolinos de luz oscura y tan bella. El murmullo de la voz que quiere gritarse a si misma y devenir en la narración grave y sabia que precede a todas nuestras acciones.
Entonces la vuelta. El ánimo mortal y la sonrisa atronadora. Imágenes, imágenes más crueles que el clima o un destino de árboles sin cabellera y más reales que el real ahora mismo. Son filamentos de cristal opaco en un diseño transparente y calmo. Son bocanadas de un frío desgarrador que solidifica al instante lo que toca. Son el deseo brevísimo-y-quizá-por-eso-tan-intenso de que el mundo se rehaga a mi voluntad. Son tan solo una despedida más.
Es así: nos encontramos por la calle (diría Fito, casualidad), intercambiamos sonrisas, saludos cordiales, una luz que se filtra por la periferia de los ojos, y entre medio de palabras vacías se me escapa un te amo, luego existo, el amor sos vos, vos también alguna vez dijiste siempre, etc. De alguna forma terminamos enredados desordenada pero deliciosamente una vez más en la estación más cercana destino Desastre. Otras veces logro mantener la sana mediocridad y presurosos, escapamos; silenciosos, y sin mirar atrás.
Por suerte le tengo miedo al infinito, y siempre me despierto antes de volver a soñarte.
Código
"El sol no sabe donde vas; el sol no dice yo te amo."
El flaco Spinetta
Y es entonces esa piña en el alma. Código de otras tierras en otras épocas que llega hasta mi como un ángel impiadoso.
Una noche como cualquier otra de mi vida. Mi vida como cualquier otra en la noche. Heridas de cuchillo o de papel que me drenan la sombra de todo lo que existe y vos ahí mirándome mirar y saber que debajo de la piel hay un vacío grande y rojo que sirve de molde para lo que quieras. Cómo decirte, entonces, cómo explicarte sin que ya lo sepas: la luz chillona y cálida que se derrite en tu boca, que te acaricia los párpados y envuelve tus mejillas hasta colapsar estrepitosamente en el centro de tus ojos abiertos no dice yo te amo.
Y entonces el gris ese que discurre, y de tanto en tanto los colores, de tanto en tanto las angustias. Monstruosidades y flores tenues conviviendo en un mismo encuadre y copulando furiosa o dulcemente en todas las camas, en todos los puertos, en todas las ventanas abiertas o semiabiertas o con ganas de abrirse. Y yo mirando, yo esperando, yo que me siento y veo clarísimo a todos los cómos, todos los porqués. ¿Qué mirás?, me dice un cómo. Ahí me doy cuenta pero entonces todo que tiembla y se cae y la putísima madre que seré pelotudo che. Comienzo a pronunciar su nombre pero tampoco es que haya videocámaras asi que no hago tiempo y se termina el mundo.
Si tan solo él entrara por la puerta ahora mismo, si tan solo tuviera un rostro para destrozar o para amar podríamos establecer un límite, podríamos separar lo negro de lo blanco y acabarlo todo. Pero aunque se esconda y cierre los ojos y patalee como un niño yo sé que puede verla, agazapada en algún lugar entre la Nada, contemplándonos. No sé si somos su padre, su hijo o su juguete preferido, pero en el fondo de su mirada he visto el reflejo de un dios vestido de hombre y solo como una flor abierta en el desierto de la noche; como el Hombre entre la Naturaleza; como todos los errores de la Creación.
Poesía de café por la mañana o por la tarde.
Poesía de tus labios y del cigarrillo entre tus labios.
Poesía de tus labios y del silencio entre tus labios.
Poesía amarga y equívoca.
Poesía.
Esta noche busqué allende el amor
y bajo la sombra de sus cadáveres
encontré poesía.
senão curvo e débil como sou, mesmo nos meus pensamentos.
Tudo em mim é de um príncipe de cromo colado no álbum velho de uma criancinha que morreu sempre
há muito tempo.
Amar-me é ter pena de mim. Um dia, lá para o fim do futuro, alguém escreverá sobre mim um poema, e
talvez só então eu comece a reinar no meu Reino.
Deus é o existirmos e isto não ser tudo."
Fernando Pessoa
A mi nuevo amigo
Allá por el medio del pasado
un hombre se sienta a divagar mientras fuma porque si.
Digamos como quien espera una visita que sabe habrá de llegar,
distrayéndose apenas,
pero con los ojos fijos en la puerta.
El problema, si se le puede llamar así
es que tanto tiempo estuvo sentado en su silla
-pensando, fumando-
que de él quedó una suerte de presencia fijada con la fuerza de la
abierto para todo aquel que se acerque al lugar
de su espera.
(y es bello porque es y es porque es bello,
como todo.)
Ayer el animal que yo fui hubo de alimentarse para sobrevivir, y bebió hasta saciarse de todos aquellos que se arrodillaron a ofrecerle con ternura sus venas. Hoy el hombre que digo ser habrá de comprender que, aún olvidada, la sangre de los que me alimenté residirá por siempre en las mías.
I
Bajo una máscara de roca gris
el de la mirada negra en mi anhela ser del color del deseo más
e irrumpe en la desabovedada bóveda nocturna, ávido de espejos
pero entonces fabrica pequeñas luces
y se sienta a jugar con ellas en la penumbra.
II
Ámame. Ámame como nunca has amado a nadie en este mundo.
Deseá que nunca regrese a tu lado. Que nunca más
hagamos el amor.
Somos tan distintos que bien podríamos ser el uno para el otro
pero ya nunca habrás de ver mi rostro sobre el tuyo.
Asomándose, tortuoso; deseándote, caprichoso.
Eres eso que dice pero que jamás ha de morir.
Y aunque todos los dioses del Averno
y aunque tu mirada
y aunque la pálida excusa, jardín florido
de todo lo que está podrido en este mundo.
Jamás has de morir.
Eres eso que jamás ha de morir.
Eso que se esconde en oscuras galerías, que mira desde la esquina
al mundo agazapado.
Y que teje con los ojos absurdos sueños de gloria extendiéndose por entre sus dedos y cubriéndolo todo.
Ámame; yo seré tus manos.
Ámame, seré tu cuerpo.
Ámame, solo ámame
y seremos uno.
III
Y contra las pequeñas muertes empuñaré pequeñas espadas de luz y de sombra hechas de mi propia carne.
(A la muerte, como al vacío, no se le mata, se le ofrenda un pedazo de uno mismo en esperanza de saciar su necesario, mecánico apetito.)
IV
Arde el fuego de lo que nace.
Arde aún el fuego inacabado:
indiluido, adestilado
y que me sobrevuela en todos mis silencios
(aún olvidado por ese que es dos veces si mismo:
enviado, morada o vana pantomima
del aciago vientre, origen de todas las cosas).
V
Ayer los colores de la música nos acompañaban en lo blanco del silencio y nos entreteníamos admirando el casi perfecto encajar de sus formas en los insterticios del amor.
Hoy el de la mirada negra en mi se llama a si mismo el refugiado de
yo prefiero el silencio de tu mirada.
Llegará el día en que seremos dioses y crearemos ángeles encargados de nuestro Bienestar.
Y será entonces que los ángeles nacidos de nuestras mentes y por nuestras manos
alzarán cárceles a nuestro alrededor -en el nombre de nuestro Bienestar.
Y querremos corretear y volar por los infinitos prados de lo posible, pero ellos llegarán y nos cortarán las alas y nos cerrarán el paso -en el nombre de nuestro Bienestar.
Y querremos matar y morir y desecrar y pudrirnos por dentro y por fuera y ser lo peor (para poder distinguirlo de lo mejor) pero ellos vendrán y nos ordenarán ser algo distinto a nosotros mismos -en el nombre de nuestro Bienestar.
se hace a si mismo bajo la negrura portentosa, caprichosa:
santo vientre de todo lo que es oscuro y bello, bueno y válido
¿Está, entonces, justificado? Pregunta aquel
que nada puede contra lo huracanado del mundo.
Oh divina, argumentativa furia. Tuyo es
el privilegio de asegurárselo.
Presiento nacer en mí un suicidio
en ofrenda a la opaca dinastía de lo posible.
Torcida, hipócrita esperanza de ser uno camino del espejo.
Si lo binario me habita,
si día y noche le construyo magníficos altares.
¿Cómo es que me atrevo? ¿Cómo es que pretendo exorcizarlo?
Mi cuerpo es un templo tan bueno como cualquiera
y el suicidio es tan solo una parte del rito.
Soy el eterno desgarramiento de mi mismo.
Soy dos mitades, su desgarramiento
y su póstuma, sagrada unión.
Soy el ritual de nacimiento de toda belleza en este mundo.
La lista de lo que robé a mi amadísima Pizarnik es interminable. Estoy en una etapa de re-descubrimiento y profundo, profundísimo amor por su poesía. Y como podríamos decir, debido a ello, que es de alguna forma mi madre poética, mi fascinación conformaría una especie de complejo edípico clásico. Ojalá nunca lo supere.
la noche. Porque se me mete por los poros.
Porque la respiro y se me mete y no es otra cosa que yo, respirándome.
Escribo porque la oscuridad a mi alrededor
es la oscuridad en mi interior. Porque yo soy la noche
que detesto y que anhelo. Que anhelo y que detesto.
Me anhelo y me detesto. Me detesto, me anhelo.
Soy yo la noche. Soy yo el frío.
Soy yo la ausencia, la falta.
El negativo de todas las cosas.
Soy yo el que escribe.
Es el otro el que mata."
Reik Grim
Era demasiado pequeño pare recordar lo que sucedió. Es decir, cómo sucedió. De lo otro no faltarían estúpidos que, al mentirle, se lo revelaran. Conserva únicamente el recuerdo de una sensación. Una sensación del mundo como algo más que un interminable y llano paisaje gris. Lleno de eso que está en boca de todos, pero en el corazón de ninguno.
Ja.
A veces, al recordarlo, le da gracia. A veces hasta se pone la mano en el corazón y, concentrándose al máximo, alcanza a distinguir un ligero y apenas "audible" golpe a destiempo. A veces hasta le importa.
Era todavía bastante pequeño cuando descubrió que podía, con solo desearlo, privar a sus alrededores de aquello que le resultara molesto. Era todo como una gran mentira. Y él, poseedor de la Verdad, podía desmentirla. No por completo, sin embargo. Y no sin cierto esfuerzo. Pero lo suficiente como para hacer del mundo -máscara del Vacío- lo más llevadero posible. Para él, por supuesto. Apenas si se importaba... ¿Por qué alguien más tendría alguna clase de relevancia? "Cada uno disfraza el Vacío a su manera. -decía- Ésta es la mía."
Y así fue hasta que, cierto día, un apático y descascarado rostro que habría de encontrar por la calle reavivara en él una serie de conexiones neuronales ya olvidadas por su indiferente cerebro. De pronto, no supo más que una ira proveniente de quien sabe qué profundidades, y se vió a si mismo correr tras el sorprendido extraño. Un par de calles en agitada persecusión y ya lo había perdido. Sin embargo, la novedosa intensidad experimentada seguía allí. Lejos de desaparecer, poco a poco a se transmutaba en algo que -según explicaciones ajenas que recordaba y conjeturaciones propias- definió como dolor. Encurioseado y ligeramente divertido, se detuvo a indagar sobre todo este sinsentido que bullía en su interior. La conexión estaba restablecida, y los recuerdos no tardaron en surgir. Poco a poco fue recordando. Poco a poco fue comprendiendo. No es que el mundo sea vacío, es que él se había escudado en eso para sobrevivir. El mundo no es vacío. El mundo es un agujero inmundo, lleno de la porquería más abyecta jamás concebida.
Poco a poco, su dolor se fue consumiendo hasta apagarse por completo. Era él otra vez. Y sin embargo, no: el vacío, antes tan cómodo, le resultaba insoportable. Preso de una sorda desesperación hurgó en lo más hondo de si por la más mínima señal de dolor o cualquier otra emoción a la cuál aferrarse. No tuvo que buscar mucho para encontrarse con un leve pero arraigado resentimiento hacia la escoria que había hecho de su mundo este infierno gris. Aferrándose con todas sus fuerzas, se sumergió en ese sentimiento, expandiéndolo todo lo que pudo. Pronto, emergía victorioso y vengativo de entre sus profundidades; una euforia violenta le recorría el cuerpo, y él se relamía, embriagado.
Un perfume, suave y dulce, llamó su atención. La oscuridad de sus párpados cerrados cedía ante la cálida luz exterior. Se sentía casi completamente ingrávido.
Abrió los ojos y, como siempre, quedó atónito. La belleza misma yacía delante suyo, entre sábanas blancas. Ella extendió la mano y, como siempre, el contacto de su piel contra la suya lo estremeció. Sus ojos y su rostro entero irradiaban una dulzura para la que no hay palabras de este lado del delirio. Del otro tampoco.
Como siempre, despertó.
Ya la densa noche invadía sus sentidos, despertándolo, elevándolo por encima de todo y de todos. La sangre manaba, obediente. Roja. Limpió la hoja con un movimiento rápido, y envainó. Lejos estaba ya de ensueños. La realidad se imponía, cruel y violenta: suya. Sonrió.
-Mato para aliviar la herida sangrante del mundo. Para aligerar su carga. Para hacerlo algo menos repugnante. Creí que entenderías.
-Entiendo. Aún así, no es la forma. Sé que el mundo está mal, y sé también que es a causa de la gente incosnciente que lo habita. Pero no es realmente su culpa. No podés responsabilizar a cada uno de ellos por lo que un complejo proceso histórico a hecho de la sociedad moderna.
-Si, puedo.
-Reik... pensalo un poco. Es decir, yo tampoco creo que el Estado o cualquier organización jerárquica de la sociedad va a solucionar en algo todo esto. Yo también opino que depende de cada uno, pero no es la forma. Son seres humanos, como vos y como yo. Hablando solucionaremos mucho más.
-La diferencia entre vos y yo, Jaime, es que todavía te sentís parte de ese conglomerado heterogeneo que llamamos "humanidad". Toda tu rebeldía está subyugada a conceptos arcáicos.
Tu "conocimiento" no es más que putrefacción.
-...
-La escoria, aproximadamente el 98% de lo que llamás "humanidad", no es más que eso, escoria. Y voy a arrancarla de raíz. Una por una, hasta mi último aliento.
-Ya que llegaste, sería mejor que nos pusiéramos a trabajar en los asuntos que nos conciernen. ¿Trajiste...
-Si, tengo todo lo necesario. Comencemos.
-Comencemos.
El fragor de las armas era atronador, pero no era ese el adjetivo que Reno tenía en mente. Es curioso como un distinto punto de vista, aunque espacialmente difiera solo en unos metros puede resultar tan diverso; ciertamente, solo nosotros los humanos albergamos tal capacidad de divergencia para lo que esencialmente es un mismo conjunto de características genéticas. Tanto es así que creo que podría afirmarse con bastante seguridad que de existir alguna clase de ente observador consciente pero no humano, sea este Dios o una raza alienígena cualesquiera, el concepto de la humanidad como un todo provocaría en él el siguiente resultado: "¿Humanidad?, ¡Ja!¨.
No demasiado lejos, Lorelei seguía disparando, y el fuego que tanto brotaba de sus manos estaba ahora en sus ojos. "No más piedad" decían su boca y sus ojos, su cuerpo y sus manos. Por esquivar una bala, Reno la observó, desconociéndola. Alzó su arma y apuntó, pero antes de poder disparar se vio forzado a admitir que esa que estaba allí, con una sonrisa incipiente en sus labios, fuego en su mirada y la muerte entre sus manos era, en verdad, su amiga. Fue entonces que los adjetivos que habían revoloteado por la mente de ambos, mientras intentaban sobrevivir en medio del caos tomaron forma. "El fragor de las armas es...": "encantador", pensó Lore al ver caer a su enemigo con una sonrisa ya nada sutil en sus labios; "descorazonador", pensó Reno al ver a su amiga relamiéndose de gusto mientras coqueteaba con la muerte.
Antes de que la última bala surcara el aire, Reno ya no estaba. Lorelei y los demás lo buscaron entre los cuerpos sin resultado. Eventualmente, abandonaron. "Si está muerto ya no tiene caso encontrarlo, si sigue vivo, es evidente que no desea ser encontrado", dijo Rod. Todos asintieron. Pero Lorelei y su hermana, heridas y cansadas, se miraron con tristeza. Kendra preguntaba algo con la mirada, Lore asintió. Al instante, nervios hinchados y grotescamente visibles surcaban su rostro. "El olor a muerte satura mis sentidos, pero algo es seguro: si está vivo no está acá. Seguro que no querés que...", alcanzó a decir Kendra; "No, no es necesario. Estoy segura que estará bien", la interrumpió Lore. "O muerto", pensó Kendra. "O muerto", dijo Rod. "Probablemente no", dijo ella, mientras se desprendía la funda vacía de katana de su cinto y la arrojaba al suelo. "Probablemente no", pensó. "Bueno, hay que hacer algo con estos cuerpos, ¿no?", y sin esperar respuesta el fuego brotó y pronto lo envolvió todo.
Reno se despertó cansado y todavía bastante aturdido. Aunque ya se había lavado y cambiado, sentía como si la sangre todavía cubriera gran parte de su cuerpo y de sus ropas. Sangre suya y no suya. Sangre suya y sangre de otros. Sangre. Prendió un cigarrillo y salió afuera. Afuera, donde todavía la noche. Noche estrellada y gris, como todas. Recordó entonces las palabras finales de Card junto con su rostro surcado por lágrimas: "Hace 20 años que lloro por este mundo tan gris, y todo lo que quiero es sumirlo en llamas para que así recupere su antigua gloria.". "...¿Será cierto?", pensó, "¿Era antes el mundo tan colorido...? ¿Era glorioso?" Inspiró hondamente mientras miraba a su alrededor como el mundo se teñía frente a sus ojos poco a poco. Azul y rojo, melancolía y sangre, tristeza y furia. Recordó entonces a Jane y las rodillas le fallaron; recordó a Karl y desplomó su ira contra el suelo hasta que le sangraron los nudillos; imaginó sus manos alrededor del cuello sin vida de Card y la euforia colonizó su cuerpo y su mente, estremeciéndolo violentamente. "Lo es ahora.", pensó.
“¿Ya han pasado tres meses…? Adonde se fue el tiempo…”
“Si voy a ser sincero, pensé que no sobreviviría… Y, en parte, fue esa la razón de que me adentrara acá, en el desierto, solo. ¿Me pregunto por qué los lobos no me atacaron? Era presa fácil, y no es propio de las fieras desperdiciar comida.”
-bip, bip-
“Si, si. Todo es lógico para vos, mi adorada. Será eso lo que amo de vos… En lo que te concierne, estoy acá, ergo sobreviví, ergo los lobos no me atacaron, ergo debe existir alguna razón. No es falta de lógica… es falta de información.
Mucho me temo, sin embargo, que lejos estoy de tal pureza. Solo soy humano; ergo, debo creer en lo misterioso… aunque más no sea alguna vez en la vida. Porque, si no hubiera sido por mis deseos suicidas… Incluso –podría argumentarse- si no hubiera sido por Card y su bendito fuego glorioso (si no hubiera sido por Jane, por Karl, por Tobías)… jamás habría llegado hasta acá, y eso significa que jamás te hubiera encontrado, mi amor. Jamás te hubiera reparado y seguirías siendo solo un manojo de cables y muy potentes microchips.”
-bip-
“Estúpidos militares. Quién sabe para qué te usaban, allá por los días de ‘gloria’. ¿O se refería a antes de los militares…? ¡Bah!, es lo mismo. ‘Gloria’… ¡yo le mostraré la verdadera ‘gloria’!”
-bip, bip-
“Si, amor… nosotros. Nosotros le mostraremos. Le mostraremos la gloria de tu lógica. A ella… al mundo entero. Todavía solo puedes realizar procesos simples, pero con el tiempo… ya verás, te enseñaré… te enseñaré a pensar. Te daré ojos, te daré oídos. Boca y manos. ¡Tendrás manos por todo el mundo!, y tus dedos limpiarán la tierra de escoria como Card. Pero antes debo… ¡debemos! demostrarle, debemos enseñarle, enterrarle su sucia cara lloriqueante en lo maloliente de su propio error. Salvaremos este mundo decadente, mi amor. Lo salvaremos de si mismo.
¿Y si por siempre lo oscuro?
¿Y si por siempre
lo oscuro?
No.
Saltemos muralla abajo a
una suerte de prado de terciopelo,
de anguilas y de marmol,
de palomas
rellenas con aserrín y diamantes.
Es preciso amar no solo lo rojo
pero lo negro y azul.
Tal vez esté de más aclararlo, pero me siento incómodo: robé imágenes de Prosa del observatorio (de Cortázar), Sawdust and diamonds (una canción de Joanna Newsom), y principalmente de Terciopelo azul (la película de David Lynch). Y hasta es posible que esa foto no la haya sacado yo.
Si, destrozémonos. Ardamos juntos en el fuego prohibido
de la unión mítica y ancestral, juego perverso y tan puro.
Bailemos entonces
al compás de su crepitar.
Nos odiaremos, si. Haremos daño;
a nosotros, a otros; a todo aquel que vislumbre
nuestro fulgor
pues toda su vida la perderá
buscándolo para si.
Recuérdalo bien: por cada grito de placer habrá uno de dolor.
El paraíso es la antesala al infierno, todos lo sabemos.
¿Por qué, entonces
el infierno?
Porque eso es lo que somos: paraíso e infierno.
Somos placer, somos dolor. Somos muerte y somos flujo.
Y somos historia. Historia que es siempre la misma, aún cuando no.
¿Qué podemos hacer excepto ser?
Alejandra Pizarnik
Es la música en
dos versos que escuchás de casualidad.
Una piedra solitaria y el sol
que lame con ternura sus bordes.
La fotografía de un joven y tímido amateur que,
con fiereza inusitada, captura un instante
de las vidas de una pareja en la plaza.
Y no tu comercial de plástico
ni tu pálida-pero-bronceada piel artificial
ni la pregona de falsos profetas
en una revista de nombre sugerente.
Y no porque esté en tu mente y en tu boca y
en todas las bocas,
y no porque hagas lo imposible y lo
imperdonable, lo impensable y lo imbécil.
Mirá a tu alrededor
(con eso basta).
Perfume de orquídea enamorada y
solitaria
por siempre bella y
por siempre triste.
El rocío en una de las primeras mañanas de este mundo.
Respiración entrecortada
y corazón galopante.
El fin de toda travesía: una cama
y alguien en ella. Enredarse entonces
entre sábanas y piel.
El dulcísimo fruto
y su nectar que resbala de las comisuras
de mi boca semiabierta.
(por eso)
Quiero que seas el filo de la guadaña
de una tal Mme. Lamort.
Quiero que asesinemos juntos
el sol poniente
y juntos hagamos un collage
amarillo y día y sol
de la mañana.
Quiero que seas final
y comienzo. Ocaso
y amanecer.
Quiero que seas mi futuro.
Dylan Thomas
Los que yacen, yacerán.
Lo que se pierde, perdido permanecerá.
Siempre.
Y no existe voluntad que se atreva a negarlo.
Y no existe poema lo suficientemente fuerte
para siquiera intentarlo.
Por mucho que lo desee
es ella misma la que habla
en versos desenfadadamente llenos de rebeldía falsa
justificándose, tortuosa
en la imposibilidad misma
de ser asesinada.
Y la muerte siempre tendrá dominio.
"dos cuerpos se tocan,
para juliana g.
la ventana abierta
las primeras gotas de una lluvia
vuelven cualquier escena
delicadísima
[...]"
Martín Rodriguez
y lluvia en la ventana. Siempre
lluvia.
No saben por qué.
No les importa.
Magia húmeda,
magia líquida,
magia en gotas.
Proeza estadística, Dios o voluntad cuántica
y dos que dulcemente lo ignoran.
No es una elección.
No hay imposibilidad, gran muralla ni
límites del entendimiento. Solo sucede que
hay cosas más importantes.
Después
se apagan.
Pero la lluvia.
La lluvia sigue ahí.
Y cada vez que
uno de ellos pretende
comprender
(reviviendo imprudentemente al otro
con ramitas, papel y pegamento)
no puede hacerlo.
Y no es que sea imposible. Solo sucede que
hay cosas más importantes.
Por ejemplo,
tiemblan los árboles bajo el peso del viento; la lluvia azota
desde el cielo sin piedad:
todo en el mundo grita, desaforado. Todo dice y reclama
una mirada de ojos límpidos
para justificarse.
Yo, impasible.
La lluvia, acá, no moja más que la piel.
como dos ríos gemelos
uno cruza la tierra, el otro fluye en el cielo.
El de la oscuridad
no conoce el olvido
desvelado en seguir lo perdido."
Jorge Fandermole
La soledad es solo una ilusión. Siempre van a haber una o dos almas ahí fuera que resuenan cuando menos similarmente.
Es un alivio.
afiebrado, en noches calurosas o frías por igual.
Eso que canta al aire, a la lluvia, al silencio. Eso que dice.
Eso que respira con pasión y sin remordimientos.
Y cada bocanada de aire o de humo
tan correcta, tan necesaria y tan inevitable
como la anterior.
Ahora, mientras tus ávidas falanges inconcientes se abren paso
(tuyas aún si no las reconoces)
comprendo que lo soy.
Basta una mirada para que renazcan. Basta un parpadeo para que perezcan.
Ya no quiero tener que mirarlos.
Corro entonces. Me lleno de humo, me inundo de agua y me incendio (o en otro orden). Pero siempre están ahí, esperando a que el humo se disipe.
Y ya no puedo dejar de mirarlos.
Lluvia derramada, entonces, en lenta ceremonia para nadie. Para aquel que suspira, quizás, para aquel que suspira y muere, para aquel que renace. O para nadie. Lejos, demasiado lejos, fuera del alcance de sus días pero encaramado fiéramente a sus noches, mujeres solas y lastimadas caminan por páramos desiertos, soportando penurias en el nombre de algo que no comprenden pero que encarnan, mientras hombres engrandecidos por el fuego que arde en sus almas y que se llama de tantas formas distintas mueren con bravura cumplimentando así los designios que los ampararon desde siempre; allí todo es simple y en todas las voces hay sabiduría; allí lo necesario sucede y los que duermen lo hacen. Entiende, por supuesto que entiende: “La certeza es la más bella y necesaria de las mentiras”, se dice y ríe. Pero en la certeza se agazapa un mundo distinto. Posible y tan efímero. Casi al alcance de la mano. Pero entiende, por supuesto que entiende. Busca, entonces, el silencio. Busca la lluvia y el viento. El sol a veces, a veces los insectos. Están. Están y dicen. Y son, a veces, un refugio. Pero entiende, por desgracia entiende que nada de lo que puedan decir desmentirá al torbellino humanidad y sus condenas, que todo refugio es temporal y que es, en su entender, débil como nadie frente al azote de lo blando, de lo oscuro y de lo posible. “¿Es mi destino perecer a la confusión? ¿Quedar relegado al olvido?”, piensa y tiembla, sabiendo que jamás habrá una respuesta, que su destino es el que el mismo construirá, si se atreve. Tiembla aún más fuerte y se desespera, cae al piso, grita y se retuerce. Muere.
Y de su boca abierta en grito mudo, producto de un terror más grande que él, surjo. Soy ese que murió y que era débil. Soy también el terror, la confusión; la oscuridad de lo posible que me inunda a mi y a todos por igual. Erguido ya, entonces, camino por el mundo. Y ya nada podrá detenerme.
rueda por el mundo.
Huye, huye todo el tiempo.
No conoce más que las sombras que viste
y le teme a la luz más aún que a si misma.
Agazapada, entonces, entre sus propios pliegues
-ligera, si, pero tan pesada-
rueda por el mundo.
Contemplándolo, oculta, desde detrás de su velo de sombra.
Luces que rasgan
como garras en la noche.
Ruido afuera y adentro, aturdiéndome.
Noche y ruido y luces y la mirada
de un Otro indiferente
que objetiva sin quererlo, sin saberlo
la exasperadamente silenciosa fuga que huele a tinta;
negra tinta sobre un papel
no lo suficientemente blanco.
Y es la señal
de que todo está por comenzar.
¿Qué? No sé, pero por comenzar.
Un cadaver, después de todo
es algo inservible.
¿Y que hay de inservible en la gran maquinaria
aparte de ella misma?
No es más que metáfora. Umbral, acaso.
Sala de espera -no, no al infinito-.
Pero un cadaver que permanece
es un desafío. Es la muerte
que jamás ha de morir. Es la promesa de un retorno
que acaso nunca habrá de ser. Es el castigo
más violento imaginable.
(Y aun sabiendo que su no llegar habrá de destrozarme, la espero con ansias al despuntar el alba.)
Permanentemente arrojada hacia si misma
-oh, la plácida arrogancia de saberse por encima de todo lo cognoscible-
nada sabe de esos fuegos crepusculares
que crecen en su nuca como hebras (rojas hebras)
y que vestimos para resguardarnos de los fríos vientos polares
provenientes de las fisuras.
No quiere más que ser libre.
Libre para jugar con los cuerpos putrefactos
y las almas que, al golpearlas, liberan sonidos (armónicos sonidos)
y al agitarlas son el viento.
Hay quienes piensan que es astuta
y la imaginan un cabello del Arquitecto
o la uña carcomida de su pulgar izquierdo.
Yo la sé un infante.
Caprichosa y pura. Inocente.
Una vez más, soy.
Un nuevo núcleo, o el mismo
y mis partículas congregándose alrededor.
Pero si de todos los lenguajes posibles
conozco solo la palabra
¿Cómo decir mi verdad?
Soy mi propio carcelero
en una celda para la que no existe llave.
Y vos, más allá y más acá de todo esto.
Acá: inalcanzable, purpúrea. Allá: inalcanzable, real.
Qué importa.
Tengo, ya, mi refugio.
esto va para los muchachos del festival resonante que tan amablemente me invitaron a participar (http://www.resonantefestival.blogspot.com)
Me mirás: el mundo cede. La oscuridad que soy se retuerce, obediente, como la plebe. Un espasmo la recorre toda, doblegándola, en mil pedazos quebrándola. Penetrás entonces por la herida sangrante, cual exánime relámpago de luz fulgurante. Demasiado rápido como para apreciarlo, demasiado lento como para olvidarlo. Brillante, brillantísimo fulgor: vos que todo lo que tocás, asesinás; por favor, aniquilame, con violencia asesiname: negá una a una todas las posibilidades de mi alma oscura, negalas todas, hasta que solo quede una. Feliz entonces seré, y el camino así perfilado, yo recorreré, extasiado. Pero una vez la tarea he terminado a mi oscuridad yo he de regresar, pues luego de andar y de andar, empeñado, ya nada he de realizar.
No me mirás: afiebrado, he de vagar por el oscuro prado, que llamo realidad. ¡Oh, infinita libertad!
Y ni siquiera lo que te da la gana. Ponés lo que hace falta poner. Lo que sabés "está bien". Lo que tiene sentido, lo que quede bonito. Al escribir sos esclavo del lenguaje y sus caprichos. Y bien ya sea en pos de la estética o de la lógica (o de ambas) te verás obligado a deformar tu verdad hasta que sea irreconocible, incluso para vos. Te olvidás lo que querías decir. ¿Qué queda? Lo que escribiste. Entonces claro... "Oh, escribir es descubrir la Verdad". No, escribir es inventarla.
Escribir es mentir.
Enlutada, te lo ruego:
cántale al silencio.
Déjate mecer por las altas olas del mar sin rumbo;
pero con la mirada, únicamente.
Canta sobre eso: llóralo.
Alucínalo, si debes.
Pero no me confundas con tu lienzo:
no soy aire, ni lo seré;
y ya no quiero florecer.
Te lo ruego: muérete.
Muérete un poco. Muérete y canta.
Canta sobre tu muerte, enlutada.
Gustoso, entonces, habré de escucharte.
La noche arrecia, ya no como tú
en el silencio de las cosas.
Golpea mis puertas, irrumpe
mis sentidos. Se agazapa
en mí.
Las tímidas luces, el ruido debil
(artificios vanos, las prótesis del alma)
no pueden no deben no
pueden ahuyentarla.
Mi cuerpo
no osa interrumpirla.
Hace frío, yo camino.
Los pasos resuenan: adentro, afuera.
Expandiéndose,
incrustándose en lo oscuro.
en la esquina de un atardecer
dos siluetas enamoradas hacen planes.
[...]
Más allá de ellos el universo acaba.
En la ironía perdida
de todo atardecer no contemplado
olvidado
traspuesto como trasfondo
a algo más importante
existevive algo que no sabría cómo denominar;
nace y
se alimenta de la furia implícita en toda dulzura
en toda devoción hacia algo distinto de uno mismo.
Si lo miras de cerca y
en el momento justo,
cuando el fuego rebosa y las chispas saltan
frenéticas
corres el riesgo de que su fulgor
queme y deje marcado en tí la silueta precisa
de aquello que anhelarás hasta el último de tus días.
Tu alma también.
Y el dolor nos aparta de la estética.
Como el pájaro
que canta
y el grillo
que frota sus patas
así nosotros,
el bicho mayor
tan distinto, tan superior,
tan otra cosa.
Así nosotros,
-como el pájaro que canta
y el grillo que frota sus patas-
edificamos
con extremo cuidado
flores tenues
pesadas y leves,
hermosas, terribles.
Día y noche, afiebrados
destinados, emperrados.
Y todo eso
para luego desmentirlasdesterrarlas
en un instante
de un solo golpe
y sentirnos miserables
y regocijarnosrevolcarnos
sobre la maravilla hecha polvo
hecha mierda de caballo
hecha nada de nada.
ese deslizarse por entre las cosas
deliciosamente, cadenciosamente.
Una mirada que busca una mirada que busca una mirada
que busca.
¿Por qué creemos necesitar del destello
cruel, del fulgor insano
que sabemos nos condenará
irremediablemente, irremediablemente?
Qué fuerzas oscuras, qué dioses negros
han hecho de nosotros esta máquina
que reniega de si misma
que anhela o bien su malfuncionamiento,
o bien su fin.
Somos, en efecto, la partida de ajedrez de seres
eternamente aburridos.
Como muchas veces he dicho antes, de muchas formas distintas, en este blog y a casi todos los que alguna vez me han prestado un oído, lo que ha marcado maś fuertemente mi existencia (hasta el momento) ha sido mi breve (pero intensa) incursión en la Nada. Éste blog, de hecho, comienza como una de las primeras formas que habría de inventarme para luchar contra ella. Algo así como un refugio sobre el cual he edificado una serie de construcciones tanto estéticas como de sentido. Y agarraderas metafísicas, no olvidemos. Aún mi desprecio por las agarraderas metafísicas y mi aparente superación al respecto no es más que una agarradera metafísica algo rebuscada. Verán, desde aquel día en que logré elevarme a la superficie -después de un tiempo lo suficientemente largo como para olvidarme de como era allí afuera- todo lo que soy, todo lo que hago, está pensado y llevado a cabo expresamente en función del terror. El terror de la vuelta. Allí, abajo. Aún ahora, en mayor o menor medida, aún si ya no vivo con el miedo constante, aún si hago como si el peligro ya hubiera pasado, todo mi accionar está basado incosncientemente en ese perpetuo escapar. Solo que ahora no lo veo todo el tiempo, ni estoy tan pendiente de ello. ¿Por qué? Simplemente porque después de un tiempo de angustiosa inestabilidad, encontré lo que sería la forma defintiva de mantener a raya a la ominosa señorita N. Y acá es donde llego a uno de los puntos que no tengo forma de explicitarme en términos racionales, o completamente transferibles, universales. Y lo he intentado, créanme. Resulta que -y no sé decirlo de otra forma- llevo la Nada dentro de mí. Cierto día la noté allí, y decidí aceptarla. Ese fue el día en que perdí el miedo. Es decir, ya no estoy en la Nada, llevo la Nada en mí. Hay una diferencia: yo todavía tengo el control. Hay, también, una desventaja: nada nuevo u completamente original puede surgir de mí. No soy ni seré nunca el origen de algo. Pues allí desde donde deberían surgir las cosas. Allí donde debería de gestarse aquello que yo habría de aportar a este mundo, hay un vacío. La Nada en persona. Se alimenta de lo que debería de estar brindando, de todo aquello que debería de verter hacia afuera. Ése es el trato. Ése es mi castigo*.
Ahora bien, escribo. Si. Pero el punto, precisamente, es que no. Yo no escribo. No realmente. Nada de lo que "escribo" surge de mí. Simplemente no es posible. Todo lo que hago es absorber, arrancar jirones de mundo, de gente, de emociones, de ideas y arrojarlas aquí. Ahora, mi cerebro y mi corazón funcionan sin problemas, si, y es por es que los uso de filtro. Mis dos fuentes, a la hora de escribir, son lo que viene de afuera y lo que viene de afuera filtrado. Eso es todo. Nada jamás puede provenir únicamente de mí. Correción: Nada jamás puede surgir de mí. Nada.
Es por eso que yo no escribo, yo deformo. Y lo más cercano que podré llegar a la dicha de la creación es una deformación lo suficientemente convincente como para que yo mismo me la crea.
*Sobre este punto... bueno, solo digamos que me lo merezco. Arruinar la vida de una persona para siempre tiene que tener alguna consecuencia.
Es necesario confiar en el reloj y en su soberano, frío y mecánico condicionar de nuestra existencia. Él no siente, a pesar incluso de nosotros, sus engranajes. No es más que la suma de nosotros y el mundo.
Por eso la noche. Por eso el forzado regresar, largo y tortuoso. El origen, la sopa primordial candente y primitiva está allí -siempre estuvo allí- y duele. Dolerá siempre.
Aún luego del profético vendaval, aún luego de que ya nada es lo mismo todo sigue siendo lo mismo.
El frío y mis pasos.
La noche adulterada, el mundo hostil.
Los necios fantasmas que desde mundos de distancia
osan apelarme, infructuosamente.
¿Qué no saben que no pueden herir lo que no pueden tocar? ¿Qué no ven la inefable, insorteable distancia?
Oh, mis fantasmas, yo habito en un lugar que ustedes, dichosos
ni habrán de sospechar.
¿Qué encontré, pues, allí
en el corazón de lo terrible?
Nada más que la certeza
de que todo paso atrás es factible.
Tan factible como la muerte.
El vacío goloso que de mi nació está ávido de mi sangre. De mi carne, y de mi espíritu palpitante. Oh, hijo mío, jamás habré de entregarme voluntariamente.
Tu rostro enmascarado dícese refugio blando para las almas torturadas. Pero demasiado tiempo hemos convivido, engendro mío. Demasiado como para no saber.
Éste dolor es mío.
No lo rendiré así de facil.
A ti, la cercenadora.
A ti, la de las profundidades
que no han de ser dichas, vistas u oidas.
¿Dónde encontraré ahora
el nectar, jugo primordial,
causa y final de todo accionar,
de todo posible movimiento?
¿Que vírgenes y hombres hermosos
deberé sacrificar, día tras día,
para no hundirme, para no hundirme?
¿Es que no entiendes?
Yo he de hundirme y yo no he de hacerlo.
En la febril lucha, en la insensata búsqueda
entre delirios y más delirios, yo surgía, renacido.
¿Y ahora? Ahora debo extrapolar, destilar inversamente
desde éste, mi vacío interior. La Nada en mi interior.
La fábrica de muerte que cobijo, celosamente,
desde el principio de los tiempos.
Me condenas, cercenadora,
me condenas nuevamente a mi mismo.
Suave y amarga dulzura de lo no-evitable.
Oh, ustedes los afortunados que viven en el paraíso terrible
de lo predestinado
donde cada día es un apocalipsis, donde cada día es
bellísimo y horrendo,
donde cada día es como no podría ser de otra forma.
A lo mejor soy yo el imbecil que no sabe, que no puede
subyugar su cuerpo a su propia voluntad.
Desearía con toda mi alma poder quejarme y retorcerme
sobre todas las cosas de mi existencia. Pero
yo no soy uno de ustedes.
Mi cuerpo y sus pulsiones saludables
me atan a una realidad que no me satisface.
Mi cuerpo sabe que es Dios, y yo lo odio por eso.
Mi cuerpo anhela esa felicidad de revistas,
de mentiras tramadas en el aire y sobre él. Mi cuerpo
la anhela más allá de toda razón; mi cuerpo la anhela aún
cuando el resto de mí se retuerce, gozoso. Y yo lo odio por eso.
-
Pero estaré ahí, pendiente.
Y en tus momentos de debilidad te llevaré por el sendero
que tan bien conocemos, vos y yo.
Y tomaré las riendas de éste, nuestro destino.
Y antes de que lo sepas estaremos de vuelta
en la negrísima oscuridad. En la noche eterna.
Y juntos nos revolcaremos sobre el fango
y querrás correr, querrás volver y no te dejaré.
Y serás tú el que odie, y yo el que sonría.
Y quien sabe, tal vez llegue el día en que finalmente
en una fatídica noche, en una encrucijada
de esas que abundan a la vera del camino,
cada uno siga el sendero que le corresponde
tu bailando, y yo arrastŕandome.
Tu tras la luz, y yo tras la noche.
El ocaso siempre es bello. De una forma u otra, para bien o para mal, el ocaso siempre será terrible, rojo e inevitable. No se detendrá ante súplicas. Por eso es bello, porque es definitivo. Porque contemplando su terrible y rojizo fulgor puedes estar seguro de que ya nada será lo mismo, que lo que muere nunca volverá, que todo lo que es y termina es único e indescriptiblemente bello. Porque habrá cientos, miles, millones de días como éste. Pero no éste, no.
Por eso es que la mejor forma de reconocer un ocaso es la belleza a su alrededor, belleza que muchas veces pasa desapercibida ante aquellos que la ven sólo en la mitad de su espectro, cuando es luminosa y llena de colores. Pero belleza es también la furia del mar y el negro vacío del espacio. Belleza es también la violencia y la fealdad. Belleza es también la tristeza infinita de la última flor marchitándose en medio de un campo de interminable y fría nieve, del último hombre caminando por entre los escombros recubiertos de cenizas de lo que alguna vez llamó su hogar.
Como todos sabemos, todo aquello que tiene un lugar en nuestra mirada es juzgado también desde una perspectiva estética, pero es solo en el caso de la obra de arte que esta es nuestra única valoración al respecto. Lo curioso es que esto, en vez de disminuir la importancia del objeto en cuestión (como dictaría el sentido común, si es que existe tal cosa), la magnifica desproporcionadamente. ¿Por qué se da este fenómeno? Hay, al parecer una relación intrínseca entre valoraciones tales como la utilidad y la belleza, ya que se dan generalmente en magnitudes inversamente proporcionales la una a la otra. Es decir que mientras más útil sea un objeto, menos lugar tendrá cualquier valoración estética sobre éste. Ahora ¿por qué? ¿Por qué el hecho de que algo carezca de utilidad le confiere a ese algo una áura de divinidad, de grandeza? No pienso cuestionar aquí las grandes obras artísticas de la humanidad, porque sencillamente no me corresponde hacerlo, pero sí que pienso -y es, de hecho, mi objetivo- cuestionar lo limitado del concepto 'arte' y sus implicaciones. Y es que sencillamente no logro entender por qué es que se da este fenómeno. Ya desde la antigüedad, los griegos (es decir el origen mismo de toda la cultura desde la mitad del mundo para este lado) pensaban en esos términos: toda forma de trabajo útil (dentro del ámbito de lo material, por supuesto) era considerado inferior; lisa y llanamente trabajo de esclavos. Y sin embargo, era gracias a sus esclavos y su trabajo inferior que ellos podían dedicarse full-time a cultivar su mente y cuerpo... y a sentar las bases del mundo occidental, claro. Sin la infraestructura de herramientas útiles; sin la técnica y la tecnología que van desde dónde asentarnos hasta como proveernos el alimento no hay nada más para nosotros. Nada. ¿No les parece que esto es lo más importante, entonces?
Ojo, yo entiendo perfectamente que sobrevivir apenas si basta; o incluso, que para sobrevivir a largo plazo es necesario algo más que lo básico. Entiendo de belleza y de placer conceptual; conozco y he experimentado los atractivos de algunas formas de arte así como de la filosofía y otras expresiones de la "alta cultura". Pero hay algo ahí que pasa desapercibido, más bien, aplastado, por el elitismo propio del arte. Hay una cierta belleza, una cierta poesía en la funcionalidad de ciertas cosas. No para todos, de acuerdo; pero tampoco somos todos sensibles a las mismas expresiones artísticas (y eso no es, como a algunos les gustaría pensar, una falta de refinamiento intelectual). Yo escribo poesía, ¿de acuerdo?; será mala... no me interesa; yo escribo poesía, no soy un simple tecnófilo; y sin embargo, el placer estético que experimento al escribir algo que yo considero que está bueno, es perfectamente comparable al que siento al escribir una secuencia lógica de instrucciones que luego un programa se encargará de interpretar y traducir a lenguaje binario, de forma tal que una computadora pueda ejecutarlas en el orden correcto, y casi siempre con un fin útil en mente. Es decir, cuando programo. Si, acabo de decir lo que dije. Programar, para mi, es comparable a hacer poesía. No digo que todos hagamos lo mismo; entre otras cosas, yo me caracterizo por mi dualidad casi siempre contrastada, de ahí el nombre de este blog. Digo que, para mí, hay poesía en la no-poesía de la programación; en su funcionalidad y en las estrictas reglas que debe cumplir la sintaxis para satisfacer esa funcionalidad; en el lograr que una computadora interprete mi idea de lo que debería estar haciendo, y luego lo haga. Lo que digo, básicamente, es que hacer o crear con fines útiles puede ser también jodidamente bello. Nada más.
Oh, la noche arrecia como tú en el silencio de las cosas,
como el sentido
del poema que se niega, que acaso nunca fue.
Creo que es seguro asegurar que las violetas han sido
para siempre desvirgadas
que nada es lo que se supone que tendría(mos) que esperar
a estas alturas del divino partido.
De nada sirve maldecir los dados,
mucho menos dudarlos.
Si estoy, si todavía insisto terca y laboriosamente en éste nuestro delirio
con los ojos bien abiertos y la nada que se cuela (¿no eran
los ojos...?)
es porque estás allí, violentamente incrustada en la periferia
de mi mirada.
Y ya nada hay que pueda hacer al respecto.
(O, como diría María, 'cedo el espacio a los que "saben"*')
"A los intelectuales izquierdistas de occidente nos va a tomar mucho tiempo y un reajuste terminológico y psicológico comprender que, no solo el socialismo, sino el resto de las palabras que extraían su fuerza de la idea de alternativa al capitalismo, han sido despojadas de esa fuerza. [...] Y no solo vamos a tener que dejar de usar el término economía capitalista como si supiéramos como sería una economía no capitalista que funcionara, sino que vamos a tener que dejar de usar el término cultura burguesa como si supiéramos como sería una cultura no burguesa viable en una sociedad industrializada.
[...]
Como Karl Popper señaló hace cuarenta años, Platón y Marx guardan un cierto parecido. Ambos pensaban que comprendían ciertas profundas fuerzas subyacentes, fuerzas cuya dirección determinaba los destinos de las comunidades humanas. Platón afirmaba que la justicia no reinaría hasta que los reyes se conviertieran en filósofos o los filósofos fueran reyes. Decía saber esto debido a su profunda inspección del alma humana. Marx afirmaba saber que la justicia no reinaría hasta que el capitalismo fuera derrocado y la cultura desmercantilizada. Decía saber esto debido a una profunda comprensión del movimiento de la historia. Espero que hayamos llegado a un momento en el que por fin podamos deshacernos de la convicción común a Platón y Marx, a saber: la convicción de que deben existir fórmulas teóricas amplias que nos permitan averiguar cómo terminar con la injusticia, y que estas son opuestas a las fórmulas modestas y experimentales. Espero que podamos aprender a vivir sin la convicción de que existe algo profundo que nos provee del material necesario a la gran teoría políticamente util.
Gracias al marxismo el término cultura burguesa se ha convertido en una manera de referise a todo aquello que los intelectuales desprecian [...]
Pero ahora no podemos seguir siendo leninistas y debemos enfrentar algunas cuestiones que el leninismo nos ayudaba a eludir: ¿estamos más interesados en aliviar la miseria o en crear un mundo en que los intelectuales fueran los guardianes del bienestar público? ¿Qué hay tras el sentimiento de pérdida cuando nos vemos forzados a concluir que los Estados de bienestar democrático-burgues son lo mejor que podemos prever? ¿Es tristeza porque pensamos que los pobres nunca conseguirán eludir estar bajo los ricos, porque nunca podremos alcanzar la solidaridad de una comunidad coperativa? ¿O, más bien, es la tristeza de pensar que nosotros los intelectuales hemos resultado menos relevantes para el destino de la humanidad de lo que habíamos esperado? [...]
[...] Sugiero que dejemos de asumir que la función del intelectual es la crítica radical de las instituciones existentes, una crítica que trata de penetrar hasta las realidades que están bajo las apariencias. Espero que podamos dejar de usar nociones como 'mistificación' e 'ideología', nociones que sugieren que estamos en posición de ver a través de meras construcciones sociales y discernir algo que es más que una construcción social. Sería mejor decir simplemente: quizá podamos construir una sociedad mejor que la que tenemos ahora (mejor no en el sentido de adaptarnos a como son las cosas realmente, mejor en el sentido de que esa sociedad contenga menos desigualdades). Desde este punto de vista, las únicas críticas de las instituciones existentes que realmente cuentan serán reformistas más que radicales: aquellas que aconsejan instituciones concretas alternativas, alternativas que, a su vez, no presuponen la existencia de un nuevo tipo de ser humano. Pensar de esta manera significaría deshacerse de la esperanza de evitar la complicidad con las instituciones presentes e imaginar que podríamos obtener, mediante una serie de pasos concretos, de una institución presente para llegar a otra algo mejor."
[...]
Richard Rorty, "Los intelectuales y el fin del socialismo", 1998
*Las comillas son mías. No por falta de respeto a Rorty en particular sino porque decir que alguien 'sabe' me resulta una afirmación hecha a la ligera, y sumamente ingenua, por cierto. ¿Conocen acaso ustedes a alguien que 'sepa'? Ni yo, ni ud (ni Rorty) 'sabemos'. Como mucho somos diferentemente capaces de elaborar teorías y proponer conceptos en base a un gran número de cosas (la información recolectada es solo una pequeña parte). El calificativo viene a cuento solo por el hecho de que me oculto detrás de la fama (y, por tanto, validez) de lo que dice Rorty para expresar que opino lo mismo y además quedar bien en el proceso (ser original y arriesgarse conceptualmente no está de moda entre los intelectuales).
En mi conviven el impulso lúdico y la necesidad de transgresión con el ansia de sentido y cierta predisposición al dolor y al malestar existencial. A tal punto esta dicotomía terrible que es casi casi como si fuera el hijo adoptivo de un matrimonio gay entre Julio Cortázar y Roberto Arlt.
He dicho.
Estos dos que van a continuación fueron los primeros textos producidos por mi seriamente. Fueron la semilla que más tarde germinaría en todo esto. En particular considero que el primero de ellos jamás sera superado por nada que yo sea capaz de escribir, quizá no en términos de calidad literaria sino más bien en términos de pureza emocional.
Pensé que pertenecían aquí, así que decidí agregarlos.
Sin palabras
Sombra. Sombras.
En la caverna que Platón edificó y a la que nos confinó.
Sombra en el mundo de las ideas.
Idea en el mundo de las sombras.
¿Realidad o ficción?
¿Gloria o tragedia?
¿Admirable condición o despreciable ilusión?
(¡Dios! ¡que concepto más esquivo!)
¿Y qué más da? No la necesito.
Sombra, sombra...
Están el Sol, la tierra de las ideas, la luz eterna y etérea
fuente de todo bien...
de hecho, ¿por qué
no acercarme más?, que me lo impide
más que estas cadenas
facilmente rotas por mis ideas, ideas afiladas
por siglos de hombres barbudos y con voz gruesa.
Sin embargo, estos hombres barbudos (tal vez
a causa de sus grandes barbas) , no pudieron ver
lo resbaloso del camino,
menos aún, lo subjetivo.
Fallaron al notar de cómo ese camino
no es más que una figurita repetida
en la mente de algunos.
Yo lo note. Y caí.
Al vacío, cegado.
Nada.
Nada.
De pronto
algo llama mi atención:
una luz (vos).
Se agita, todo se agita.
Yo, la caverma, las sombras.... hasta Platon y sus ideas.
Nada queda, solo yo... y la luz.
La caverna, esa eterna y terrible prisión, se desvanece
como simple oscuridad...
luz, belleza... cosas, no solo sombras
se descubren ante mis ojos.
Todo irradia luz y belleza
tu luz, tu belleza.
Tu luz todo lo toca, todo hace brillar.
Al llegar a mi, descubre, la descubre, descubre la sombra.
La esquiva y miseriosa sombra.
Amor, devoción, afecto, cariño, etc.: palabras.
No alcanzan.
No son suficientes, nada lo es.
Tu: luz, principio ontológico, fundamento existencial y razón de ser de todo.
Toda la belleza del mundo no es más que un reflejo tuyo.
Obscuridad
Nada. Nada.
Una ¿gran masa? de nada se extiende.
Inerte, impasible, inamovible: Eterna: Nada.
Un diminuto puntito de existencia
se cruza, desafía.
Significación concentrada,
pequeñísima
y enorme.
De pronto, la Nada es.
Ausencia... y algo más:
perspectiva.
Todo alrededor: sutancia, energía, vida...
no importa, nada importa:
es todo lo que hay.
...Pero tambien está
lo que no-hay.
¡Oh! Alabadas sean la obscuridad
y la creación inconclusa*,
pues desde ahí, todo tiene sentido:
lo que sea que puedas imaginarte.
*En realidad estos dos versos se los robé a Ursula Le guin, del libro "La mano izquierda de la oscuridad". Bah, a su traducción.
una vez más a este destino
de angustia y falsas esperanzas. No me importa
quién se beneficie; no me importa
cuál es el plan final,
ni las maravillas que mi
dolor supuestamente engendrará.
Demasiados remiendos tiene ya
mi alma; y mi voluntad
se esconde, humillada.
Tal vez
hable en vano.
Tal vez nada pueda oponer
a la divina perversidad divina, pero
al menos esta vez no representaré
la culposa comedia escrita
en mi libreto.
Lo que soy, poco
tiene que ver con mi.
Y sin embargo
-oh oscuro designio oscuro, chiste cósmico
divinamente cruel-
soy yo el carga con su lastre.
No quiero ya saber más nada
de este mundo de títeres
conscientes.
Pienso, pienso
y pienso
pero no se me ocurre nada
más perverso que un Dios.
Al menos yo tendría la
misericordia
de reducirnos a todos a cenizas.
Y si. Así, sin más preámbulos, vuelvo a reincidir -después de tanto, tanto tiempo- en el vasto y saturado campo de la opinología política. Las heridas están ya cerradas, y los idealismos: muertos, velados y enterrados. QEPD y todo eso. Ya puedo meter mis narices nuevamente sin miedo a nada. Creo que aquí se aplicaría la más trillada y malusada de las frases célebres, habidas y por haber, pero amplificada y mejorada (por mi): "Lo que no te mata -ni te deja lisiado de por vida- te hace más fuerte en cantidades proporcionales al dolor y desilusión experimentadas. Esto es, una vez efectiva y absolutamente recuperado del suceso, y solo si tal cosa sucede alguna vez." ¿Bien, no?. Vamos a ello.
Si, ya sé que se acabó, que lo levantaron, que pronto tendremos de nuevo comida ytodolodemásquesevayalcarajo. Pero paremos un poquito; antes de olvidarlo por completo, antes de seguir como si nada para luego indignarse cuando todo nos explote en la cara, de nuevo. Antes de seguir con nuestras vidas... ¿No deberíamos al menos intentar que salga algo bueno de todo esto? ¿No estaría buenísimo si pudiéramos no tropezarnos con la misma piedra unas diez mil millones de veces más? Los invito a que reflexionemos. Prometo que no dolerá (I'll walk you trough it).
Bien, empecémos con el concepto básico que este texto intenta comunicar: la democracia apesta. ¿Por qué? Pues porque el concepto básico de la democracia se basa en (corríjanme si me equivoco) el poder de la mayoría. La mayoría al poder. La mayoría como cuerpo homogéneo y representante legítimo del pueblo en su totalidad. ¿Y a quién se le ocurrió, digo yo, que la mayoría, habiéndosele otorgado poder, va a elegir lo mejor (para todos)? La última vez que me fijé, a nadie le importaba de verdad nada más que su propio pellejo, y el de uno o dos más de sus "seres queridos". Tal vez haya un par que consideren que está bueno tomar medidas políticas que nos beneficien a todos, como país... pero precisamante, son "un par", no la mayoría.
A lo largo de toda la historia documentada de la humanidad, y por lo que se sabe con el simple hecho de mirar y escuchar lo que tenemos alrededor se puede deducir con facilidad de que dado un grupo cualesquiera de grandes cantidades de gente, reunidas sin ningún criterio asociativo lógico (sino por estupideces, como la geografía y eso), la "mayoría" (esto es, por lo menos la mitad más uno) son completos imbéciles, en lo que a razonamiento y ética (sí, y ética) se refiere. Y si a esto le añadimos el hecho de que vivimos bajo el yugo del símbolo más poderoso jamás concebido en la historia de la humanidad (el dinero), nos vemos en necesidad de agregar un elemento más a la definición de democracia, cuando esta funciona de forma subyugada al poderío monetario. Sería, entonces, el poder de la mayoría y de cualquier entidad, ya sea individuo o agrupación de individuos, que posea cierto poder adquisitivo.
¿Por qué si no sucedería algo como esto? Es decir, el gobierno tomó, en este caso particular, una decisión acertada, de eso no cabe duda. ¿Acertada según que criterios?, dirán. Acertada según el único criterio válido a la hora de hacer política: el bien común. Existe una pequeña cosilla llamada economía, la cual requiere de extrema atención para que funcione adecuadamante, si es que eso es posible. Digamos, mejor, para que funcione lo mejor posible. Cristina FdK está haciendo algo bien (de pura casualidad por supuesto, ya que el que haya sido electa por el pueblo argentino no significa nada, una vez que el pueblo esté dividido en lo referente al apoyo a sus medidas) ¿y qué es lo que sucede? Los sectores que resultan ligeramente perjudicados, en aras de la construcción de una mejor política económica, salen a despotricar, enfurecidos, casi como si les hubieran quitado el derecho a vivir. Y es que les quitaron algo mucho más importante; pero no es este el momento de continuar con el futil intento de asesinato al Dios todoperoso, señor de la humanidad, sino de intentar pensar esto un poquito mejor, a ver si podemos mejorar las cosas desde la realidad que existe, ahora. Es decir, ¿no es este, todo este quilombo digo, el mejor ejemplo que tenemos de que la democracia apesta? No por el hecho de que que los sectores más poderosos sean los que tienen más dinero, sino por el hecho de la única arma a nuestra disposición contra el poderío de los concentradores de riqueza sea la cagada esta que llamamos democracia, el gobierno de la estúpida mayoría. Gracias a eso, gracias a que haya gente que haya opinado (sea por las razones que sea, y sea donde sea que esté parado, ciertas cuestiones requieren de la mayor objetividad que sea posible; o, si les gusta más, la mayor intersubjetividad que sea posible) que el paro del campo estaba bien, es que fue posible para ellos sostenerlo tanto tiempo como lo hicieron. No hay que subestimar el poder de la opinión pública: en la democracia lo es todo. Después del dinero, claro. Y no me vengan con educación para las masas, esos son idealismos, y en la realidad no hay lugar para idealismos, vayan sabiendoló. Menos que menos en el ámbito de la política. Las masas son estúpidas, punto y aparte. Las masas no se educan, las masas se guían, como a corderitos. Sí, es duro, y es facho, pero es. Y a aceptarlo se ha dicho.
No voy a proponer aquí y ahora un método mejor, más práctico y acorde a la realidad de hacer política. Solo quiero exhortar a quienes puedan seguir mi linea de razonamiento, que le dediquen un poco más de tiempo de reflexion a este asunto, y otros similares, así puedan opinar y actuar mejor y más sensiblemente a las necesidades de la Argentina toda. Me gustaría que me demuestren que la gente capaz de pensar es considerablemente mayor en número a la gente que efectivamente lo hace, y que lo ha hecho en lo referente a este asunto en particular. Me gustaría que me demuestren que somos suficientes para generar un cambio en este país, comenzando por el simple hecho de apoyar las pocas y raras medidas adecuadas que este gobierno (y otros por venir) toman y tomarán (con algo de suerte) en el futuro.
Eso es lo más urgente, y el motivo de esta exhortación en particular, en lo referente a este asunto en particular. Y está acá, y lo digo, porque es algo que yo todavía creo factible.
De revoluciones hablaré (y hablaremos) cuando me haya convencido de que efectivamente existe un número importante de gente capaz de ser reflexiva y consciente.
Acá hay información más detallada en lo referente al conflicto, por si gustan:
El ABC del conflicto agrario
